Hermosillo, Sonora.- Durante muchos años, el papel del padre estuvo ligado casi exclusivamente a una función: proveer económicamente. Sin embargo, las familias han cambiado, las dinámicas de crianza son distintas y las exigencias hacia hombres y mujeres también se han transformado.
Hoy, ser un buen padre implica mucho más que llevar el sustento al hogar; significa involucrarse emocionalmente, participar activamente en la crianza y construir vínculos reales con los hijos.
Ese fue uno de los principales mensajes que compartió Guillermo Aguirre, psicólogo y exjuez de lo familiar, durante una conversación conducida por Melissa Samaniego y Nitzia Gradías en Amiga Date Cuenta, en la que se analizó cómo ha evolucionado la paternidad y cuáles son los desafíos que enfrentan las familias en la actualidad.
Aguirre explicó que la incorporación de las mujeres al ámbito laboral modificó profundamente la estructura tradicional del hogar. Si antes el hombre era visto como proveedor y la mujer como responsable del cuidado de los hijos y la casa, hoy muchas mujeres cumplen ambos roles: participan económicamente y continúan asumiendo gran parte de la carga doméstica y de crianza.
Ante esta nueva realidad, señaló, los hombres también han tenido que replantear su lugar dentro de la familia.
“Ya no se trata de ayudar; se trata de asumir la parte que nos corresponde”, reflexionó. La participación del padre dejó de ser opcional o secundaria para convertirse en una necesidad dentro del bienestar familiar.

Desde su experiencia tanto en la psicología como en los juzgados familiares, comentó que aproximadamente el 90 por ciento de las custodias siguen quedando bajo el cuidado de las madres. Sin embargo, aseguró que cada vez observa a más hombres interesados en participar activamente en la educación, las rutinas y el desarrollo emocional de sus hijos.
Para el especialista, el verdadero reto de la paternidad actual consiste en integrarse de manera saludable al modelo familiar. Estar presentes no solo en los momentos de diversión, sino también en las tareas escolares, las consultas médicas, las conversaciones incómodas y las decisiones importantes.
“La figura del papá divertido de los fines de semana ya no es suficiente”, señaló.
“Hoy hablamos de padres que acompañan, escuchan y forman parte del día a día de sus hijos”.
La conversación también abordó el aspecto emocional de la paternidad. Guillermo reconoció que muchos hombres crecieron en generaciones donde demostrar afecto era poco común y donde frases como “te quiero” o gestos como un abrazo solían reservarse para ocasiones excepcionales. Por ello, hizo un llamado a romper esos patrones.
“No des por hecho que tus hijos saben que los amas. Díselo. Abrázalos. Atrévete a expresar cariño”, enfatizó.
Otro de los temas que surgieron fue el incremento de las separaciones y divorcios, así como la importancia de enfrentar estos procesos desde la responsabilidad y el acompañamiento profesional. Aguirre recordó que ni jueces ni abogados resuelven los conflictos emocionales de una familia, por lo que buscar apoyo psicológico antes, durante o después de una separación puede marcar una diferencia importante.
También insistió en que los hijos no deben convertirse en instrumentos dentro de los conflictos de pareja.
“Nuestros hijos no son sujetos de apropiación”, afirmó, al destacar que el centro de cualquier decisión debe ser siempre el bienestar de niñas, niños y adolescentes.
Finalmente, reflexionó sobre otro desafío pendiente: la salud mental masculina. Aunque las nuevas generaciones muestran mayor apertura hacia la terapia psicológica, muchos hombres adultos siguen resistiéndose a pedir ayuda debido a creencias asociadas con fortaleza o autosuficiencia.
Para Guillermo Aguirre, la paternidad contemporánea exige desaprender muchos modelos heredados y construir otros nuevos desde la corresponsabilidad, la empatía y la presencia afectiva.
Porque quizá la gran transformación de estos tiempos no sea que los padres hayan dejado de proveer, sino que hoy se reconoce que eso, por sí solo, ya no basta.
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Los hijos necesitan tiempo, escucha, acompañamiento y amor expresado en lo cotidiano. Y en esa nueva forma de ejercer la paternidad, estar presente se ha convertido en uno de los actos más importantes de cuidado y responsabilidad.


