Hermosillo, Sonora.- Otra figura reconocida en el ámbito de la comida callejera de la capital sonorense llegó a Netflix a través de una nueva producción enfocada en compartir la gastronomía que existe en México.
Se trata de Carlos Enrique Garibay alias el ‘Manos Puercas’, famoso por sus particulares ‘dogos’ acompañados por una excesiva porción de tocino e ingredientes típicos del platillo.
El vendedor de comida que tiene su puesto de Hot Dogs en el entronque hacia La Victoria en Hermosillo, Sonora, forma parte del segundo capítulo del documental “Santas Garnachas”.

En este episodio, el ‘Manos Puercas’ comparte el éxito de sus ‘dogos’ que, a diferencia de los puestos tradicionales, Carlos Enrique solo abre por las mañanas, lo que le brinda largas filas de personas que buscan un desayuno rápido, barato y delicioso.
Y aunque de primera vista los métodos para cocinar sus ingredientes pueden parecer fuera de lo normal, pues utiliza la propia grasa del tocino para cocinar las salchichas, la realidad es que este es su sello distintivo que le brinda tanta fama entre la comunidad local.

Durante el episodio ‘Manos Puercas’ cuenta un poco de cómo inicio su negocio, el cual, se consolidado como uno de los máximos referentes en el platillo del ‘dogo’ tradicional sonorense.
El vendedor comenta que hace 17 años, tras verse en una situación económica complicada, entre él y su esposa decidieron obtener un préstamo de 10 mil pesos, mismos que utilizaron para la compra de la carreta e ingredientes.

Sin embargo, confesó que él no buscaba dedicarse a ser ‘doguero’, pero que por insistencia de su esposa accedió. Mencionó que los primeros meses de venta fueron complicados debido a que solo vendía de entre 3 a 4 ‘dogos’ al día.
“Yo no quería entrarle a esto, pero pues tienes que trabajar me dijo; sacamos en ese entonces 10 mil pesos y se fue dando; fue muy duro porque empecé vendiendo 4 hot dogs y así durante 4 meses, pero me aferré como decimos acá y me puse en el día y aquí estamos”, dijo.
El nombre del ‘Manos Puercas’, explicó, surgió porque en una ocasión un cliente llegó con su hija pequeña, misma que le negaba a su padre comer un ‘dogo’ porque “el señor que hacía los hot dogs tenía las manos puercas” y a partir de ahí se le quedó ese apodo que le ha brindado tanta popularidad entre los hermosillenses.
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Por último, Carlos Enrique expresó que el secreto de sus ‘dogos’ no es el tocino, el hot dog ni el sabor, sino con la humildad con la que los prepara lo que atrapa a cada persona que prueba por primera vez este platillo.