
Por Arturo Fernández Díaz González
Cada vez que se anuncia una inversión importante solemos reaccionar como si el proyecto ya hubiera llegado. Celebramos el monto, la empresa, los empleos prometidos y la foto del anuncio. Pero hay una diferencia fundamental que como ciudad no deberíamos olvidar: una inversión no llega cuando se anuncia, llega cuando empieza a producir.
Entre el anuncio y la operación hay una ruta crítica que suele ser invisible para la opinión pública: terreno, uso de suelo, permisos, agua, energía, vialidades, impacto ambiental, construcción, talento, proveedores y coordinación entre distintos órdenes de gobierno. Cada semana o mes que se pierde en esa ruta tiene un costo. Es capital inmovilizado, maquinaria detenida, clientes no atendidos, empleos que todavía no existen y proveedores locales que aún no venden.
México vive una paradoja interesante. Por un lado, el país está atrayendo inversión. La Secretaría de Economía reportó que en 2025 se alcanzó una cifra histórica de inversión extranjera directa. El Plan México también ha presentado un portafolio de miles de proyectos con potencial de generar más de un millón de empleos. Por otro lado, el propio gobierno federal ha puesto el tema del tiempo en el centro de la política económica, con autorizaciones prioritarias y metas de reducción de trámites. Dicho de otra forma: si el gobierno está poniendo un cronómetro, es porque la velocidad ya se volvió una variable de competitividad.
Para Hermosillo, esta discusión es especialmente importante. Si mañana una empresa decide invertir aquí, ¿qué tan rápido puede pasar de la decisión a la operación?
Hermosillo ha avanzado en digitalización y simplificación de algunos trámites, particularmente para negocios de menor riesgo. Eso debe reconocerse. Pero una inversión industrial o tecnológica de alto impacto involucra permisos encadenados, infraestructura física, disponibilidad eléctrica, agua, protección civil, construcción, logística y muchas veces coordinación con autoridades estatales y federales. La ciudad no debería medir solamente cuántas inversiones anuncia, sino cuánto tarda en aterrizarlas.
Por mencionar un ejemplo, Sonora puede generar energía, pero si esa energía no llega al parque industrial, a la subestación correcta o al punto de consumo, la inversión se detiene. Algo similar ocurre con la promoción económica: puede existir interés, puede existir capital y puede existir una empresa dispuesta a invertir, pero si el ecosistema no logra llevar ese interés hasta la operación, la oportunidad se diluye.
Por eso Hermosillo debe incorporar un indicador simple y poderoso: Tiempo a Operación. Es decir, medir cuántos días transcurren desde que un proyecto estratégico toma la decisión formal de invertir hasta que inicia operaciones. Esto nos serviría para identificar cuellos de botella. ¿Dónde se atoró? ¿Permisos? ¿Energía? ¿Agua? ¿Construcción? ¿Trámites federales?
La agenda concreta podría comenzar con cinco pasos:
- Primero, nombrar un responsable para cada proyecto estratégico.
- Segundo, construir una ruta crítica con fechas, dependencias y cuellos de botella.
- Tercero, certificar sitios realmente listos para inversión, con información previa sobre electricidad, agua, uso de suelo, vialidad y restricciones.
- Cuarto, medir públicamente los tiempos de ejecución como indicador de competitividad.
- Quinto, mantener el acompañamiento después de la apertura para conectar la inversión con talento y proveedores locales.
El desarrollo económico no se construye sólo con anuncios. Se construye con ejecución. Y en la competencia actual entre ciudades y regiones, la pregunta ya no es únicamente quién ofrece más incentivos, quién tiene más tierra o quién aparece más en las ferias internacionales. La pregunta será quién puede poner una inversión a producir en menos tiempo.
Por eso conviene repetirlo: una inversión no llega cuando se anuncia. Llega cuando empieza a producir. Y la oportunidad es esta: Hermosillo puede convertir la velocidad de ejecución en una ventaja competitiva.
El autor es Empresario. Presidente de Sonora Global, EDC. Coordinador de la Mesa de Desarrollo Económico de HCV.




