El consumo de productos del mar es una práctica extendida en la alimentación de millones de personas, debido a su aporte de proteínas, ácidos grasos esenciales y minerales.
No obstante, ciertos pescados y mariscos pueden representar un riesgo para la salud humana al acumular sustancias tóxicas derivadas de la contaminación marina, procesos biológicos y la cadena alimentaria.
Compuestos como el mercurio, las biotoxinas marinas y los microplásticos se encuentran entre los principales contaminantes detectados en especies marinas. Estas sustancias tienden a concentrarse en organismos ubicados en niveles altos de la cadena trófica o en aquellos que filtran grandes volúmenes de agua, lo que obliga a un consumo informado y moderado.
Atún: alto consumo, mayor exposición al mercurio
El atún es uno de los pescados más consumidos a nivel mundial, pero también uno de los que puede acumular niveles elevados de mercurio. Al tratarse de un depredador, este metal pesado se concentra en sus tejidos a lo largo del tiempo.
La exposición excesiva al mercurio puede afectar el sistema nervioso central y representar un riesgo significativo para el desarrollo neurológico de fetos y niños pequeños. Las especies de mayor tamaño, como el atún rojo, suelen registrar las concentraciones más altas.

Pez espada: sabor apreciado, consumo restringido
El pez espada es común en la gastronomía internacional, aunque su longevidad y tamaño favorecen la acumulación de contaminantes persistentes, especialmente mercurio.
Diversos estudios han vinculado su consumo frecuente con riesgos para la salud, particularmente en mujeres embarazadas y menores de edad, debido a la capacidad de estas sustancias de atravesar la barrera placentaria y afectar el desarrollo fetal.

Mejillones: filtradores expuestos a toxinas y microplásticos
Los mejillones son moluscos bivalvos que se alimentan filtrando grandes cantidades de agua, un proceso que facilita la acumulación de biotoxinas, metales pesados y microplásticos.
El consumo de mejillones contaminados puede provocar intoxicaciones agudas, cuyos síntomas van desde malestares gastrointestinales hasta afectaciones neurológicas, dependiendo del tipo y nivel de toxina presente.
Ostras: riesgo sanitario al consumirse crudas
Las ostras destacan por su capacidad de filtración, pero esta característica también las vuelve susceptibles a absorber bacterias, virus y toxinas presentes en aguas contaminadas.
El riesgo para la salud se incrementa cuando se consumen crudas, ya que la ausencia de cocción impide la eliminación de agentes patógenos, lo que puede derivar en infecciones y cuadros gastrointestinales severos.

Almejas: toxinas microscópicas con efectos visibles
Las almejas, al igual que otros moluscos filtradores, pueden acumular toxinas producidas por algas microscópicas, así como compuestos químicos presentes en el entorno marino.
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Las intoxicaciones asociadas a su consumo incluyen náuseas, vómitos y, en casos más graves, alteraciones neurológicas, lo que refuerza la importancia de su procedencia y correcta supervisión sanitaria.
Con información de Infobae


