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lunes, abril 6, 2026

La democracia según la cuarta transformación

Noticias México

Reportan hackeo a sistema de la Marina que controla a los operadores portuarios en México

Un presunto ataque cibernético habría comprometido información sensible de más de 640 mil operadores portuarios registrados en la plataforma Puerto Inteligente Seguro (PIS), sistema utilizado por la Secretaría de Marina para el control de accesos en puertos del país.

Industriales y organismos de transportistas se deslindan de paro general y llaman a privilegiar el diálogo

La Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) y organismos del sector autotransporte informaron que no participarán en el paro nacional convocado para este 6 de abril, al tiempo que hicieron un llamado a privilegiar el diálogo y la continuidad de las actividades productivas en el país.

Muere hombre tras ser arrollado por su esposa al reparar camioneta en Nuevo León

Un hombre de 46 años perdió la vida luego de ser arrollado accidentalmente por su esposa mientras realizaba reparaciones a su camioneta en la colonia Tierra Propia, en el municipio de Guadalupe.
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“Que el pueblo decida”, fue la consigna con la que Andrés Manuel López Obrador ejerció el poder presidencial. Aún antes de convertirse en presidente, el líder de Morena puso en manos del pueblo una decisión crucial para el país: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, obra faraónica iniciada en 2014 por Enrique Peña Nieto en los terrenos del Lago de Texcoco.

La consulta sobre la continuación del NAIM, o su cancelación para habilitar un aeropuerto civil en la base militar de Santa Lucía, fue un primer ensayo de democracia directa promovido por el entonces presidente electo; participaron en el ejercicio un millón 96 mil personas, de las cuales 747 mil (casi 70%) votaron por cancelar la obra. Las mesas de votación estuvieron abiertas entre el 25 y el 28 de octubre y la consulta careció de rigor técnico, controles estrictos sobre la recepción y escrutinio de los votos y, sobre todo, ignoró por completo al Instituto Nacional Electoral, que era la instancia constitucionalmente habilitada para llevar a cabo consultas populares.

Claro, de haberla hecho el INE, la consulta habría tenido más rigor y confiabilidad, y probablemente mayor participación; pero hubiera sido mucho más costosa, y Andrés Manuel hubiera tenido que esperarse uno o dos años para poderla promover legalmente, buscar el consentimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para autorizar la pregunta, y aguardar el cumplimiento de una serie de requisitos para que el INE la organizara con todos los requisitos legales y los complejos trámites burocráticos de la democracia institucional. Y Andrés Manuel no tenía tiempo.

La consulta sobre el aeropuerto fue la primera, pero no la única que hizo el presidente electo en la etapa de transición. El 24 y 25 de noviembre, 946 mil personas participaron en una consulta de diez preguntas sobre los proyectos prioritarios que se echarían a andar a partir del 1 de diciembre de 2018, una vez que Andrés Manuel asumiera la Presidencia de la República. El Tren Maya, el Tren Interoceánico, la Refinería de Dos Bocas, el programa Sembrando Vida, el Jóvenes Construyendo el Futuro, el incremento a la pensión a adultos mayores y otros programas que caracterizaron el sexenio recibieron un aval popular antes de que el nuevo presidente se instalara en Palacio Nacional.

“Váyanse acostumbrando”, sentenció Andrés Manuel cuando dio a conocer los resultados de estas consultas. Así gobernaría, y así marcaría un estilo que confrontó la idea que hasta entonces teníamos de democracia.

Nunca antes, uno de los presidentes electos después de la transición había apelado al significado literal y etimológico de la palabra democracia, para gobernar. Lo dijo una y mil veces en las conferencias mañaneras: “demos, pueblo; kratos, poder”. Y ese fue el sello de su gobierno, que muy pronto fue criticado, descalificado y confrontado por las autoridades electorales, los ministros de la Corte y una buena parte de la comentocracia, habituada a los presidentes débiles y sometidos que desfilaron por Los Pinos desde 1994 hasta 2018: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

El inédito desafío de Andrés Manuel a lo políticamente correcto y a las reglas de la democracia instrumental generó una disputa por la democracia misma, con desplantes y excesos de uno y otro lado. Nunca en ningún sexenio se había debatido tanto sobre la democracia como en el de López Obrador, que hizo de lo electoral un tema habitual de sus conferencias y un terreno de batalla en el que desarmó y derrotó contundentemente a sus opositores.

De esa batalla habla el libro “Que el pueblo decida. La democracia según la Cuarta Transformación” (Grijalbo, 2026), una obra que pongo a consideración de las y los lectores con esa ilusión de quien escribe con ganas de encontrar ojos y mentes interesadas en recordar, rememorar, entender, descifrar y discutir nuestras realidades.

Este no es análisis desde la ciencia política o un manifiesto a favor o en contra de uno de los bandos en disputa. No es un libro anti-AMLO, ni un ardid propagandístico en favor de la Cuarta Transformación. (De ambas cosas están llenas las redes sociales). Se trata de un libro de crónica periodística, hecho a partir del trabajo habitual de un periodista que tuvo el privilegio de presenciar los episodios narrados desde una de las butacas de primera fila.

La crónica, dice el maestro Martín Caparrós, es una manera de decir que el mundo también puede ser otro; la crónica es política por naturaleza. Y, por lo tanto, este libro tampoco es un relato inocente ni carente de matices y de los sesgos naturales que tiene cualquier persona ante los hechos, ya sea por su carácter, su experiencia vital o su ideología.

El libro es un relato cronológico, con saltos y vaivenes; es una invitación a recordar y a recrear, en cámara lenta, hechos que ocurrieron a una rapidez extraordinaria y con una simultánea sucesión de episodios y declaraciones que dificultaron su análisis y comprensión. Es una crónica política del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, centrada en uno de los tópicos que le dieron cuerda a su sexenio: las elecciones y sus instituciones, la democracia y sus actores, el sistema político y el pueblo como protagonista principal del cambio.

El libro está organizado en siete capítulos; siete crónicas que tienen un principio y un final, pero que al mismo tiempo están conectadas entre sí. Todo comienza en Texcoco, sigue en la pandemia, continúa en la consulta del juicio a expresidentes y en la revocación de mandato; hace una parada obligada en los intentos de reforma político-electoral impulsados por Andrés Manuel, y desemboca en dos grandes episodios electorales: las presidenciales de 2024 y la elección judicial de 2025.

La reforma electoral intentada por la presidenta Claudia Sheinbaum solo se toca en un epílogo, en el que apenas se alcanza a esbozar el complejo panorama que enfrentaría la presidenta para concretarla. Sin embargo, lo narrado en el libro puede ayudar a entender por qué fracasó la reforma de fondo que quería originalmente Sheinbaum, y por qué tuvo que conformarse con la mini reforma que va a aprobarse esta semana en el Congreso.

Un apunte final, pero no menos importante

Comencé a darle forma a este libro desde finales de 2022, cuando ya tenía mucha información recopilada sobre los episodios de 2019 y 2020, las elecciones de la pandemia, la enorme cita electoral de 2021, los ejercicios de participación ciudadana promovidos por AMLO y la constante confrontación entre Morena y el INE.

Sin embargo, fue hasta agosto de 2025 cuando tuve tiempo de escribir. Dos hechos me dieron el impulso final: la muerte de mi mamá, ocurrida el 8 de julio y, dos semanas después, mi salida abrupta de Animal Político tras un conflicto irreconciliable con los dueños de ese medio, del que fui subdirector dos años y director editorial entre febrero y julio. Después de 33 años de trabajo ininterrumpido, vislumbraba el desempleo como mi peor pesadilla, pero al final pude ocupar esas semanas infinitas para concretar un sueño, el escribir y publicar este libro, que les comparto con mucho cariño y emoción.

La desolación es a veces el mejor lugar para encontrarse a sí mismo, o al menos para ubicarse. Es ahí donde sabes realmente a quién tienes cerca y a quiénes solo creías que tenías cerca. Es el lugar donde descubres y valoras el verdadero significado de las palabras familia y amistad. En mi caso, en primerísimo lugar están ahí mi esposa Ximena y mis hijos Nicolás y Alejandro, cuyo amor sigue siendo mi mayor y mejor impulso. Después, mis amigos Vane y David, que me mantuvieron a flote en los peores momentos y se volvieron mis confidentes y cómplices principales en esta aventura, y que junto con Samuel, Gerardo, Ireri, Érika, Adriana y Wilbert, formamos ese grupo disperso y adicto a la música, el cine, la literatura y la política.

Gracias a Daniel Moreno, Gabriela Warkentin, Luis Alberto Medina, Arturo Rodríguez, Nacho Rodríguez Reyna, Carmen Aristegui, René Delgado, Roberto Zamarripa, María Luisa Díaz de León y Lázaro Ríos, que en diferentes etapas confiaron en mí e impulsaron mi carrera como periodista. Gracias a Andrés Ramírez, Enrique Calderón, Eduardo Flores y en general a la banda de Penguin Random House y de Grijalbo, por volver a confiar en mí.

Gracias a las trabajadoras y trabajadores del INE, de quienes aprendí mucho durante más de tres años como asesor del Consejo General; gracias a Lorenzo, Edmundo y sus equipos, por la oportunidad de conocer las entrañas de las elecciones en México.

Muchas gracias a todas y todos mis colegas que, con su amistad, sus conversaciones, sus consejos, su trabajo, su ingenio, su presencia, su heroísmo o simplemente con su ejemplo cotidiano, me sirven de inspiración para seguir ejerciendo el oficio más hermoso del mundo. Gracias a Javi, Luis Pablo, Jan y a todas y todos los compañeros de EL PAÍS, mi nueva casa editorial, en la que estudié un máster en 1998 y a la que siempre había querido regresar.

Y, finalmente, gracias a las muchas personas que me quieren, me acompañan, me leen, me escuchan, me critican, me comentan y me honran con su confianza y su lectura. Este libro es para ustedes.

Y recuerden: todos los personajes de este relato son reales, cualquier parecido con una ficción es mera coincidencia.

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