Por Luis Enrique Ortiz
Hermosillo, Sonora.- Estudiantes de la Universidad Tecnológica de Etchojoa (UTE), en su mayoría de origen indígena yoreme-mayo, participan en el desarrollo de una nueva variedad de chiltepín que destaca por su alto rendimiento, bajo consumo de agua y resistencia a la sequía, con un impacto positivo tanto en la economía regional como en el empleo.
El 84% del alumnado de la UTE se auto adscribe como indígena yoreme-mayo y, en el llamado “triángulo dorado” que conforman las comunidades de Basconcobe, El Sahuaral y Tiriscohuasa, se localiza un microclima privilegiado donde fue creada esta nueva variedad del picante, conocida entre los propios estudiantes como “la variedad Tirisco”.

Este desarrollo es resultado de un programa de mejora genética iniciado en 2014 por el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), mediante un esquema de cruzas con 11 variedades provenientes de Baja California Sur, Sinaloa y Sonora.
Desde entonces, la UTE se integró al proyecto y, tras doce años de trabajo, se logró una planta no solo más productiva, sino también más fácil de cosechar, al reducir prácticamente a la mitad su altura respecto a las variedades originales que superaban los dos metros.

La nueva variedad de chiltepín puede cultivarse a cielo abierto, con altos rendimientos y hasta tres cosechas al año, alcanzando alrededor de cuatro toneladas por hectárea, lo que se traduce en ingresos muy superiores a los de cultivos tradicionales como cereales, oleaginosas u hortalizas, pero con un consumo de agua considerablemente menor.
“Mucha gente tiene la idea de que el chiltepín solo prospera a la sombra de los mezquites o en algún tipo de agricultura protegida”, explicó el rector de la Universidad Tecnológica de Etchojoa, José Félix Gómez Anduro, quien precisó que esta nueva variedad es altamente productiva en condiciones de sol directo durante casi todo el año.
Experiencias similares desarrolladas en Sinaloa, bajo la misma asociación con el CIBNOR, registran rendimientos de hasta 160 gramos por planta. En una hectárea, donde suelen sembrarse alrededor de 10 mil plantas, la producción puede alcanzar los mil 600 kilos por cosecha, con hasta tres ciclos anuales.

El chiltepín, comercializado a pie de parcela, puede alcanzar precios cercanos a los 700 pesos por kilo, lo que, al multiplicarse por una producción anual de hasta cuatro toneladas y media, representa ingresos superiores a los tres millones de pesos por hectárea.
De acuerdo con Gómez Anduro, esta variedad muestra una alta resistencia al estrés hídrico, lo que la convierte en una alternativa viable para procesos de reconversión agrícola o para el inicio de nuevos negocios más sostenibles.
“Consume mucha menos agua que la gran mayoría de los cultivos convencionales, incluido el cártamo”, puntualizó.

Además de su viabilidad económica y su mejor relación con el medio ambiente, el llamado ‘oro rojo’ genera una importante cantidad de empleos, especialmente cuando se produce bajo esquemas agroecológicos. “Es un cultivo social”, subrayó el rector de la UTE.
La próxima pizca en los campos experimentales de la universidad está prevista para abril, con la expectativa de acercarse a los rendimientos observados en Sinaloa, de alrededor de 150 gramos por planta.
Para la reconversión productiva, el autoempleo o el arranque de nuevos proyectos, este picante, cuya demanda crece más allá de las fronteras de Sonora, representa una opción atractiva.

Su comercialización no se limita al producto fresco o seco, sino que se extiende a salsas, aderezos y conservas, lo que permite incrementar los ingresos mediante procesos de valor agregado.
Finalmente, Gómez Anduro destacó que, de manera paralela, los estudiantes de la UTE aprenden a elaborar insumos agroecológicos aplicables a distintos cultivos, aunque también se forman en procesos que utilizan fertilizantes y controles de plagas desarrollados en laboratorio, de acuerdo con las exigencias actuales del mercado laboral.


