
La Constitución de 1917, vía articulo 123, estableció en nuestro país el salario mínimo; ningún trabajador de este país debe o debería ganar por debajo del mínimo. En complemento al 123, en enero de 1934, bajo la presidencia de Abelardo L. Rodríguez se promulgó la primera ley de salarios mínimos. Todos sabemos que, por laborar una jornada, nadie debe recibir un sueldo por debajo del salario mínimo.
Bajo la conducción de los gobiernos de la 4T, de 2018 a 2026, en acuerdo con los sectores obrero y empresarial, el salario mínimo ha pasado de 88.36 pesos en 2018 a 315.04 en el presente año; un crecimiento porcentual de un poco mas del 250 por ciento, un hecho, por cierto, sin precedentes en los últimos 30 años.
Precisamente en la lógica de que nadie debe ganar por debajo del mínimo y en consecuencia del crecimiento acumulado del salario de 2018 a 2026, algunos sectores se han ido quedando por debajo de lo señalado en el 123 constitucional. Es el caso de los trabajadores manuales y administrativos agrupados en el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad de Sonora (STEUS).
La Unison tiene 2,300 empleados administrativos y de servicio sumando los del STEUS y los del Sindicato Independiente de la Universidad de Sonora (SIUS), lidereado por Dorotea Rascón, aclarando que la titularidad del contrato colectivo la tiene el STEUS. Del total de empleados administrativos sindicalizados, 1,512 reciben un sueldo tabular por debajo del salario mínimo, es decir, al margen del 123 constitucional.
La situación anterior ha tensado la relación laboral entre la autoridad universitaria y los trabajadores manuales y administrativos; recordemos que se está en la etapa final de la revisión contractual. De hecho, el STEUS tiene emplazada a huelga a la institución para este día. Hoy votan la oferta económica que la universidad ha puesto sobre la mesa de negociación.
Lo cierto es que los trabajadores tienen derecho a recibir una remuneración por encima del salario mínimo, que para este año es de 9,582 pesos mensuales. Los trabajadores tienen el derecho y la administración universitaria tiene la obligación de retribuírselos en cumplimiento al mandato constitucional. Existe un contrato colectivo firmado entre las partes, es correcto, pero también es cierto que el contrato que tienen firmado no puede estar por encima del 123 constitucional.
Al parecer la administración universitaria no visualizó el problema que se les venía con ese sector de trabajadores por los incrementos al salario mínimo general que se han venido otorgando de 2018 a la fecha. Se escucha a los funcionarios universitarios atrincherados bajo un oficio que contiene la política salarial para este 2026 que para el caso les hace llegar desde principios de cada año la SEP.
La administración universitaria debe avocarse a resolverle a sus trabajadores administrativos la situación en la que se encuentran. Es el patrón: debe buscar opciones, propuestas para gestionar y encaminarse a resolver la problemática. Deben actualizar el convenio de apoyo financiero que vienen firmando cada año con el gobierno estatal y con el gobierno federal. Utilizan el mismo formato desde hace muchos años.
No se debe permitir que más del 60 por ciento de los trabajadores manuales y administrativos de la Universidad de Sonora tengan sueldos por debajo del mínimo. Creemos que las partes entienden la magnitud del conflicto en el que se encuentran en este momento: el trabajador tiene el derecho, y lo debe exigir; la autoridad universitaria tiene la obligación y la debe cumplir.
Más claros no podemos ser. Las partes deben llegar a un acuerdo: los trabajadores exigiendo sus derechos y la autoridad universitaria dejando de lado su desinterés por este importante sector de trabajadores. Lo cierto es que la moneda está en el aire y hoy los trabajadores del STEUS votarán “Huelga sí” o “Huelga no”. Más tarde sabremos hacia dónde se inclinó la balanza.
Si la huelga estalla, será responsabilidad única y exclusiva de la autoridad universitaria, a menos que al cuarto para las doce, suele suceder, el gobierno estatal entre al rescate con alguna propuesta que mitigue en algo la difícil situación por la que pasan los trabajadores administrativos y de servicio de nuestra alma mater.


