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lunes, enero 12, 2026

Abigael o los derechos de autor

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Abigael Bohórquez debe de estar muerto de risa viendo la polémica que se desató en Twitter gracias a que sus textos, de una u otra forma y como lo hicieron durante muchísimos años, llegaron a manos de nuevos lectores. Después de casi 15 años de leer y generar trabajo crítico sobre su obra, jamás me hubiera imaginado que el renacer de su poesía pudiera suceder gracias a una polémica como esta.

Todo comenzó con la publicación de una versión escaneada de Poesía reunida e inédita del poeta caborquense por parte de la cuenta de Twitter @la_pirateca, que se encarga de digitalizar y difundir libros especialmente difíciles de conseguir o que ya no existen ejemplares disponibles. La difusión de la obra, que fue financiada por el dinero de los contribuyentes del estado a través del Instituto Sonorense de Cultura, y también gracias a la labor crítica y de compilación del Dr. Gerardo Bustamante, cobra relevancia por sufrir de las mismas carencias que muchas de las obras literarias publicadas por las instituciones culturales a lo largo y ancho del país: una nula distribución.

A pesar de haber sido publicada en 2016, el libro totémico que acumula la poesía del poeta más importante del norte de México es aún hoy casi inconseguible. Más allá de ir a las oficinas del ISC, o incluso más penosamente, a la Biblioteca Central en Hermosillo, no hay muchas maneras de hacerse de un ejemplar. Esto era cierto en 2016 y es cierto hoy, a pesar de iniciativas como la Librería Pequebú, que dirige Hermes Ceniceros y que distribuye de forma limitada en el territorio nacional a través de Mercado Libre.

La polémica en sí misma no está en la pobre distribución de un libro fundamental para las letras sonorenses, sino en el fenómeno por demás interesante que ha sucedido con quienes se han dedicado a difundir y editar la obra de Bohórquez. Precisamente por tratarse de una especie de poeta de culto, que estuvo fuera de circulación oficial por casi dos décadas, existe mucha celosía por parte de académicos y editores que se jactan de su descubrimiento o se apropian de su subrepticia fama.

Además de poder criticar la decisión de Bustamante por editar la obra en el ISC en lugar de haberlo hecho por ejemplo con el Fondo de Cultura Económica y ponerlo, aunque sea, en la inmensa mayoría de las librerías del país, es importante señalar la miopía de querer controlar su distribución extraoficial. Ante la publicación en Twitter y en la plataforma de La pirateca, no me sorprendió ver mensajes ya harto conocidos que se dirigían a los directores de la cuenta y el proyecto en sí: amenazas por parte de editores y dueños de los derechos para proceder legalmente contra el inmoral e infame acto de poner a disposición de los lectores la obra aún poco conocida de Bohórquez (nótese la ironía).

Desde la publicación de la obra, los representantes de los dueños de los derechos de la obra de Abigael se han dado a la tarea de amenazar a todo aquel que se atreva a incurrir en esta falta, esto a pesar de que la obra, de nuevo, es casi inconseguible. Como mausoleo a la propiedad intelectual no correspondida, el libro en bodega vale más que el libro en las pantallas de los (poquísimos) lectores de poesía en México. Y esto como si la poesía dejara algo de dinero o pudiera ponerles un cheque sobre la mesa a quienes ostentan la propiedad de las palabras que son de todos.

Lo que quiero decir hoy es lo siguiente, para acabar pronto: la tragedia más grande que le ha pasado a la obra de Bohórquez después de su muerte es convertirse en una especie de culto a la personalidad de sus críticos y editores. Al final sus esfuerzos son inútiles y bastante inexplicables también. Pero eso sí, le han dado de qué hablar a Abigael que, en sus palabras “Abigael Bohórquez/ tiene que vivir./ A como dé lugar”. Gracias a la polémica por hacerlo llegar a tantos nuevos lectores.

Dr. Bruno Ríos

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