El Congreso de Estados Unidos volvió a colocar en el centro del debate el movimiento #MeToo, que hace casi una década transformó la forma de afrontar los casos de acoso sexual en el mundo, y actualmente atraviesa una profunda reflexión sobre la cultura del silencio que rodea este tipo de situaciones.
La renuncia de los congresistas Tony Gonzales y Eric Swalwell, ambos señalados por presunta conducta sexual inapropiada, sacudió al Capitolio durante abril y reabrió una discusión que parecía superada dentro de la institución.
Mientras Swalwell rechaza las acusaciones de agresión sexual, Gonzales reconoció haber mantenido una relación con una subordinada que posteriormente se suicidó.
El Congreso también enfrenta un tercer caso, luego de que el Comité de Ética informara esta semana que investiga al republicano Chuck Edwards, debido a que “pudo haber creado o fomentado un ambiente de trabajo hostil y haber incurrido en acoso sexual”.

“Tolerancia cero ante el acoso”
El congresista demócrata Ro Khanna afirmó que “la rápida respuesta a la noticia sobre Swalwell en el Capitolio y el apoyo bipartidista a la rendición de cuentas demuestran que la cultura en los casos de abusos podría estar empezando a cambiar. Debe haber tolerancia cero ante el acoso”.
“Las personas en posiciones de poder ya no pueden jugar con reglas diferentes”, sostuvo el representante por California, quien además destacó que “el Comité de Ética está llevando a cabo investigaciones”.
“Debemos mantener la presión y garantizar la transparencia y la rendición de cuentas”, añadió.
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Khanna consideró que más personas podrían animarse a denunciar, ya que “durante demasiado tiempo, las víctimas han tenido miedo de hablar por temor a represalias”.
“Esperemos que esto empiece a cambiar”, concluyó.
El legislador también fue uno de los impulsores de la ley que obligó a publicar documentos relacionados con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Aunque reconoció que “aún nos queda mucho camino por recorrer para solucionarlo”, valoró las acciones recientes al considerar que “representan un pequeño paso adelante”.

Buscan terminar con la “cultura del silencio”
Aunque la primera ola del #MeToo marcó un antes y un después en la forma de enfrentar los casos de acoso y abuso sexual, y permitió reformar la Ley de Responsabilidad del Congreso en 2018, la cultura del silencio se ha mantenido dentro del Capitolio.
De acuerdo con un estudio de la Liga Nacional de Defensa de las Mujeres, al menos 30 miembros del Congreso han sido acusados de acoso sexual en los últimos 20 años, aunque la cifra podría ser mayor debido a que pocos casos se denuncian públicamente.
Las críticas por la falta de transparencia y la lentitud en las investigaciones aumentaron tras los casos recientes y reactivaron el espíritu del movimiento surgido hace casi una década.

Esta semana también se anunció una alianza bipartidista entre el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el líder demócrata Hakeem Jeffries, con el objetivo de reformar y agilizar la manera en que el Congreso atiende este tipo de denuncias.
El impacto del #MeToo llevó a que el movimiento fuera reconocido como Persona del Año por la revista Time en 2017 y contribuyó a que un número récord de mujeres contendiera por cargos públicos en las elecciones intermedias de 2018.
Ahora, el Congreso estadounidense enfrenta una nueva etapa en la que se pondrá a prueba hasta dónde pueden llegar los cambios dentro del corazón de la política de Estados Unidos.
Con información de EFE.


