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A los 5 años Alberto plantó un árbol en su casa de Hermosillo, hoy con su jardín y aves sobrelleva los días difíciles

Ana Gamboa

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Hermosillo, Sonora.  Hace 46 años Alberto plantó el primer árbol de su casa, en la colonia Jesús García, en Hermosillo. Hoy, cuatro décadas después, el patio está convertido en un jardín fresco, colorido, lleno de flores y plantas que le han ayudado a sobrellevar los días más difíciles.

Cuando era apenas un niño y estaba en preescolar, los profesores le pidieron plantar un árbol en su casa en compañía de su familia, así que les dieron una pequeña planta envuelta en hule negro. Dijo que no. Él quiso tener un ejemplar grande como los que veía en su escuela. Así inició la historia de su jardín.

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“Yo tenía cinco años y estaba en el kinder, nos dieron un consejo de plantar un árbol con nuestros papás. Creo que en ese tiempo nos regalaron en unas bolsitas negras unos árboles ya bien plantados, pero como jugaba mucho en el jardín y había árboles gigantescos, al conserje le dije ‘no quiero este, quiero uno de esos’.

El conserje quizás burlándose de mí, volteó y del piso tomó una plantita y me la dio. Cuando llegué, a mi mamá le causó ternura porque dice que yo traía protegida la rama y no la raíz”.

Como su casa aún estaba en construcción y en el patio había piedras, “el albañil con su cuchara me ayudó a hacer un hoyo en el piso y lo planté. Eso fue hace 46 años y vean ahora cómo está esto. Lo cuidé. Este árbol es el principio de la historia del jardín de mi casa”.

 

 

Alberto Silva Valdez heredó el amor por las plantas de su papá, quien falleció hace 14 años. Desde que Alberto recuerda, su papá dedicaba los domingos especialmente al cuidado de sus flores y plantas, algo que él, casi como un legado, continúa haciendo hasta el día de hoy.

Además de ser una especie de terapia de relajación el despertarse, ver el jardín, desayunar en la mesa exterior rodeado de aire fresco, sus plantas y sus aves, de las que también es un apasionado, Alberto cuenta que este espacio lo ha ayudado y lo ha motivado a superar momentos difíciles.

“Todo el año pasado mi madre atravesó muchos problemas de salud muy graves y casi vivió en el hospital. Ella me decía ´no dejes que se me sequen las plantas y eso me motivaba a que cuando ella regresara viera el jardín hasta mejor.

El jardín me ha ayudado a sobrepasar tragos difíciles y además, si tienes que desahogarte de algo, qué mejor que aquí”.

Paz y tranquilidad es lo que Alberto busca reflejar con su espacio verde en las personas que visitan su casa y lo ha logrado. Quienes acuden a su salón de belleza, ubicado en el mismo sitio, prefieren esperar afuera, entre las ramas, los pájaros, las flores y la frescura del sitio.

Es bien sabido que tener un espacio verde en nuestro hogar, repercute positivamente en el ánimo. Por eso, Alberto recomienda tener siempre aunque sea un pequeño lugar con naturaleza porque “vida da vida”.

“Yo les recomiendo como terapia ocupacional que, si no puede tener un jardín tan exigente o grande como este, pueden hacer un rinconcito en su casa con un helecho o con una planta de sombra.

Hay algunas que requieren poca atención o poco mantenimiento, pero yo siempre he dicho que algo que tiene vida, le da vida a tu hogar”.

“A mí me gustan mucho también las aves, porque siempre he creído que tanto las flores como las plantas recogen las malas vibras de la gente que pueden llegar a desearte algo malo, se detienen, funcionan como un filtro y recomiendo poner canarios,
una planta”.

Alberto ya perdió la cuenta del número de plantas y flores que adornan su hogar, pero comenta que tiene alrededor de 40 aves que añaden música a su día y entre las cuales se siente pleno y feliz.

Paseando entre el pasillo verde, dice que no quiere dejar de vivir en ese lugar que se ha convertido en su espacio favorito y en el que día a día continúa trabajando. Cada domingo adquiere más plantas y regala pedazos de las que tiene, casi como regalando un pedazo de sí mismo.

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