Hermosillo, Sonora.- Desde las calles del bulevar Libertad le gritan: “¡Chema!”, mientras con una mano reforesta y con la otra graba contenido. Lo reconocen por sus redes, pero también admiran al desconocido con pala y árboles. Le mandan saludos, lo felicitan y hasta le piden chamba.
“Si yo lo puedo hacer, ¿por qué esperarme si es algo que todos necesitamos?”, dice cuando recuerda que faltan cientos de miles de árboles en Hermosillo y el calor no cede.
‘El Chema’. Así le pusieron sus amigos y hoy miles de seguidores lo reconocen por ese nombre. Tiene 27 años. Desde que era un niño veía documentales sobre la naturaleza. Ahora los hace él bajo el calor de un Hermosillo de hasta 50°C. Registra con su celular cada árbol que planta e inspira al hermosillense que ya lo sabe todo… si no plantamos árboles, la ciudad será inhabitable.
La urgencia de su trabajo no es una exageración de internet, reconoce el creador de contenido. Según proyecciones científicas de la Universidad de Sonora y la UES, si la tendencia actual continúa, la capital sonorense podría volverse inhabitable en tan solo ocho años debido a las temperaturas extremas. La única defensa real frente a este escenario, según expertos, son los árboles.
José María Ramírez no tiene un título en biología, ni es experto en medio ambiente. De hecho, confiesa que comenzó a podar árboles con tijeras para arbustos hasta que sus seguidores le explicaron cuáles eran las herramientas adecuadas. Su interés lo llevó a tomar un curso con los Caminantes del Desierto y a seguir preparándose.
¿Cómo se rescata un camellón en Hermosillo?
Su trabajo en el camellón del bulevar Libertad sigue una lógica estricta. Chema y su compañero aprovechan su tiempo libre después del trabajo para limpiar la arena acumulada en las orillas y concentrarla en el centro. Preparan el terreno para introducir nuevas variedades de plantas.
@el_chema.94 Hoy regamos más árboles
♬ Originalton – Peter Willeke
Explica que deja exactamente cinco metros de distancia entre cada ejemplar. El objetivo es asegurar que las copas no choquen al crecer, evitar que se dañen entre sí y garantizar su supervivencia a largo plazo en la ciudad.
Sin embargo, el reto del Chema no solo es contra el cambio climático, sino también contra la apatía urbana. Mientras limpia la orilla del camellón, se topa constantemente con enemigos silenciosos de la ciudad: las botellas de plástico y los desechos que la gente arroja desde sus vehículos.
A pesar de la frustración por la basura, lo que mueve al Chema es la esperanza. Apoyado desde el inicio por su novia, quien lo impulsó a romper el miedo a la cámara, y cobijado por donaciones de palas, rastrillos y dinero de ciudadanos que ven en él un ejemplo, el joven insiste en que la solución no es “echarle la bolita a alguien más”.
Para él, la receta para salvar a Hermosillo es simple y está al alcance de cualquier vecino: no se necesita reforestar un bosque entero de golpe. Con que cada persona adopte un solo árbol en el vivero municipal, lo plante y lo cuide durante sus primeros años, el panorama de la ciudad cambiará. Si uno puede, todos pueden.












