La Copa del Mundo 2026 se inauguró con un hecho inusual en la historia del futbol internacional: la ausencia de jefes de Estado en el Estadio Ciudad de México durante la jornada inaugural, incluido el de la presidenta del país anfitrión, Claudia Sheinbaum.
El arranque del torneo, considerado el más grande en número de selecciones participantes en la historia, se llevó a cabo sin la presencia de mandatarios de las naciones anfitrionas ni de los principales líderes internacionales, una escena poco común en este tipo de eventos.
En el caso de México, Estados Unidos y Canadá, los gobernantes Claudia Sheinbaum, Donald Trump y Mark Carney no asistieron a la ceremonia ni al partido inaugural, mientras que el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, tampoco estuvo presente en el encuentro de su selección frente al combinado mexicano.
Desde el Deportivo “Hermanos Galeana” en la Gustavo A. Madero. ¡Viva México! pic.twitter.com/GElOLX0SN9
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) June 11, 2026
La máxima autoridad presente en el estadio fue el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien encabezó la representación institucional del futbol mundial en el evento.
La ausencia de líderes políticos ya había sido anticipada por la mandataria mexicana, quien explicó días antes que algunas visitas internacionales fueron canceladas “por razones de sus países”.
Para especialistas, este escenario refleja un cambio en la manera en que los grandes eventos deportivos proyectan su relevancia global.
De acuerdo con el investigador de la UNAM, Ricardo Domínguez, la falta de mandatarios no debe interpretarse como un desaire, sino como parte de un nuevo contexto internacional influido por la digitalización y la comunicación global.
En ese sentido, señaló que el impacto de este tipo de torneos ya no depende de la presencia física de líderes políticos, como ocurría en décadas anteriores.
Sheinbaum rompe tradición histórica
Uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no asistir al estadio, convirtiéndose en la primera jefa de Estado del país anfitrión en no acudir a un partido inaugural de Copa del Mundo en lo que va del siglo.
La práctica de la presencia presidencial en inauguraciones mundialistas se había mantenido de forma constante desde al menos el Mundial de Suecia 1958, con excepciones destacadas como México 1970 y México 1986, cuando los entonces mandatarios acudieron al estadio.
En esta ocasión, la presidenta optó por regalar su entrada a una joven indígena y seguir el partido desde un espacio público habilitado para aficionados, en la capital del país.
De acuerdo con el especialista de la UNAM, esta decisión también puede leerse como un gesto de congruencia con la política gubernamental de “primero los pobres”, al considerar el alto costo de los boletos y la limitada disponibilidad de acceso.
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La propia mandataria justificó su decisión señalando que prefería compartir el evento con la ciudadanía en un Fan Fest de la Ciudad de México, en lugar de asistir a un espacio con acceso restringido.



