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viernes, marzo 13, 2026

¿A qué hueles, Hermosillo?

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Por Patricia Montes Stefanoni

Hermosillo solía oler a carne asada; era casi un símbolo de identidad. Bastaba inhalar hondo para percibir ese aroma suspendido en el aire, tan intenso que uno casi abría la boca como si pudiera saborearlo.

Pero desde hace algunos años algo cambió. Comenzamos a respirar algo distinto: el humo de las quemas de basura y de llantas en lotes baldíos, de incendios en centros de acopio, tiraderos clandestinos o casas abandonadas. Con el tiempo, la frecuencia de estas escenas terminó incorporándose al paisaje de la ciudad.

Poco a poco lo normalizamos. También dejamos de cuestionarlo. Un proceso silencioso que el sociólogo Pierre Bourdieu llamó habitus: la manera en que las sociedades se acostumbran a aquello que antes parecía extraño. Tal vez por eso llegó un momento, en que, ver columnas de humo sobre la ciudad dejó de llamar nuestra atención.

A primera vista podría parecer parte de la vida cotidiana ver ladrilleras o sitios identificados donde se queman cacharros conviviendo tan cerca de zonas habitacionales y escuelas. Sin embargo, al observarlo con mayor detenimiento surge una inquietud difícil de ignorar:

¿qué tanto estamos relacionando el ambiente de la ciudad con la salud de quienes vivimos en ella?

Muchas veces reaccionamos solo cuando el problema nos alcanza de manera personal. No somos una cultura que previene; somos una cultura que lamenta.

Esta preocupación también ha sido advertida desde la evidencia científica. La investigadora de la Universidad de Sonora, Diana Meza Figueroa, ha documentado la presencia de metales como níquel, cromo y manganeso en partículas suspendidas en el aire. Estos contaminantes pueden provocar estrés oxidativo en el organismo, un tipo de daño celular asociado con diversos padecimientos y que afecta especialmente a personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes u otras condiciones crónicas.

Si bien establecer relaciones directas entre contaminación y enfermedades específicas requiere mayor evidencia local, a nivel internacional existen regulaciones sobre partículas finas como las PM2.5 debido a sus efectos en la salud. Estas partículas no provienen de una sola fuente: se generan en procesos industriales, emisiones vehiculares y también en la combustión de materiales a cielo abierto.

El panorama sanitario del estado ayuda a dimensionar la relevancia de esta discusión. Cifras del INEGI indican que las enfermedades del corazón, la diabetes y el cáncer continúan siendo las principales causas de muerte en Sonora.

En ese contexto también se han documentado incrementos en incidentes asociados a la acumulación de residuos. El Departamento de Bomberos de Hermosillo informó que, de los 3,342 incendios registrados en 2025, el 58 % estuvo relacionado con quema de basura y maleza.

Aunque estos focos se concentren en determinados puntos, el aire no reconoce fronteras. Circula por cada espacio habitado y el humo que surge en un lugar termina respirándose en otro.

Esto sugiere que persisten condiciones urbanas que permiten que estas escenas se repitan. También revela un problema más profundo: la forma en que la ciudad genera, acumula y dispone residuos que suelen quedar fuera de la recolección cotidiana, como llantas, muebles, electrónicos o electrodomésticos.

Ahí surge el verdadero desafío: ¿cómo lograr esfuerzos de prevención, ciudadanos e institucionales, que no vuelvan a comenzar con cada administración, sino que se conviertan en políticas capaces de sostenerse en el tiempo?

Sobre todo, entender que el bienestar de una ciudad no es solo un asunto individual, sino una responsabilidad compartida.

Porque si las ciudades también se definen por lo que respiran, entonces:
¿a qué queremos que vuelva a oler Hermosillo?


La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Presidenta del Colectivo Ambientalista de Sonora. Integrante de Transform Our World. Ciudadana. Comediante. Integrante de la Red HCV.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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