La presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que, antes de avanzar en la eventual construcción de una planta desaladora impulsada por el estado de Arizona para abastecer de agua a Sonora, es indispensable realizar estudios ambientales, particularmente por el manejo de la sal que se genera en este tipo de procesos.
Durante su conferencia matutina de este martes 14 de enero, Sheinbaum explicó que, si bien la tecnología para desalar agua de mar existe, este tipo de plantas implica altos costos energéticos, por lo que normalmente se apoyan en energía solar, además de requerir condiciones específicas de mantenimiento y operación que deben garantizarse.
Sin embargo, subrayó que el principal problema de las desaladoras es qué hacer con la sal que se extrae del agua. En muchos casos, dijo, esta se devuelve al mar tras estudios técnicos que demuestran que puede diluirse sin afectar al ecosistema; no obstante, aclaró que no todos los mares tienen las mismas condiciones.
La mandataria federal enfatizó que el Golfo de California es una zona particularmente sensible, debido a su enorme biodiversidad, por lo que regresar la sal al mar en esta región podría representar riesgos ambientales si no se analiza a fondo.
Sheinbaum señaló que existen alternativas, como procesar la sal y darle distintos usos comerciales, no solo alimenticios, pero insistió en que cualquier proyecto de este tipo debe resolver previamente el impacto ambiental que tendría el manejo de estos residuos.
Asimismo, recordó que la zona del Alto Golfo de California cuenta con protección ambiental, lo que obliga a un análisis todavía más riguroso antes de autorizar una desaladora en esa región.
¿De qué trata el proyecto?
El proyecto de desaladora que ha generado debate en Sonora no es una obra aprobada por autoridades mexicanas, sino una propuesta impulsada desde el estado de Arizona, Estados Unidos, como alternativa ante la crisis hídrica que enfrenta esa región.
Proyecto Puente ha documentado que la iniciativa plantea la construcción de una planta desaladora de gran escala en la costa de Sonora, específicamente en la zona del Alto Golfo de California, para extraer agua del mar, desalinizarla y transportar el agua potable hacia Arizona mediante infraestructura hidráulica transfronteriza.
El planteamiento ha sido presentado y discutido en instancias técnicas y financieras del estado de Arizona, donde se han explorado esquemas de inversión y viabilidad, sin que exista hasta ahora autorización del Gobierno de Sonora ni del Gobierno de México.
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Uno de los puntos más controvertidos es la ubicación propuesta, ya que se trata de una región con protección ambiental y alta biodiversidad, lo que ha despertado preocupación entre especialistas y organizaciones por el impacto ambiental, especialmente por el manejo de la sal resultante del proceso de desalinización.
Al respecto, autoridades estatales en Sonora han negado que exista un proyecto formal, subrayando que no se ha presentado ningún plan oficial ni solicitud de permisos para la instalación de una desaladora con fines de exportación de agua.


