Las temperaturas extremas registradas en Hermosillo durante febrero, el mes más caluroso desde 1964, son una señal clara de los efectos del cambio climático y de un modelo de desarrollo que ya muestra sus límites, advirtió el especialista José Antonio Benjamín Ordóñez.
En entrevista para Proyecto Puente, el experto explicó que el uso constante de combustibles fósiles, el consumo excesivo de energía y la falta de planeación urbana han alterado la composición de la atmósfera, provocando temperaturas atípicas que no solo afectan a Hermosillo, sino a otras ciudades de Sonora como Cajeme, Guaymas y San Luis Río Colorado.
Ordóñez señaló que enfrentar este escenario requiere acciones colectivas, desde replantear la forma de construir viviendas y recuperar áreas verdes, hasta reducir el uso del automóvil y el consumo energético.
Advirtió que mantener el actual ritmo de crecimiento hará que estas condiciones extremas sean cada vez más frecuentes.
Finalmente, subrayó que el cambio climático ya no es un problema futuro, sino una realidad presente, por lo que llamó a la ciudadanía y a las autoridades a actuar de manera conjunta para evitar que las altas temperaturas pongan en riesgo la calidad de vida en la región.
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