
Para Sonora, la ganadería nunca ha sido solamente una actividad económica. Es parte de nuestra historia, de la identidad de las comunidades rurales y del sustento de miles de familias que han hecho del trabajo en el campo una vocación y una forma de vida. Por eso es una buena noticia que nuestro estado sea el primero del país en reanudar la exportación de ganado hacia Estados Unidos. El 24 de agosto está prevista la apertura del cruce Agua Prieta–Douglas, después de más de un año de restricciones que golpearon con especial dureza a quienes dependen de esta actividad.
El cierre acumuló ganado sin salida comercial, presionó los precios internos y elevó los costos de alimentación. Representantes del sector estiman que el rezago nacional se acerca al millón de cabezas. Detrás de esa cifra hay pequeños y medianos productores que debieron vender por debajo de lo esperado, reducir sus márgenes o sostener durante meses animales destinados a la exportación. La reapertura ofrece alivio, pero no permite dar por superado el problema. Será un proceso gradual, sujeto al cumplimiento de compromisos sanitarios y a la inspección de cada animal. Incluso podría detenerse nuevamente si aumenta el riesgo. La lección es clara: la sanidad animal no es un trámite burocrático; es una condición de competitividad y acceso a los mercados.
Sonora parte de una posición favorable. Sus programas de inspección, su experiencia en el control de enfermedades y su distancia de las zonas donde se concentra el gusano barrenador fueron determinantes para elegir a Douglas como el primer puerto en reabrir. Ese reconocimiento debe convertirse en una política permanente de vigilancia epidemiológica, trazabilidad, capacitación y capacidad de reacción inmediata. También es momento de mirar más allá de la emergencia. Depender de un solo mercado vuelve vulnerable al productor ante cualquier cierre sanitario o decisión comercial. Necesitamos explorar otros destinos, fortalecer la transformación local de la carne y generar mayor valor agregado. A la vez, debemos modernizar corrales cuarentenarios, caminos, centros de inspección y cruces fronterizos. La reapertura ha requerido coordinación entre productores y autoridades de México y Estados Unidos. Preservarla exigirá canales técnicos y diplomáticos capaces de resolver diferencias con oportunidad, información confiable y reglas claras.
Defender la ganadería sonorense significa recuperar mercados, pero también evitar que vuelvan a cerrarse. Significa reconocer el sacrificio de quienes resistieron estos meses y ofrecerles algo más que respuestas de emergencia: certidumbre para invertir, producir y conservar una actividad que forma parte de lo que somos.
La frontera comienza a abrirse. Ahora corresponde asegurar que también se abra una etapa de mayor fortaleza, diversificación y futuro para el campo sonorense.
Moisés Gómez Reyna, economista y maestro en derecho constitucional.




