
Tomando como punto de partida el Segundo Simulacro Nacional 2026, hay una idea que me parece especialmente poderosa para quienes trabajamos en Desarrollo Organizacional: La cultura no se construye con una capacitación; se construye con repetición.
Hace unos días, el 19 de septiembre para ser exactos, México volvió a detenerse para ensayar algo que nadie quiere vivir: Un sismo. El ejercicio no busca únicamente recordar qué hacer; busca que, ante una situación de emergencia, ciertas conductas aparezcan casi de manera automática.
En la Ciudad de México según datos de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil se reportó la participación de 7.8 millones de personas y un tiempo promedio de evacuación de 1 minuto 43 segundos.
Y en este punto está la lección para las organizaciones: Practicamos cómo reaccionar ante un terremoto que todavía no ocurre. Evacuamos edificios, ubicamos salidas, identificamos puntos de reunión, escuchamos la alerta sísmica, repetimos protocolos. Y volvemos a hacerlo, incluso cuando durante meses no sucede ningún sismo.
¿Por qué?
Porque sabemos que, cuando llegue una situación crítica, no tendremos demasiado tiempo para pensar qué hacer. Y es eso justamente lo relevante, durante el simulacro millones de personas volvimos a practicar una respuesta que queremos tener disponible para cuando realmente sea necesaria. Ese principio también aplica dentro de las empresas.
Con frecuencia hablamos de cultura como si fuera algo que se pudiera instalar mediante una presentación, un código de valores o una capacitación de cuatro horas. Pero una organización no cambia porque sus colaboradores sepan qué deberían hacer. Cambia cuando empiezan a hacerlo de manera consistente.
Es decir, si queremos una cultura de retroalimentación, no basta con impartir un taller sobre feedback. Hay que repetir conversaciones de retroalimentación.
Si buscamos una cultura de liderazgo empático, no basta con explicar qué es la inteligencia emocional. Hay que practicar la escucha, la regulación emocional y las conversaciones difíciles una y otra vez.
Si queremos colaboración, no basta con organizar un team building. Tenemos que diseñar espacios donde colaborar se convierta en una conducta cotidiana.
De hecho, una investigación sobre formación de hábitos en el trabajo apunta precisamente en esa dirección. Un estudio publicado en el Journal of Occupational and Organizational Psychology encontró que la práctica habitual de determinadas conductas laborales se relaciona con mayor avance hacia objetivos y engagement diario, y que las llamadas intenciones de implementación, (definir de antemano cuándo y cómo se realizará una conducta) pueden incrementar su frecuencia y automaticidad.
Es decir: La repetición no es la parte aburrida del cambio. Es una de las condiciones para que el cambio se vuelva comportamiento.
Por lo que el simulacro nos recuerda algo: Ensayar también es aprender. Es una oportunidad para repetir, para practicar. De hecho, el propósito oficial de este ejercicio nacional es fortalecer las capacidades de reacción y poner a prueba los protocolos ante una eventual emergencia.
La misma lógica debería estar presente en nuestros programas de Desarrollo Organizacional.
No solamente enseñar. Practicar.
No solamente comunicar. Reforzar.
No solamente lanzar una iniciativa. Dar seguimiento.
Porque la cultura no se transforma en el momento en que una organización declara un nuevo valor. Se transforma cuando ese valor comienza a aparecer, repetidamente, en las decisiones, las conversaciones, los rituales, los reconocimientos y las conductas de todos los días.
Quizá por eso los simulacros son una metáfora tan poderosa para hablar de cultura organizacional. Nadie participa en ellos pensando: “Esto ya lo hice una vez, ya me lo sé”.
Lo repetimos precisamente porque sabemos que lo que practicamos repetidamente tiene mayores posibilidades de convertirse en nuestra respuesta natural cuando realmente importa.
Y en las organizaciones ocurre exactamente lo mismo. La cultura que queremos mañana comienza con las conductas que estamos dispuestos a repetir hoy.



