
“Todas y todos vamos a serenarnos”. Con estas palabras, Citlalli Hernández partió plaza en el salón de conferencias de prensa de la sede nacional de Morena, el pasado jueves 16 de abril. Horas antes, la presidenta Claudia Sheinbaum había anunciado su renuncia a la Secretaría de las Mujeres, una cartera del gabinete recién creada por la primera presidenta de la República, que ahora ha quedado a la deriva.
En aquella mañana, se supone que el Comité Ejecutivo Nacional de Morena habría sesionado para elegir a la exfuncionaria como presidenta de la Comisión de Elecciones del partido, una posición estratégica en la que sólo hay cuatro sillas adicionales: Luisa María Alcalde, presidenta del partido; Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización e hijo del fundador; Carolina Rangel, secretaria general, y Álvaro Bracamonte, secretario técnico del Consejo Nacional del partido.
La exsecretaria de las Mujeres ha regresado al partido-movimiento por encargo de la presidenta Claudia Sheinbaum, con la instrucción de poner orden, evitar que la pugna por las candidaturas del próximo año ahonde las diferencias y, primordialmente, recomponer la relación con las dirigencias del Partido Verde y el Partido del Trabajo, aliados fundamentales para volver a ganar la mayoría en la Cámara de Diputados en 2027.
Con 35 años de edad, Citlalli Hernández, “Citla”, como la llamaron Sheinbaum y la presidenta del partido ese día, es un cuadro hecho en casa, con una trayectoria destacada como militante de base, líder juvenil, legisladora y secretaria general del partido de 2020 a 2024. En mancuerna con el dirigente Mario Delgado, fue la responsable de la estrategia en las elecciones de 2021 y 2024, y se le conoce como la tejedora de las alianzas que permitieron a la coalición oficialista ganar más de 20 gobiernos locales y obtener la mayoría calificada en el Congreso de la Unión. Y para nadie es un secreto su cercanía con la presidenta Sheinbaum.
Con esas credenciales, su nombramiento ha sido interpretado como una intervención de la presidenta en el partido, en medio de una crisis múltiple.
Por un lado, el cisma en la alianza legislativa, provocado por la actitud del Verde y el PT durante el proceso fallido de reforma electoral de la presidenta, cuyas iniciativas naufragaron por el rechazo de ambos partidos. Diferencias que ya se han expuesto también en lo electoral: la alianza ya se rompió este año en Coahuila, donde el Verde corre con sus propios candidatos en la lucha por el Congreso local. Y, de cara al 2027, el PVEM ya destapó candidatos propios en 11 entidades, especialmente en San Luis Potosí, donde el gobernador Ricardo Gallardo y su esposa, la senadora Ruth González, se declararon listos para refrendar la gubernatura sin ayuda de Morena. Otros episodios han mostrado las fisuras en el oficialismo, como el activismo del PT en contra del gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, en su proceso de revocación de mandato, o la campaña emprendida por algunos morenistas en contra de los líderes petistas luego de su negativa a aprobar íntegramente el plan B de la presidenta.
Tanto Citlalli Hernández, como Luisa María Alcalde, tuvieron que reconocer el jueves que el movimiento en la Comisión de Elecciones obedece a la necesidad de recomponer la relación con los aliados, de cara a un proceso electoral en el que se renovarán la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, miles de ayuntamientos en 31 entidades y 30 Congresos locales. “Vamos a ir juntos; es también la idea de la suma de Citlalli, que pueda dar seguimiento a la mesa de alianzas y crear espacios de diálogo para atender, sobre todo, los casos de diferencias locales”, dijo Alcalde.
En la misma lógica, la nueva presidenta de la Comisión de Elecciones esbozó sus prioridades: fortalecer la alianza para mantener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, refrendar sus Gobiernos locales (de los 17 estados que renuevan gubernatura, la 4T tiene actualmente 11) y ampliar sus posiciones locales y municipales.
Por otro lado, el nombramiento de Citlalli Hernández pone en evidencia la crisis en la que Luisa Alcalde y Andy López Beltrán han sumido al partido oficial. La llegada de la exsecretaria de las Mujeres anuncia un reacomodo dentro del partido gobernante, donde todos los días se tiene que salir al paso a los rumores sobre una presunta renuncia de su presidenta nacional, quien hace apenas unos días tuvo que aclarar que pretende seguir en el cargo, con un matiz: “La única razón por la que dejaría esta responsabilidad sería por un llamado de nuestra presidenta para ayudarla a seguir fortaleciendo la transformación”.
Así, el nombramiento de Hernández también busca reconstruir la estabilidad perdida en la cúpula de Morena.
En sus primeras declaraciones públicas, ella minimizó la situación en la que llega a retomar sus labores partidistas y, al más estilo obradorista, achacó a los medios la versión de una crisis. “El pueblo de México quiere en su mayoría una transformación y siempre hay quienes buscan detener la transformación, quienes buscan tergiversar, quienes buscan dañar a nuestros liderazgos, quienes buscan difundir mentiras, difundir odio y creo que vale la pena decirlo aprovechando este nombramiento: juntos, Morena, PT y Verde, seguiremos haciendo historia, de eso estamos convencidas”, dijo.
El carácter y trato de Citlalli pueden ayudar. No es casual que su llegada haya sido tan celebrada por el Partido Verde y el PT, cuyos dirigentes anhelaban alguien con quien poder hablar en la dirigencia de Morena.
También le ayudará el respaldo y confianza desde Palacio Nacional. La presidenta confía plenamente en “Citla”. De hecho, en Morena muchos aseguran que ella -y no Luisa- era la elegida de Sheinbaum para hacerse cargo del partido en septiembre de 2024. Pero, en ese entonces, quien mandaba en el partido y en el país aún era el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aprovechó su último mes de gobierno para hacer amarres que, a la larga, terminaron por maniatar a su sucesora.
Sólo el tiempo dirá si lo de Citlalli fue un golpe de timón que le da a Sheinbaum el control del partido y su movimiento del gobierno al partido es una especie de enroque adelantado. Si Luisa Alcalde recibe pronto el “llamado presidencial” para ocuparse de alguna cartera en el gobierno federal, o si el trabajo de Citlalli será lidiar con la actual dirigente y con el secretario de Organización en el largo año por venir antes de las elecciones de junio de 2027. Presidiendo una comisión que es estratégica y tratando de mediar, poner orden, resucitar la alianza y, como ella misma dijo, “serenar a todas y todos”.


