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jueves, mayo 26, 2022

La verdad en la salud y el covid-19

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Ni quien lo dude, hablar de la verdad y de la salud son temas difíciles, por lo que empiezo por preguntarme: ¿será la verdad un callejón sin salida? Tal vez mi respuesta va a parecer una herejía para sus ojos: La verdad en sí, no existe y menos la verdad absoluta. Lo que sí existe de ¡verdad! son las cosas reales que están frente a mí y que me impactan, me impresionan. Usted quien me lee, me podrá refutar diciendo que eso es una percepción. Ciertamente lo es, respondo, pero es una percepción, de una cosa real que está ahí frente a mí, y me deja un conocimiento primario de verdad que me exige y me lanza ir en búsqueda de las razones profundas, para tratar de entender y comprender, con más verdad, lo está ocurriendo ante mí. La verdad es búsqueda.

 Va otra herejía: Salud es tener Bienestar para no tener la necesidad de recurrir al médico. La otra salud, esa, le apuesta a que estemos enfermos para curarnos. ¡Uf!

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Hoy cuando nos dirigíamos al Parque Metropolitano para hacer nuestros ejercicios matinales me llamó la atención ver a una persona quien iba en su carro con los vidrios cerrados y con la mascarilla puesta. Se estacionó junto a nosotros, enseguida descendió de su auto y con sus orificios respiratorios tapados realizó su rutina matutina.

Esta percepción de verdad es la que me empujó a escribir lo que ahora usted lee.

Verdad es que: todo cambia en un continuo fluir en donde lo que hoy es, no lo será mañana, entonces, lo que nos está pasando en este marzo de 2022, no es igual a los sucesos que hubo a finales del año 2019. En estos 28 meses, en verdad, ha pasado de todo.

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En China, un día de diciembre de 2019 el médico oftalmólogo, Li Wenliang, alertó a sus colegas sobre una enfermedad respiratoria, probablemente viral, que estaba afectando a las personas de su ciudad. Era un brote epidémico pero las autoridades para poder silenciar la verdad de aquella percepción lo hicieron firmar una declaración en donde decía que su alerta era un rumor infundado e ilegal y si continuaba sería llevado ante la justicia por difundir comentarios falsos que perturbaban el orden social. Los wuhanenses se estaban muriendo de neumonía.

Unas cuatro semanas después, los investigadores, impresionados ante el virus, encontraron en este las razones que los hizo afirmar con razón: Estamos ante un nuevo mutante de coronavirus con un alto grado de letalidad. La madrugada del 6 al 7 de febrero, Li Wenliang moría víctima del covid 19.

Tal vez, por esconder aquella percepción de verdad del Dr. Li, el brote se extendió. La enfermedad pronto se planetizó y en el mundo apareció el caos. Qué hacer ante este acosador letal. Las noticias de los muertos en las calles, de los camiones militares en Bérgamo, Italia cargados de ataúdes, la conversión de hospitales, los triages con su amenaza para los viejos, el desabasto, las difericiones de tratamientos médicos de males no urgentes y los otros también. Las personas afectadas por covid-19 se agravan en un aislamiento de soledad y desolación, que dejan un duelo vacío, lleno de dudas, rabia e impotencia. Ahí estaban las medidas sanitarias de contención, con sus respectivos cierres de mercados de toda índole. Lo psíquico del miedo se hace físico. Esto es verdad.

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¡Ah, el tratamiento! En aquellas primeras autopsias encuentran como causa de muerte una grave falla multiorgánica. Permítame expresar mi opinión sobre el posible proceso fisiopatológico del irse muriendo de aquellos fallecidos: El virus entra por las vías respiratorias, ¿existe una viremia?, los pulmones se inflaman, la sangre no se oxigena, y sin oxígeno los órganos se deterioran, las células que recubren el interior de los vasos sanguíneos de todos los calibres sufren, siendo más aparente en los que tienen el grosor de un cabello o menor, los cuales por su delgadez podrían romperse, la sangre se escapa, como cuando se pincha un dedo, ahí se despierta el mecanismo de coagulación formando un coagulo como tapón para inhibir aquel ¿micro? sangrado; la hipoxia generalizada altera la organización de los sistemas de defensa del organismo, la trombosis se generaliza… Las autopsias lo evidencian, esto es verdad, ahí están los tejidos muertos que lo testifican.

¡Ay, el tratamiento! El contagio en las personas tiene un abanico de manifestaciones que van desde las y los positivos al covid-19 asintomáticos, o quienes presentan un leve dolor de garganta, o una amigdalitis, o un resfriado leve, afortunadamente este grupo representa a la mayoría de los covidosos, pero si de antemano, en nuestro envejecer uno va adquiriendo factores de riesgo por la vida que entre pandemias llevamos como la obesidad con su diabetes y sus consecuencias corporales generalizadas, impactando éstas en los sistemas de defensa de nuestro cuerpo. Entonces, el virus entra sin oposición, como los rusos en Ucrania y la devastación se manifiesta.

¡Ay, el tratamiento! La pandemia por definición es un fenómeno público, por lo tanto, politizable de ahí su publicidad. ¿En dónde está la verdad entre tanta infodemia entre vacunas, el dióxido de cloro, los antiparasitarios, la cloroquina, el zinc, el ajo, o lo que Dios quiera?

¡Ay el tratamiento! Los virus fueron unas de las primeras materias vivas que aparecieron sobre la tierra hace billones de años. Vaya usted a saber cuándo, aquellas moléculas primordiales adquirieron su ácido nucleico RNA, y desde entonces, estos saltimbanquis han venido invadiendo a todo ser vivo que fue apareciendo a su alcance, entonces, cuando el homo sapiens surgió hará unos 300 mil años, obvio, también, lo “parasitaron” para cohabitar en los ADN de sus células, desde donde sale su violenta descendencia con la capacidad de mutar como su gran poder de sobrevivencia: el covid-19 y su estirpe llegaron para quedarse. Esto es verdad.

Verdad es: En la actualidad no existe algún medicamento antibiótico específico que sirva para aniquilar a estos invasores, el remdesivir, el molnupiravir, el favipiravir, son los que más se acercan.

Aquí regreso a aquellas primeras autopsias de hace dos años, las de las trombosis múltiples y como si todos los positivos a covid-19 estuvieran graves, el tratamiento se estandarizó y la medicina a nivel mundial, en un tentaleo aséptico por teléfono empezó a prescribir un recetario, como cartabón, cargado con betametasona, ivermectina, cloroquina, claritromicina, ibuprofeno, acetaminofén,  dexametasona, etc.

Además, como la pandemia es un asunto de salud (más bien, de enfermedad) pública, aquí están los líderes políticos internacionales, nacionales y locales con sus expertos, metidos en una política de descalificaciones mutuas, en donde con una absolutez, lo que es para unos, para los otros no es. Este, <es y no es>, repetido machaconamente en distintas horas por más de 740 días, podría venir afectando la totalidad de nuestras personas, en lo psico  orgánico y en lo social, configurando nuestras figuras con una habitud que muestra, tal vez, una mentalidad esquizofrénica.

Recapitulando, como decía mi admirado Maestro Aureliano Corral, “Corralitos”: Los virus llegaron para quedarse. La gran mayoría de la población positiva a covid-19 presenta un padecimiento leve y/o, es asintomática, los cuales solo necesitan cuidados generales o algún antigripal. No existe en la actualidad un tratamiento curativo para esta enfermedad. Las personas con algún deterioro en su salud tienen riesgo de padecer la enfermedad de acuerdo con su mermada salud en la que se encuentren. Las personas asintomáticas o con un leve padecer, han venido sufriendo una agresión terapéutica ya que todo medicamento tiene riesgos colaterales. En verdad, esto ha venido siendo un gran negocio para las farmacéuticas, para la medicina y para los laboratorios. ¿Cuántas pruebas nasales se ha hecho usted en estos últimos 28 meses?

Lo anterior, mucho tiene que ver con el paradigma de salud que nos guía, cuando nos hace creer que con más medicinas, más médicos y la inauguración de más hospitales vamos a tener salud: falso. Por esta falsedad, las farmacias compiten con las tiendas de conveniencia por las esquinas de nuestras localidades. Le estamos apostando a la curación como sinónimo de salud.

Sobre las vacunas, es cosa de mirar hacia la historia de la viruela cuando, 2000 años antes de Cristo los egipcios ya padecían el acoso de este virus y gracias a Edward Yenner (1749-1823), hoy en día, este microbio ha desaparecido. Ciertamente, la vacunación no evita el contagio, pero sí protege de padecer la enfermedad y/o que ésta sea leve. Otra verdad: si de ante mano la persona tiene deteriorado su sistema inmunológico, la vacunación no surte el efecto protector deseado.

¡Vacúnese! Afortunadamente, la mayoría de la nación ya lo ha hecho. La epidemia pasará cuando todos estemos vacunados, o cuando todos hayamos superado la invasión del virus. Mientras, a evitar el contagio con las medidas sanitarias que usted conoce.

Y como nada es igual que ayer, me pregunto hoy: si la persona que hacía ejercicio en un espacio abierto, arbolado, oxigenado, con personas distantes y con sus orificios oxigenantes semi tapados, ¿sería una víctima de una esquizofrenia colectiva? No lo sé.

Lo que sí le puedo decir es: La verdad es una búsqueda inconcusa que deja más verdad, por lo que de verdad le expreso: La mejor defensa en contra de cualquier enfermedad es tener salud. Por ello, debemos aprender a promover su búsqueda, para construir un vivir saludable y juntos, aprender a conservarla. 

La realidad nos urge a construir una normalidad que le apueste a la Salud.

José Rentería Torres.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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