El Golfo de California es conocido internacionalmente como el acuario del mundo. Es el único mar que pertenece a un sólo país y es 100% mexicano. En el Golfo de California, existen más de 5 mil 900 especies diferentes, de las cuales 383 son endémicas.
En 2005 fue declarado Patrimonio Mundial Natural por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, las Ciencias y la Educación (UNESCO). Por su riqueza natural y biodiversidad, este mar alberga el 40% de las áreas naturales protegidas del país, algunas de ellas consideradas como Reservas de Biósfera. Para dar el contexto, la categoría de Reserva de Biósfera fue creada por la UNESCO en 1974, como una alternativa para gestionar una apropiada convivencia entre los seres humanos y la naturaleza, que permita la conservación de importantes ecosistemas del planeta. Son espacios del planeta reconocidos internacionalmente, que mantienen la soberanía de su respectivo país, seleccionados por el interés científico tanto en lo ecológico, biológico como cultural, y donde los pobladores de esos territorios desarrollan actividades socioeconómicas, humanas, y de conservación, procurando la sostenibilidad.
En lo económico, la producción pesquera y acuícola del Golfo de California es de las principales del país. La SADER reportó en el 2021 la región noroeste del país, Baja California, Baja California Sur, Nayarit, Sinaloa y Sonora, la producción acuícola y pesquera se ubicó como la principal a nivel nacional, con un millón 633 mil 081 toneladas, representa el 82.4 por ciento del total nacional y un valor de 34 mil 541 millones de pesos (73.1 por ciento del total nacional). En 2021, Sonora se ubicó como la entidad líder en producción de sardina; Sinaloa encabezó la captura de atún; Baja California quedó como el segundo mejor productor de sardina y cuarto de atún; Baja California Sur fue el tercer estado productor de sardina y Nayarit destacó como tercer mejor productor de camarón.
Dato importante, el consumo per cápita de pescados y mariscos en México pasó de 8.9 a 13.9 Kg en los últimos 8 años. Es decir, la producción acuícola del Golfo de California, además de tener un peso económico de gran importancia, es un eslabón clave en la seguridad alimentaria de nuestro país.
En lo social, el Golfo de California alberga a la población de pescadores de México más numerosa y productiva del país. Por décadas, las comunidades pesqueras, en ocasiones en colaboración con organizaciones de la sociedad civil, han realizado acciones importantes para revertir el daño al ecosistema marino que actividades pesqueras y acuícolas inadecuadas, y la sobreexplotación pesquera ha generado en el Golfo de California. Tanto comunidades como industria han vivido los efectos de la afectación al ecosistema marino.
Por lo tanto, cuando se planeen acciones en el Golfo de California que atenten el equilibrio del ecosistema marino, además de afectar la biodiversidad del ecosistema marino, se atenta directamente con el desarrollo económico de la región, con la industria pesquera y acuícola, con la seguridad social de las comunidades pesqueras, con la justicia social y con la seguridad alimentaria. Esto lo menciono, porque en los últimos meses se ha venido hablando de la opción de desalinización de agua en el Golfo de California. Adicional a la posible planta de desalinización para Hermosillo, y más recientemente el Plan Arizona, y ante esta visión sesgada y carente de validación, otros proyectos de desalinización empiezan a perfilarse a lo largo del Golfo de California con el consecuente impacto en la vida que habita en nuestro océano, y a su vez afectación directa a la industria pesquera y acuícola de la región.
La desalinización no es una opción sustentable; no mientras que se afecte al medio marino sustento de vida para generaciones presentes y futuras; no mientras afecte comunidades que desarrollan actividades socioeconómicas y de conservación; y no mientras que afecte actividades económicas pesqueras que afecta la economía de la región y pone en riesgo la seguridad alimentaria del país.
Por supuesto que tenemos que prever a mediano y largo plazo, y debemos de buscar soluciones alternativas que nos aseguren progresivamente el abasto de aquí a 30-50 y mas años, y perfilar una ciudad de vanguardia y sustentable. Pero antes de voltear a ver la desalinización en Sonora como una respuesta mágica a la sobreexplotación de otras fuentes de agua, debemos atender las pérdidas de un litro por cada dos que se suministran a la ciudad y la ineficiencia del uso de agua en el sector agrícola. Autoridades y sociedad deben saber que hoy más que nunca hay soluciones viables, económicamente factibles y ambiental y socialmente benéficas que se pueden implementar. Entre las acciones que si nos permitirían asegurar el suministro de agua, se encuentra la rehabilitación de cuencas para fortalecer la recarga de acuíferos, mejorar la captación de agua, mejorar eficiencia en el uso agrícola, implementar prácticas de agricultura regenerativa, mejorar la eficiencia urbana a través del control y pago, utilización de agua de lluvia, tratamiento de aguas negras para uso industrial y agrícola, entre otras. Medidas todas ellas que, además de ahorrar o aportar agua, ofrecen beneficios sociales y ambientales adicionales de gran valor.
Karina Lopez Ivich se encuentra actualmente realizando un PhD en Sustentabilidad Ambiental en la Universidad de Ottawa. De profesión, Ingeniera Bioquímica en Recursos Acuáticos del ITESM Campus Guaymas. Cuenta con dos maestrías, una Maestría en Ingeniería Ambiental en la Universidad de Ottawa, y posteriormente, una Maestría en Economía en Políticas Públicas, en recursos ambientales, en el ITESM campus Monterrey. Cuenta con más de 30 años trabajando, en los que ha colaborado con programa de índole internacional, como el programa de la Universidad de las Naciones Unidas, para Agua, Medio Ambiente y Salud, y con diferentes empresas canadienses y Europeas aportando soluciones a problemáticas ambientales, con una visión integral, integrando aspectos económicos y sociales. Es coordinadora del Grupo de La Sauceda en HCV.


