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lunes, julio 13, 2026

Neoliberalismo y corrupción en la narrativa de AMLO

Nicolás Pineda
Investigador en Políticas Públicas.

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Columna Y sin embargo
Una de las herramientas más poderosas del Presidente A. M. López Obrador (AMLO) es la comunicación. Y dentro de la comunicación, uno de sus mayores logros está en imponer una nueva narrativa sobre cuál es el problema y cuál es el marco histórico de los asuntos que se abordan. Es un maestro en lo que los comunicólogos llaman el encuadre.
Esta habilidad, que en inglés llaman framing y que explica muy bien el libro de George Lackoff titulado No pienses en un elefante, consiste en enmarcar palabras clave dentro de nuevos límites temporales, espaciales o políticos y en darles un nuevo contenido o significado.
El problema es que, con frecuencia, dichos encuadres simplifican demasiado la realidad. Analicemos los casos de dos términos centrales: el Neoliberalismo y la corrupción.
Neoliberalismo, del redimensionamiento del Estado al saqueo sistemático
AMLO es muy reiterativo de que los problemas de México se originaron en lo que él llama “el período neoliberal” y que éste comenzó en 1982, es decir con el gobierno de Miguel de la Madrid. A partir de entonces comenzaron el saqueo y la corrupción en detrimento del pueblo de México.
Llama poderosamente la atención de que en general es omiso y nunca se refiere ni evalúa el período anterior, es decir las presidencias de Echeverría y de López Portillo. Implícitamente da a entender que entonces las cosas estaban bien; o al menos que no estaban tan mal como en el período neoliberal.
Sin embargo, los que vivimos y nos acordamos de los gobiernos de Echeverría y López Portillo sabemos que ésos no fueron, para nada, años felices. Al contrario fueron años de excesos y excentricidades, plagados de carestía, crisis financieras y políticas, propiciadas por el Presidencialismo y el Estatismo.
De hecho, la crisis y obesidad del Estado fue tal que la medicina fue una dieta y el redimensionamiento del Estado con la consecuente ampliación del sistema de mercado. Fue entonces cuando se vendieron paraestatales y se comenzaron a crear entidades autónomas como la del Banco de México para que el presidente no metiera mano en la emisión de moneda. Con ello, más o menos se logró componer la inflación y devaluaciones sexenales que vivíamos.
Ahora, tres décadas después AMLO equipara al neoliberalismo con el saqueo y la corrupción. Eso implica darle totalmente un nuevo significado y contenido al que tuvo en su momento cuando se le impulsó. ¿Quedrá AMLO volver al Estatismo de Echeverría y López Portillo?
La solución a la corrupción soy yo
Uno de los más grandes atractivos de AMLO es su honestidad personal y sincero deseo de combatir y erradicar la corrupción. Su narrativa y descripción de cómo se saquearon los recursos públicos es muy convincente y ojalá logre el propósito de cambiar la mentalidad de la clase política sobre cómo se puede ejercer el poder sin corrupción.
Sin embargo, simplifica demasiado cuando identifica a la corrupción con los conservadores y con el neoliberalismo. Ni todos los conservadores neoliberales son corruptos; ni todos los que no lo son (ya sean de su gobierno, de su partido o simples seguidores), son honestos.
En cambio, es un error estratégico grave hacer recaer todo el combate a la corrupción en el criterio y honestidad personal del presidente. Más bien, el combate a la corrupción debería recaer en la división de poderes, el establecimiento de contrapesos y las instituciones autónomas que, según parece, él busca debilitar o eliminar.
La solución a la discrecionalidad y la corrupción de los gobiernos de Echeverría y López Portillo se dio por medio del pluralismo político, la alternancia en el gobierno y la creación de instituciones autónomas, como el Banco de México, el IFE-INE, entre otras. Estas instituciones, aunque no son perfectas, están en el camino o estrategia correcta. La solución no es debilitarlas, sino fortalecerlas y hacerlas más efectivas en el cumplimiento de sus objetivos.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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