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lunes, septiembre 14, 2026

Boletas planchadas: la puerta del fraude electoral

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Hace un año, el Instituto Nacional Electoral hizo un hallazgo casi arqueológico. En 533 casillas instaladas para la elección judicial, encontró miles de boletas sin doblez alguno que, de extraña manera, llegaron a los paquetes electorales y quisieron hacerse pasar como votos válidos en los cómputos distritales.

Aparecieron por centenares en 445 casillas de Chiapas; 62 casillas en Puebla, 13 en Michoacán, 4 en Chihuahua, 3 en Sinaloa, 2 en Tabasco, 2 en Oaxaca, una casilla en Ciudad de México, una en Durango y una en Coahuila.

Las boletas sin doblez -o votos planchados- son un claro indicio de fraude electoral, y nos remiten a las elecciones de 1988 y anteriores, en las que el Gobierno, el PRI y sus mapaches electorales hacían lo que querían en los comicios ante la ausencia de autoridades electorales autónomas, ciudadanos habilitados como funcionarios de casilla, representantes de los partidos de oposición en las mesas de votación y observadores electorales.

En el precámbrico de nuestra historia política, la aparición de boletas marcadas en favor del PRI, pero sin doblez o rastro de haber sido manipuladas por un ciudadano, era solo una de las prácticas de la picaresca electoral. Se le llamaba urna embarazada, y consistía en colocar boletas previamente marcadas en favor del partido oficial dentro de la urna antes de que los ciudadanos comenzaran a votar. Quienes operaban el fraude ni siquiera se tomaban la molestia de doblar las boletas antes de meterlas; por eso aparecían sin doblez alguno, o como se dice coloquialmente, planchadas.

Para contrarrestar esa práctica, el Instituto Federal Electoral, creado en 1990, implementó muchos controles: la urna transparente, las boletas foliadas y una ranura de 15 centímetros y de unos cuantos milímetros de grosor, que obligan al votante a doblar su boleta y que hacen imposible meter más de una a la vez. Además, desde hace más de tres décadas, se ciudadanizó la casilla, con funcionarios designados mediante sorteo, y se implementó un sistema de vigilancia mutua entre ciudadanos, autoridades electorales y representantes de partidos, basado en la desconfianza mutua. En un centro de votación con siete funcionarios de casilla y al menos seis representantes de partidos, lo que impide que uno haga trampa es la presencia y vigilancia de los otros. 

Por eso, la aparición de boletas planchadas en los cómputos distritales de 2025, en 533 casillas de la elección judicial, fue una especie de viaje a un pasado ya superado. La dimensión de esta trampa, sobre todo en Chiapas y Puebla, habla de una operación perfectamente orquestada, cuyo objetivo era introducir boletas en favor de alguno o algunos candidatos, y así, falsificar o burlar la genuina voluntad ciudadana.

¿Cómo llegaron esas boletas a las urnas? Es el gran misterio, pues las boletas hoy miden más de 22 centímetros de ancho, y la ranura de la urna (que sigue siendo transparente) es de 15 centímetros de largo y medio centímetro de grosor, lo que hace física y materialmente imposible que un ciudadano que votó libremente las haya introducido. Esas boletas, o se metieron mientras se armaba la urna, o se introdujeron a los paquetes electorales al final de la votación, lo que hubiera requerido la confabulación de los funcionarios de casilla, Como en la elección judicial no hubo representantes de partidos y los cómputos de los paquetes no se hicieron en la casilla la noche de los comicios, sino en los consejos distritales, los controles se relajaron.

La aparición de votos planchados en 535 casillas no es un asunto menor y fue una de las causales para que el INE decidiera anular 842 casillas donde encontró irregularidades, con un universo de un millón 95 mil votos.

Y, por eso, el tema ha vuelto a ponerse a discusión en los últimos días, cuando un grupo de consejeros intentó introducir una regla para invalidar los votos planchados, en cuanto fuesen detectados en los cómputos distritales.

Vale la pena decir quienes fueron los promotores de ese intento: Martín Faz, Rita Bell López, Arturo Castillo y Carla Humphrey, en una sesión en la que se aprobaron los lineamientos para los cómputos distritales. La propuesta de Faz, enriquecida por Rita Bell, consistía básicamente en declarar nulos los votos expresados en boletas planchadas.

Pero el bloque de consejeros afines al oficialismo, encabezado por la consejera presidenta Guadalupe Taddei, se opuso a ello, y generó su propia propuesta a través de la consejera Frida Gómez, quien sugirió que, en caso de aparecer, solo se separaran las boletas planchadas, se registraran en el acta y se deje a consideración del Consejo Distrital, al final de los cómputos, si se consideran válidos o nulos esos votos.

Eso, que el INE defiende en sus comunicados recientes como un procedimiento “acorde con los principios de certeza”, en realidad deja abierta la puerta al fraude electoral, pues cada Consejo decidirá, al final de una larga y extenuante jornada de cómputo, si valida o desecha los votos planchados.

¿Por qué votaron esa propuesta los consejeros afines al oficialismo? O, dicho de otra manera, ¿por qué dejaron abierta esa rendija por la que se podrían colar decenas, cientos o miles de votos planchados? Gran pregunta para Guadalupe Taddei, Jorge Montaño, Norma Irene de la Cruz, Arturo Chávez, Frida Gómez y Blanca Yassahara Cruz García.

Y cabe hacer una pregunta más, al conejero Uuc-kib Espadas, probablemente el consejero que mejor argumentó en contra de las boletas planchadas: ¿por qué votó a favor de la propuesta de la consejera Rita Bell López, que cerraba la puerta a esos votos planchados, y luego también votó a favor de la propuesta de Frida Gómez, que les abría la puerta?

Gran pregunta para el consejero yucateco que siempre presume su pasado como militante de la izquierda perredista de los 90, y que en la sesión donde se discutió el tema dijo, entre otras, cosas como ésta: “Cuando aparecen boletas planchadas en cualquier escenario, en cualquier momento del proceso, desde la casilla hasta el cómputo distrital, estamos ante el hecho inequívoco de fraude electoral. La palabra es muy fea, pero el indicio es todavía peor”.

Tiene razón el consejero, la boleta planchada es una señal inequívoca de que alguien pretende cometer fraude electoral, un tema que prensábamos superado, pero que ahora toca las puertas del proceso electoral 2027.

Hay otras preguntas para Morena, el Gobierno y los consejeros que les son afines: ¿por qué no cerrar de tajo esa puerta?, ¿por qué mantener esa salvaguarda que solo les ha provocado críticas y señalamientos de la oposición? ¿Por qué, en lugar de abonar a la certeza, siguen generando condiciones que siembran la discordia y la desconfianza en un proceso que, de por sí, será complejo y conflictivo?

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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