Por: Dennis García
Hermosillo, Sonora.- Creció solo, rodeado de drogas, carencias y calles difíciles. Sin la presencia de su padre y con una madre que debía trabajar largas jornadas para sobrevivir, Hernán “Tyson” Márquez pasó gran parte de su infancia en las calles de Empalme, Sonora, conviviendo con tíos y conocidos inmersos en un entorno marcado por las adicciones. Probó sustancias antes de los 13 años, pero nunca cayó en la dependencia.
“El deporte me salvó la vida”, afirmó durante su participación en el programa conducido por Ariadna Ibarra y Ceci Rodríguez, donde compartió la historia detrás del campeón mundial de peso mosca.
Desde ese contexto complejo, Márquez reveló uno de los episodios más duros de su vida: el abuso que sufrió en su niñez. Explicó que, al quedarse bajo el cuidado de una niñera adolescente, fue obligado a vivir situaciones que durante años mantuvo bloqueadas.

Esos recuerdos regresaron en la adultez, permitiéndole identificar lo ocurrido y comprender su impacto.
Decidió contarlo públicamente no desde la herida, sino desde la conciencia, para visibilizar que el abuso también ocurre en niños y hacer un llamado a madres y padres a estar atentos. Su mensaje fue claro: hablar también es una forma de protección.
El hambre, la soledad y la incertidumbre marcaron su crecimiento. Recordó una noche en la que él y su madre intentaban dormir para engañar al estómago vacío.
Incapaz de conciliar el sueño, salió descalzo bajo el sol ardiente hasta llegar con un vendedor de tortas conocido como “el compadre”.
Sin dinero, le pidió comida fiada prometiendo pagarla cuando fuera grande. El hombre confió en él, le dio tortas y jugos de más. Al regresar a casa, su madre rompió en llanto. Aquella experiencia, dijo, le enseñó dignidad, gratitud y la importancia de no rendirse.

Consciente de su historia, decidió romper ciclos. En una familia poco expresiva emocionalmente, eligió ser distinto: abrazar, decir “te quiero” y mostrar afecto a su madre y a su abuela, a quien lleva tatuada.
Aunque reconoce que creció con la idea de que los hombres no lloran, encontró en el entrenamiento su espacio de desahogo y en el cariño familiar su mayor fortaleza.
A los 16 años enfrentó otro punto de quiebre al convertirse en padre. Con becas deportivas activas, asumió la responsabilidad y dejó temporalmente el boxeo para trabajar en una maquila. Fue entonces cuando entrenadores cubanos lo buscaron y le recordaron que su lugar estaba en el ring.
Con una nueva oportunidad, regresó al boxeo y construyó una carrera que lo llevó a peleas internacionales memorables, incluida una histórica en Panamá, donde ganó en condiciones adversas y vivió uno de los momentos más humanos de su trayectoria al reconocer a su rival fuera del cuadrilátero.
Hoy, Hernán “Tyson” Márquez es entrenador en un centro de boxeo en Hermosillo, padre de familia y formador de jóvenes.
Su historia no se cuenta desde la derrota, sino desde la resiliencia, la disciplina y la elección consciente de transformar el pasado en impulso.
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Más allá de los títulos, su mayor victoria ha sido demostrar que incluso desde los entornos más difíciles, sí se puede construir una vida distinta.


