Hermosillo, Sonora.- Entre el movimiento cotidiano en la Plaza Zaragoza de Hermosillo, una escena distinta logró robarse algunas miradas y provocar sonrisas.
Jesús caminaba por el lugar con una mochila portátil al hombro, pero no se trataba de un accesorio común: dentro viajaba Luna, su pequeña gatita, que se asomaba curiosa mientras exploraba con calma el quiosco del centro de la ciudad.

Jesús acudió a la zona para atender algunos asuntos personales y mover unos papeles, y decidió aprovechar la vuelta para darle un pequeño paseo a su felina, que ya tiene poco más de un año.
Lejos de mostrarse inquieta, Luna se veía tranquila y confiada, comportándose de manera dócil ante el entorno y el paso constante de personas. La cercanía entre ambos dejaba ver una relación de cuidado y confianza, en la que la gatita se mantiene siempre segura al lado de su dueño.

La historia de Luna comenzó como un regalo para los sobrinos de Jesús, pero, como suele decirse, los gatos eligen a su persona. Fue ella quien se apegó a él. Desde entonces duerme a su lado, lo sigue por la casa y suele acomodarse cerca de su cama. Incluso, cuando Jesús regresa de su turno nocturno de trabajo, Luna lo espera en la puerta, como parte de su rutina diaria.
“Se la regalaron a mis sobrinitos, pero como dicen que los gatos escogen al dueño. Ella se apegó más a mí…duerme junto conmigo, me sigue donde quiera, me obedece. Se acuesta cerca de mi cama. Cuando llegara el trabajo, el turno de la noche, ahí me estaba esperando en la puerta”.
El nombre lo eligió una de sus sobrinas, y su carácter combina calma y juego. Jesús la describe como dócil, aunque también reconoce que puede ser caprichosa y enérgica cuando se estresa o quiere jugar, sin medir a veces sus mordidas o arañazos.

Aun así, su día a día transcurre entre largas siestas, alimento siempre disponible, agua fresca y algunos de sus sobres favoritos, que no pueden faltar.
Salir a pasear no es algo habitual, pero Luna lo acepta cuando se siente cómoda. En esta ocasión, la mochila le sirvió como refugio y mirador, desde donde observaba el entorno sin sobresaltos. Atenta a la voz de Jesús, se mantenía bien portada y tranquila, reflejando el cuidado constante que recibe.

En medio del ritmo urbano, la imagen de Jesús y Luna ofreció una postal distinta: la de un vínculo construido con paciencia y afecto, donde una gata encontró a su persona y un hombre ganó una compañera inseparable.


