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jueves, enero 29, 2026

Una mala persona nunca será un buen profesional

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Durante mucho tiempo las empresas separaron la “vida personal” de la “vida profesional”, como si la ética, la empatía o la decencia pudieran ponerse en pausa al cruzar la entrada de la oficina.

Esa narrativa permitió normalizar comportamientos tóxicos: Líderes brillantes técnicamente, pero crueles, colaboradores muy competentes pero incapaces de comunicarse asertivamente.

Sin embargo, la ciencia ya confirmó lo que la intuición humana sabía desde siempre: Una mala persona puede obtener resultados temporales, pero nunca será un buen profesional. Los datos hablan: La toxicidad es costosa.

Un estudio de Harvard Business School concluyó que un solo empleado tóxico le cuesta a la organización más de 12,000 dólares al año, incluso si su rendimiento es alto. ¿Por qué? Porque drena energía, aumenta la rotación, ralentiza la colaboración y a su vez acelera la desmotivación.

En contraste, un “empleado estrella” agrega alrededor de 5,300 dólares en productividad. El mensaje es claro: El daño que produce una mala persona es más del doble de lo que suma un buen desempeño técnico.

Y no solo se trata del dinero. Según Gallup, el 75% de las razones por las que un colaborador renuncia están directamente relacionadas con su jefe o con un ambiente tóxico. Esto significa que la toxicidad no es un tema aislado: Es una fuerza estructural que expulsa talento, desgasta equipos y deteriora la salud mental.

Adicionalmente es importante puntualizar que, sin seguridad emocional, no hay desempeño de alto nivel, porque cuando una persona genera miedo, humillación o trato despectivo, el cerebro del otro activa la amígdala, la región encargada de procesar amenazas. En ese estado, la corteza prefrontal (responsable de la creatividad, toma de decisiones, aprendizaje y pensamiento estratégico) se “apaga” parcialmente.

Es decir, un líder tóxico literalmente sabotea la inteligencia del equipo. Por el contrario, comportamientos como la empatía, la escucha activa, la comunicación asertiva y el respeto activan la oxitocina, una hormona que facilita la colaboración, la apertura al cambio y la

confianza. Inclusive, según datos de Google Project Aristotle los equipos emocionalmente seguros muestran hasta un 50% más de productividad.

Es importante decirlo, el talento brillante sin humanidad deja de ser talento. Cuando alguien es competente pero tóxico, su capacidad se convierte en un arma: Puede usarla para manipular, tomar decisiones sin considerar el impacto o destruir el clima laboral. Una persona así puede ser “buena” en la ejecución, pero nunca será “buena” en el resultado global.

Porque un buen profesional no solo cumple funciones; crea condiciones. Y la calidad de esas condiciones depende de quién se es, no solo de lo que se sabe.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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