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Tato NK: De las canchas de la Nacameri y el rap en Hermosillo a Embajador de la Paz en el mundo

María Montijo

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Omar “El Tato” Balderrama Figueroa creció en la capital hermosillense, pero en una cancha de basquetbol de la colonia Nacameri, alrededor de un ambiente lleno de drogas, se inspiró a ser activista para ayudar a personas con problemas de adicción.

Dentro del seno de su familia hubo consumo de drogas, una experiencia que lo marcó para siempre, pues fue testigo de cómo se desintegró debido a estas adicciones.

Sus padres se divorciaron cuando apenas era un niño, por lo que “Tato” se refugió en los juegos de basquetbol y futbol de su barrio, en los patines que echaba a andar por la calle Río Grande de la colonia Nacameri y en la música rap.

“Cuando mis padres se divorciaron yo me quedé a vivir con mi papá, toda mi niñez la viví aquí en este barrio. Allá está la cancha, que prácticamente era como mi segunda casa y por esta calle, la Río Grande, yo aprendí a andar en bicicleta y en patines, aquí fueron mis primeros inicios de todo”, contó Omar.

Pedro Balderrama González, papá de “Tato”, lo describe como un niño muy activo desde que tiene uso de razón, y quien desde siempre fue muy deportista y sociable.

“En esta colonia se desarrolló él. Era un muchachito muy activo por no decir hiperactivo, así que sus amiguitos estaban en esta calle, en la otra calle, había mucho chiquitín en esa época y jugaban mucho. Yo lo veo como un niño, salvo que tenía padres separados, pero se le trató ofrecer lo más normal que se pudiera de su vida social”, expresó.

Al paso del tiempo, Omar poco a poco fue conociendo su vocación: ayudar a personas necesitadas, una labor que ha desempeñado por más de 15 años, pues siempre ha estado inmerso en el trabajo social.

Este gusto por apoyar al prójimo lo hizo visitar a reos en las cárceles de Hermosillo, además de albergues y también el Centro de Integración para Drogadictos y Alcohólicos A,C (CIDA), lugares a los que llevaba la palabra de Dios.

El “Tato” también fue voluntario de Movimiento Ras por los niños con cáncer y pronto comenzó a cosechar éxitos gracias a su desinteresado amor por el altruismo, ya que recibió en dos ocasiones el Premio Estatal de la Juventud (2012 y 2013) el Premio Municipal de la Juventud (2011) y el Premio de la Filantropía (2014 y 2019).

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Inspirado por realizar este trabajo humanitario durante gran parte de su vida, Omar fundó el centro comunitario “Amor y Convicción”, en el cual se brinda asesoría computacional a adolescentes vulnerables como una forma de prevenir adicciones.

Este centro está situado en la calle Francisco Javier Mina no. 248, de la colonia Piedra Bola, fue inaugurado en febrero de 2018, ahí también se dan clases gratuitas de futbol, karate, dibujo y autoayuda a estos jóvenes.

En febrero de 2020 todo el esfuerzo de “Tato” rindió frutos, pues fue designado representante en México de la Organización Mundial por la Paz en Sonora, debido al gran altruismo desempeñado a lo largo de su vida, un logro que lo mantiene alegre pero también alerta, ante tanta responsabilidad que implica este cargo.

“Para mi la neta no tengo un sentimiento de muy alegre, sino más bien siento mucha responsabilidad sinceramente porque uno transita en muchos lugares donde de repente puede cometer muchos errores y la raza hoy en día no te perdona nada, entonces muchas veces me pongo a pensar y qué buena onda que Sonora tiene un representante de la Organización Mundial por la Paz

qué bien está eso, qué suave que este organismo internacional tenga una oficina en nuestro estado, qué macizo poder representar a Sonora y desde la Nacameri salió un representante mundial por la paz, qué buena onda demostrarse a muchos morros que sí se puede lograr y poner tus orígenes en lo alto y en el mapa, eso está muy padre”, abundó.

Al ser Embajador de la Paz en Sonora, Omar contará con el apoyo de la Organización Mundial por la Paz para desarrollar sus proyectos humanitarios con distintos protocolos, y así llevarlos a cabo.

Pero algunas de estas nobles experiencias que le han llenado el corazón, vienen acompañadas del apoyo de su esposa Selene Velez, una educadora que es el soporte de Omar para realizar el trabajo en el centro comunitario “Amor y Convicción”.

“Cuando empecé a conocer más a Tato, me di cuenta que teníamos muchas cosas en común, su familia tuvo problemas con adicciones y también la mía. Mi papá falleció hace seis años de cirrosis hepática por consumo excesivo de alcohol, entonces muchas de nuestras cosas, nuestras vivencias, nos entendíamos perfectamente porque habíamos vivido eso”, contó Selene.

El “Tato”, de 33 años, es alguien que ama componer música rap, pues lo ve como un mecanismo de terapia, además de un refugio para sus recuerdos de la niñez.

También es un fiel creyente de Dios bajo la religión cristiana que profesa. El está preparado para ser Embajador de la Paz en Sonora y también para realizar cualquier reto que se proponga.

“Creo que Dios nos ha preparado para esto y aunque no seamos los únicos que hacemos este trabajo, ha Dios le ha placido darnos este honor, porque la verdad es un honor que te den una credencial, una camiseta donde viene la bandera de México, la verdad se siente a todo dar”, finalizó Omar.

COMENTARIOS

1 Comentario

  • María Ysabel Rascón Murrieta dice:

    Hermoso matrimonio esforzados y valientes. No están solos! Dios es con ustedes. Mis hijos y yo los amamos, los admiramos y los bendecimos!

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