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Jimmy, Leonardo y Emilia, historias de bebés sonorenses que nacieron en cuarentena

Paty Godoy Bernal

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Jimmy Aaron se asomó al mundo por primera vez a las 10:30 de la mañana del pasado 22 de marzo. Pesó 3.720 kg. Cuando su mamá, Abigail Estrada, lo vio por primera vez pensó que había dado a luz al bebé más bonito del mundo. Le acarició los cachetitos, que aún estaban rojos y tibos, y se lo puso sobre su pecho. Así se quedó dos horas, como hipnotizada, sintiendo el corazoncito de su bebé latir al mismo compás que el suyo. “Se sintió bien bonito tocarlo después de tanto tiempo”, recuerda con una sonrisa.

Esta madre primeriza de 21 años, jamás imaginó que el momento en que su bebé llegaría al mundo sería así: con una pandemia de nombre COVID-19 que tiene paralizado medio planeta y atemorizada a su población.

“Una se imagina que vas a tener a tu bebé y que tu familia y amigos lo van a conocer, pero no piensas que vas a estar con el miedo de que pueda enfermar, no te imaginas ese escenario”, explica desde el otro lado de la pantalla.

Abigail me cuenta su experiencia a través de videoconferencia, una herramienta que se ha convertido en el signo de estos tiempos; me presenta a su bebé de apenas 12 días de nacido que duerme plácidamente y al que de broma llama “el niño pandemia”.

Abigail Estrada y Jimmy Marcial sostienen a su bebé, Jimmy Aaron, de 12 días de nacido.

Como Jimmy Aaron, miles de niños y niñas en todo el mundo han nacido durante estas semanas de miedo, distanciamiento social y cuarentena. La vida abriéndose paso. No hay –de momento– virus ni pandemia que pueda contra eso. De seguro, estas criaturas siempre escucharán hablar de esos días raros en los que vinieron al mundo y sus mamás y papás no olvidarán las situaciones tan alucinantes como paradójicas que tuvieron que vivir.

Abigail tuvo que sortear varios obstáculos para poder dar a luz. Primero, la amenaza de una preeclampsia y unos continuos ataques de asma la hicieron acudir al Hospital General Zona 14 del IMSS 10 días antes de la fecha programada (el 30 de marzo). Estuvieron a punto de inducirle el parto, pero la llegada de una mujer embarazada infectada de COVID-19 obligó a desalojar el área de maternidad. “Me dijeron: ‘ni modo, vuelve después, ya que empieces el parto tu sola’. Mi familia se preocupó y tomamos la decisión de tenerlo en un hospital privado”.

 

 

Finalmente, Abigail Estrada tuvo a su bebé en la clínica San Benito de Hermosillo, pero Jimmy, su pareja, no alcanzó a llegar al parto. Es trabajador de una mina en Cananea y por aquellos días no se les permitió viajar por temor al contagio. Conoció a su hijo cuatro días después de nacido. Al bebé aún no lo han visto en persona la familia de Abigail, ni sus amigos.

“Cuando salí del hospital nos dijeron que teníamos que estar en cuarentena”, dice Abigail y confiesa que solo pensar en la cita con el pediatra dentro de unas semanas entra en pánico.

 

El día de los Ricardos

En el calendario familiar de Jazmín Rivera y de su esposo Ricardo, el 3 de abril es un día muy especial: “Es día de los Ricardos, era cumpleaños de mi suegro (que ya falleció) y aniversario de bodas de mis suegros”, explica Jazmín vía telefónica. Por esa razón decidieron programar el nacimiento de su segundo hijo, Leonardo, en esa fecha. También planearon que Ricardo estaría presente en el parto.

Pero no hay previsión que el coronavirus no pueda derribar. Unos días antes de la cesárea, el médico de Jazmín desaconsejó la presencia del papá en la sala de partos. Ricardo trabaja en Puebla, ciudad en la que el virus está más presente, y eso significaba un riesgo. “No fue posible que nadie me acompañara en el quirófano por las medidas estrictas del hospital”, lamenta la madre de 35 años.

Leonardo nació por cesárea a las 8.32 de la mañana y pesó 3 kilos. En el hospital San José de Hermosillo no hubo el ajetreo festivo de familia y amigos de su primer parto de hace años. “Noté que el hospital estaba casi vacío, solo había personal médico”, explica. En esta ocasión, solo una de sus tías la puedo acompañar y fue indispensable que siempre llevara puesto cubrebocas y que usara constantemente gel antibacterial. Una vez que nació el bebé, “nada de cargarlo mucho ni darle ningún beso”, enfatiza.

Jazmín Rivera sostiene a su bebé recién nacido, Leonardo, momentos después del parto.

Cuando la dieron de alta, Jazmín, ya con Leonardo en brazos, volvió a su casa. Las visitas quedaron prohibidas. Ha pasado ya una semana y el recién nacido no ha podido ser presentado en sociedad. “Quien lo ha conocido lo ha visto por videollamada o fotos. Es lo que nos toca por ahorita”, comenta.

En condiciones normales, se presupone que un embarazo se vive con felicidad, intensidad y miedo, pero en tiempo del coronavirus la intensidad y el miedo se elevan a la enésima potencia.

Jazmín recuerda que los días previos al parto fueron muy complicados: “estuve muy nerviosa y ansiosa, me despertaba en la madrugada y no podía pegar el ojo por estar pensando en qué iba pasar el día del parto y los días posteriores”. Por un lado, le preocupaba que su esposo no estaría presente en la cirugía y, por el otro, que su hijo mayor no podría conocer a su hermanito hasta que pasaran unos días.

 

Ningún bebé ha sido registrado en Sonora

De momento, ni Leonardo ni Jimmy Aaron, ni todos los bebés que han nacido en las últimas tres semanas en Sonora existen legalmente.

El Registro Civil está cerrado y solo mantiene sus oficinas en “modo guardia”. Su director, Ulises Cristópulos, explica que “debido a la contingencia solo se están emitiendo actas de defunción y de nacimientos urgentes”, que son aquellos casos en los que el recién nacido, a causa de un problema de salud, debe quedarse más días hospitalizado. A las familias que no están en este supuesto, Cristópulos les avisa que no hay nada de que preocuparse: tienen 6 meses para registrar a su bebé.

Ulises Cristópolus, director del Registro Civil de Sonora.

 

Emilia nació el día antes

El 28 de febrero de 2020 el subsecretario federal de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, confirmaba en rueda de prensa el primer caso positivo de COVID-19 en México. Un día antes, en Hermosillo, la pequeña Emilia salía del vientre de su mamá, Eleanne González. En esos días, la presencia del coronavirus en el país no era ni la sombra de lo que es ahora, pero eso no evitó que mamá y papá reforzaran todas las medidas de cuidado hacía la nueva integrante de la familia.

“Afortunadamente la niña no nació en el auge del virus en México pero eso no ha provocado que dejemos de extremar cuidados para evitar el contagio”, comenta, Alejandro Pacheco, padre de Emilia.

A Emilia sí alcanzaron a registrarla, pero aún no la conocen todos sus familiares y amigos.

“Limitamos mucho el acercamiento con otras personas, solo algunos familiares (mi madre y mis suegros) la vieron en el hospital, y cuando digo verla, fue solo verla, nada de cargarla ni besuquiarla”, cuenta Alejandro, que añade que se siente muy afortunado de haber podido acompañar a su esposa.

Para ninguna de estas tres parejas –según confiesan– está siendo fácil cuidar de su bebés en tiempos de una pandemia. Pero hacen todo lo que pueden: “estamos concentrados en mantenernos y mantener a nuestra hija sana”, añade Pacheco.

En un momento como el actual, en el que reina la preocupación, el encierro y la incertidumbre, traer al mundo a un hijo o a una hija no parece ser el mejor plan. O quizá sí: la llegada de Jimmy Aaron, Leonardo y Emilia ha hecho que, al menos en sus familias, todo sea menos malo y que la vida cobre otra dimensión.

 

 

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