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lunes, octubre 5, 2026

Morena, rehén del Verde

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La pregunta es pertinente: ¿por qué Morena cede tanto al Partido Verde? Por qué, si es un partido de 5 millones de votos (alrededor del 8% de la votación nacional) y, según las encuestas de arranque de proceso electoral, hoy tiene entre el 3 y 5 % de intención de voto.

El Verde es ese partido que hace menos de una década combatía a la izquierda mexicana; aliado del PAN en 2000, del PRI en 2006, 2012 y 2018, y corresponsable del desafuero de Andrés Manuel López Obrador en 2005. El partido de la “telebancada”, el “partido canalla”, el promotor de la pena de muerte, el más multado en la historia de la democracia moderna; el partido al que Morena exigió quitarle el registro en 2016. Ese partido, antes repudiado por el obradorismo, hoy tiene maniatado al “todopoderoso” Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum.

La franquicia fundada por Jorge González Torres, de la que hoy es dueño su hijo Jorge González Martínez, El Niño Verde, es dirigida en los hechos por dos hábiles negociadores, Manuel Velasco y Arturo Escobar, aunque en el papel la dirigente nacional sea la senadora Karen Castrejón. Con más de dos décadas en el sistema político, Velasco y Escobar se formaron con los políticos más astutos del priismo: Manlio Fabio Beltrones, Roberto Madrazo, Elba Esther Gordillo y Beatriz Paredes, entre otros nombres, y hoy está claro que tienen mucho más colmillo que las dirigentes morenistas, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández.

Morena es un rehén del Verde. Tras meses de negociaciones, el Verde no sólo logró que Morena le cediera las candidaturas de Manuel Cota en Baja California Sur, Jasminne Bugarín en Nayarit y Gino Segura en Quintana Roo (en este último Estado ya son gobierno, a través de Mara Lezama), sino que dobló al partido guinda para que respete el feudo de Ricardo Gallardo en San Luis Potosí, que le heredará a su esposa, Ruth González Silva, en los comicios de 2027.

La candidatura testimonial que ha designado Morena en esa entidad -por más que en el discurso se diga otra cosa- es una burla a las reglas antinepotismo promovidas por la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿O alguien espera que el desconocido Elí Cervantes derrote al matrimonio que lleva seis años preparando la sucesión conyugal?

El Verde va más allá: actualmente sigue presionando para que se desconozca la candidatura de Clara Luz Flores en Nuevo León -destinada a volver a perder, como ocurrió en 2021-, y su dirigencia local insiste en que la candidatura sea para Waldo Fernández, senador verde que aparece con preferencias muy similares a las de la exalcaldesa.

A base de favores y presiones, los conspicuos dirigentes del Verde han logrado convertirse en el partido bisagra de la coalición Juntos Hacemos Historia, desplazando al tercer aliado, Partido del Trabajo, al penoso papel de observador. Cada concesión al Verde es una afrenta para el partido dirigido por el profe Aberto Anaya, que un día rompe y al otro se sienta en una mesa técnica a negociar encuestas espejo. ¿Por qué Manuel Cota y no Christian Agúndez en Baja California Sur?, ¿por qué Clara Luz Flores y no Jesús Cantú en Nuevo León?, ¿por qué no Geovanna Bañuelos en Zacatecas? Son preguntas que atormentan a los miembros de la coordinadora petista, pasmados ante el poderío del tucán.

Tal parece que el Verde se sabe indispensable para Morena en 2027. Y lo son, pues sus 5 millones de votos de la elección de 2024 podrán ser pocos en el total nacional, pero representan el 15% de los 35 millones de la coalición en la elección presidencial y casi el 20% de los 31 millones que obtuvo la alianza en la elección de diputados federales.

Más aún, los líderes del Verde saben que sin su partido no hay mayoría del oficialismo en la Cámara de Diputados, pues sus siglas son necesarias para la sobrerrepresentación que las autoridades electorales le han venido dando a la 4T desde hace 8 años.

El Verde -y también el PT- han sido estratégicos para que Morena incube diputados en sus filas, los presente a las elecciones y luego los cambie de bancada. En septiembre de 2018, seis diputados del Verde se fueron prestados para que el partido de López Obrador pudiera tener más de 250 curules y, con ello, presidir la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política el primer año de la Legislatura. Lo mismo ocurrió en 2024: apenas electa la LXVII Legislatura, 15 verdes se fueron a engrosar la bancada de Morena, para que pasara de 236 a 251.

Además, estos enjuagues dan pie a que, juntos, los partidos oficialistas alcancen una sobrerrepresentación superior al 8% que establece la Constitución. En agosto de 2024, el INE otorgó a la Morena-PVEM-PT 198 curules de Representación Proporcional, con lo que alcanzaron una cifra extraordinaria de 364 curules, equivalentes a 72.8% de la Cámara. Casi un 20% más del 54.7% que alcanzaron juntos en la elección de diputados federales.

Esto fue posible porque la Constitución establece que podrá haber una sobrerrepresentación de máximo 8%, por partido político, y no por coalición. Ese límite se respetó en la asignación que hizo el INE por separado a Morena, Verde y PT. Por más que la oposición, intelectuales y algunos consejeros y magistrados electorales dijeran que lo correcto era aplicar el límite del 8% a la coalición en su conjunto, el oficialismo ganó es batalla y, gracias a eso, pudo hacer todas las reformas constitucionales del Plan C.

Ahí es cuando se vuelven indispensables los aliados verdes. Por eso no extraña que Ariadna Montiel y Citlalli Hernández -y la propia presidenta Sheinbaum- cedan ante sus caprichos. Pero también por eso extraña el desprecio al PT, cuyo papel también es necesario para estos acuerdos que, seguramente, se repetirán en 2027.

Como las reglas no cambiaron, el oficialismo volverá a apostar a que un INE y un Tribunal Electoral, sometidos desde hace tiempo, vuelvan a otorgarles decenas de diputados de Representación Proporcional por vía de una sobrerrepresentación excesiva, legal pero cuestionable. Bajo esa lógica, han comenzado las negociaciones de la coalición para la elección legislativa.

Por cierto, los 200 diputados plurinominales que se asignarán, y que serán claves para que el oficialismo mantenga la mayoría absoluta en la Cámara, deberían ser menos y asignarse de otra manera, según la reforma política que propuso en enero Claudia Sheinbaum. Pero esa reforma -indispensable para restarle poder a las cúpulas partidistas- fue bloqueada, precisamente, por los aliados del Verde, el partido canalla que, ahora, usa a Morena para expandirse.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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