Hermosillo, Sonora.- Hay historias que nacen del dolor, pero se sostienen en la constancia: este fue el caso de Escarlet Leyva, que comenzó cuando apenas era una niña y vio cómo su primer gatito, ‘Rafita’, sufrió maltrato por parte de vecinos.
Esa experiencia no solo la marcó emocionalmente, le sembró una idea fija que la acompañó durante años, prometiendo que algún día haría algo para evitar que otros animales pasaran por lo mismo.
Con el tiempo, esa promesa se convirtió en acción concreta, cuando sin recursos, sin estructura y sin reflectores, empezó a rescatar gatos en situación de abandono utilizando lo poco que tenía a su alcance.

Mientras cursaba la universidad y trabajaba en empleos de medio tiempo, destinaba su sueldo a consultas veterinarias, esterilizaciones y alimento.
“Desde muy chiquita he tenido un amor muy profundo por los animales, especialmente por los gatitos. Lo que viví con ‘Rafita’ me dejó una herida que nunca se fue, pero también me dejó una promesa. Siempre cargué conmigo la idea de que, cuando pudiera, iba a salvar a todos los que estuvieran en mis manos”, expresó.
Así nació Adopciones Aragón, primero como un esfuerzo personal y después como un proyecto formal. Durante años trabajó completamente sola: rescataba, trasladaba, cuidaba, gestionaba adopciones y difundía los casos. No había horarios ni descansos; solo urgencias.
Uno de los rescates que marcó un antes y un después fue el de ‘Manuel’ y ‘Princesa’, dos pequeños que sobrevivieron tres días atrapados dentro de una pared, luego de que su madre muriera atropellada. El caso evidenció no solo la vulnerabilidad de los animales, sino la indiferencia de quienes presenciaban la situación sin intervenir.
“Lo que más me dolió no fue solo el estado en el que estaban, sino la indiferencia. Había personas que sabían lo que estaba pasando y aun así decidían no actuar. Ahí entendí que no solo se trata de rescatar animales, sino de cambiar la mentalidad de las personas”, señaló.
Conforme aumentaban los rescates también crecían las deudas veterinarias, pues llegó el punto en que los gastos superaron los 100 mil pesos en casos críticos. Fue entonces cuando decidió abrir redes sociales para transparentar su trabajo y solicitar apoyo ciudadano.
La respuesta comenzó a llegar poco a poco y el proyecto dejó de ser únicamente local; actualmente coordina adopciones y apoyos en distintas ciudades del país, mientras que desde Hermosillo continúa impulsando campañas de esterilización y promoviendo la tenencia responsable como eje principal de cambio.
El pasado 25 de febrero, su labor fue reconocida con el Premio Estatal de la Juventud en Protección Animal. Más que un logro individual, lo considera un respaldo público a una causa que muchas veces se sostiene desde el voluntariado y la solidaridad comunitaria.
“A veces sentimos que la ayuda no alcanza y que los casos nos rebasan, pero he aprendido que de poquito en poquito sí se pueden cambiar realidades. Cada esterilización, cada adopción responsable, cada persona que decide no ser indiferente, suma muchísimo más de lo que imaginamos”, aseguró.
Hoy, su enfoque no está solo en reaccionar ante la emergencia, sino en prevenir, educar desde la infancia, fomentar la empatía y promover la esterilización masiva son para ella la verdadera solución a largo plazo.
La historia de Escarlet no habla únicamente de rescates; habla de coherencia, de perseverancia y de convertir una herida en propósito, en una sociedad donde el abandono animal suele normalizarse, su trabajo demuestra que la diferencia puede comenzar con una sola persona dispuesta a no mirar hacia otro lado.










