El gobierno del presidente Donald Trump construye en la frontera con México un “muro inteligente” valuado en 46 mil millones de dólares, que combina cercas de acero de hasta nueve metros de altura con sensores, cámaras y torres de vigilancia equipadas con inteligencia artificial para monitorear el territorio.
El proyecto se desarrolla tras una fuerte inyección de recursos aprobada por el Congreso y en un contexto en el que los cruces fronterizos han alcanzado su nivel más bajo en décadas. Críticos advierten que la iniciativa representa una expansión de la vigilancia tecnológica y la militarización de la frontera, con impactos en comunidades locales.

“Estamos viendo una enorme expansión de la vigilancia y de la tecnología de vigilancia en toda la región fronteriza”, afirmó Ricky Garza, de la Southern Border Communities Coalition, quien sostuvo que el muro en sus distintas formas “es perjudicial para las comunidades”.
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Las autoridades federales defienden el proyecto y aseguran que la tecnología complementa la infraestructura física. “Es un muro inteligente. No es solo una barrera”, declaró el comisionado de la U.S. Customs and Border Protection, Rodney Scott, al señalar que el sistema permite optimizar el trabajo de los agentes en campo.
La CBP reporta avances en la construcción de alrededor de 10 kilómetros de muro por semana y la edificación de 119 kilómetros adicionales desde junio de 2026, aunque no contempla levantar estructura en unos 861 kilómetros de la frontera, donde el terreno funciona como barrera natural y se instalarán sensores y torres de vigilancia.

El sistema incorpora torres autónomas, cámaras infrarrojas, radares y cables subterráneos de fibra óptica que detectan movimientos y procesan datos con inteligencia artificial. Organizaciones como la Electronic Frontier Foundation y otros críticos advierten que esta tecnología puede afectar la privacidad, empujar a migrantes a rutas más peligrosas y generar riesgos por posibles fallos o sesgos en los sistemas automatizados.



