Hermosillo, Sonora.- Desde hace 15 años Alberto Ruíz Lara se dedica a la creación de lombricomposta, una actividad que le trae su sustento diario y que además contribuye al cuidado del medio ambiente.
El hombre de 77 años contó para Proyecto Puente que es ingeniero agrónomo de profesión y que siempre se caracterizó por tener la firme de idea de que una tierra sin tantos químicos es mejor.
Su espacio de trabajo lo tiene en el ejido La Victoria, ahí cuenta con módulos en donde vierte estiércol o boñiga de animales como caballos o vacas, misma que es trabajada durante meses por lombrices rojas.
“La lombricomposta es un fertilizante natural, orgánico, que lo produce la lombriz roja, entonces yo de profesión soy Ingeniero Agrónomo, pero siempre me ha gustado más la cosa que no sea tan química, y hace como unos 12 o 15 años, empecé a trabajar con la lombriz roja”.
“Tengo varios años haciéndolo, elaboro tres tipos de productos, que es el sólido, que aquí atrás de mi está un poco amontonado ya listo para empacarse, y luego el lixiviado o líquido que produce la lombriz, que cae en estas estructuras que tengo ahí que le llamó módulos o camas”.
“El tercer producto podría ser el mismo pie de cría de la lombriz para reproducirla en otras partes”, explicó.
El emprendedor detalló que el material es remojado para bajar la temperatura y que así la lombriz pueda trabajar, en un proceso que dura entre 3 y 4 meses.
Su trabajo es completamente artesanal, la lombricomposta se puede aplicar tanto en árboles, arbustos, flores, cultivos, y demás plantas. Además, el líquido puede rociarse en el follaje de las mismas para un mejor crecimiento.
“Como yo lo trabajo es muy artesanal, y me da la oportunidad de entretenerme si quieres, y producir y vender, es hasta un tipo de terapia esto, porque te hace ser muy paciente, tú vas a trabajar de acuerdo al ritmo de la lombriz, no la lombriz al ritmo tuyo”.
“Aquí no uso ningún tipo de fertilizante químico, es pura con lombricomposta, porque te produce ella los materiales que necesita la planta, elementos mayores, menores, en la cantidad que la planta lo necesita, entonces la planta directamente lo toma”.
“Lo otro es que tenemos que luchar contra los químicos”, puntualizó.
El precio a la venta es simbólico, ya que cada costal de 20 kilos cuesta 80 pesos, mientras que el líquido para follaje tiene un precio de 5 pesos por litro.
Y es que más allá de que sea redituable, Alberto busca crear conciencia a la comunidad, sobre la importancia del cuidado del medio ambiente, de cultivar alimentos y reforestar la tierra sin químicos, de manera orgánica.
“Realmente dentro de mis inquietudes era capacitar en las escuelas, a los niños en este tipo de actividades. No tanto ir yo, pero que vinieran ellos, aquí daba muchos talleres antes, trabajar con los niños, pero como que a los maestros no les interesaba mucho instalar estas cosas en las escuelas, iban a servir de que iban a reciclar los productos orgánicos de su casa, llevarlos ahí, hacer una parcelita y estar produciendo, esa era la intención, una de las intenciones”.
“Ojalá que la gente se interese, pueden venir aquí, yo les explico, y en un descuido y me compran algo”, finalizó.














