En distintas regiones áridas de China, científicos están utilizando microorganismos, algas y bacterias para regenerar tierras degradadas, logrando resultados visibles en miles de hectáreas. Este experimento combina biotecnología, ecología y restauración ambiental, y ofrece una solución innovadora frente a uno de los mayores desafíos del planeta: la desertificación.
La desertificación afecta a más del 40 % de la superficie terrestre y amenaza la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la biodiversidad. En China, este fenómeno ha avanzado durante décadas debido a la deforestación, el sobrepastoreo y el cambio climático. Frente a esta situación, los investigadores exploran soluciones basadas en la naturaleza, que restauren el suelo sin recurrir a métodos invasivos o contaminantes.
¿En qué consiste el experimento?
El proyecto se centra en los microorganismos del suelo, especialmente algas, cianobacterias y bacterias, capaces de formar una “costra biológica” sobre la arena. Estas biocostras cumplen funciones esenciales:
- Fijan carbono y nitrógeno.
- Retienen humedad.
- Evitan la erosión por viento y agua.
- Mejoran la estructura del suelo.
Aplicados de manera controlada, estos microorganismos logran que la arena suelta se transforme en suelo vivo, capaz de sostener vegetación.
De arena estéril a tierra cultivable
Miles de hectáreas de desierto ya muestran capacidad para sostener plantas nativas, iniciando un proceso de regeneración ecológica progresiva. En algunas zonas piloto, incluso se ha logrado preparar el terreno para cultivos resistentes, algo impensado hace apenas unos años.
Una solución que coopera con la naturaleza
A diferencia de otras estrategias de ingeniería, este enfoque trabaja con los procesos naturales, activando mecanismos biológicos que la naturaleza ha utilizado durante millones de años. Además, requiere poca agua, no usa químicos agresivos y puede adaptarse a diferentes climas áridos.
Los expertos destacan que este modelo podría aplicarse en regiones afectadas por la desertificación en África, Medio Oriente y América Latina, aunque cada ecosistema necesitará microorganismos locales para evitar desequilibrios ecológicos.
La experiencia china demuestra que la restauración de tierras degradadas es posible cuando la ciencia se alinea con la ecología.


