En días pasados, la Cámara de Diputados aprobó la nueva Ley Orgánica de la Armada de México, iniciativa que fue enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La resolución precisa a la Armada, entre otros aspectos de naturaleza militar, a “coadyuvar en la seguridad interior del país”, para lo cual ejercerá facultades por sí sola o en colaboración con el Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional; así como con dependencias y entidades del Ejecutivo Federal.
Esto último resulta interesante en el marco de una de las nuevas atribuciones aprobadas en el Congreso para fortalecer este organismo militar: la adopción de la inteligencia artificial como herramienta tecnológica para impulsar objetivos de seguridad.

En el contexto de una crisis de seguridad sin precedentes en el México contemporáneo, marcada por la expansión del crimen organizado, la violencia estructural y la incapacidad institucional que ha mostrado el Estado para detenerla, el anuncio de la incorporación formal de la inteligencia artificial al brazo militar del gobierno mexicano podría dar un nuevo matiz a la aclamada “guerra contra el narco”, que según estimaciones académicas y periodísticas, desde el 2006 a la fecha ha representado la muerte de entre 300 mil y 350 mil personas, así como decenas de miles de desaparecidos.
Desde el enfoque tecnológico, la derivación más importante de esta acción legislativa relacionada con la IA, es que el Estado mexicano se compromete a la asignación de recursos públicos para impulsar la incorporación y el desarrollo de la inteligencia artificial en el ámbito militar, formalizando un proceso de modernización tecnológica de las Fuerzas Armadas.
Esta institucionalización militar de la inteligencia artificial, coincide con la reconfiguración de la relación binacional entre México y Estados Unidos tras la segunda llegada de Donald Trump al poder; una relación que se ha visto pautada por las políticas estadounidenses que cambiaron las reglas de la cooperación internacional en el rubro de la seguridad, en donde los carteles mexicanos de la droga hoy son legalmente considerados por EEUU como “organizaciones terroristas” que se encuentran en un “conflicto armado” con el gobierno norteamericano, en el marco de una “crisis de fentanilo” que, según cifras oficiales, durante el 2024 provocó la muerte de más de 80 mil personas en el territorio estadounidense.

Ante este panorama, el trumpismo ha venido ejerciendo una importante presión al Estado mexicano para fortalecer y hacer más eficiente el combate a los carteles mexicanos, poniendo además en la ecuación tres nuevos elementos: la imposición de aranceles como medida de coerción, la posible intervención militar en territorio mexicano, y el señalamiento de colusión de la clase política con grupos de delincuencia organizada, lo cual hace aún más complejo este fenómeno.
Pero ¿De qué forma puede la inteligencia artificial ayudar al Estado mexicano a mitigar el grave problema de seguridad pública que representa la expansión y la diversificación de las agencias criminales, y ante la presión de Estados Unidos para ofrecer resultados contundentes?
Como es obvio, los alcances de aplicación dependerán de la capacidad de inversión de recursos. Mientras tanto, la evidencia muestra que países como el propio Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Japón, Australia y la mayoría de los países europeos, han invertido miles de millones de dólares para impulsar el avance y el desarrollo de la inteligencia artificial en sus fuerzas armadas. Así pues, dicho por los propios líderes militares, cualquier país que no siga esta tendencia dominada por la IA, corre el riesgo de quedar rezagado y mantenerse por debajo del nivel de los demás Estados.
En ese sentido, una serie de estudios que abordan el uso de la IA en el ámbito militar, han mostrado cómo esta tecnología está adquiriendo cada vez mayor relevancia y diversificación de aplicaciones en los war rooms: chatbox, drones automatizados, armas autónomas, reconocimiento facial, asistentes virtuales, detección de fraude, vehículos autónomos, entre otras.
Se ha demostrado que estas herramientas tecnológicas permiten a las fuerzas armadas mejorar sus capacidades militares, principalmente mediante el procesamiento de enormes cantidades de datos que les ayudan a mejorar los sistemas de combate, y a tener mayor capacidad de cálculo para tomar mejores decisiones.
Si bien el uso de la IA en el campo bélico no es algo reciente, en los últimos años la comunidad académica ha identificado una serie de patrones de uso de la IA que han revolucionado las operaciones militares. Algunos de ellos son: el patrón de los “sistemas autónomos”, que es el modelo de IA con mayor desarrollo e inversión en la industria militar. La inteligencia autónoma es el tipo más sofisticado de inteligencia artificial. Su uso principal en las fuerzas armadas se representa en los vehículos aéreos no tripulados (VANT, por sus siglas en inglés), también conocidos como drones, que se utilizan generalmente para ataques y evaluación de daños, así como para vigilancia, reconocimiento en combate y contramedidas electrónicas.
El patrón de “hiperpersonalización” que permite a los mandos militares analizar los datos recopilados por los drones, y con base en ello, tomar decisiones más informadas. También el “reconocimiento de patrones”, que ayuda a la interpretación rápida de señales visuales en el campo de batalla, permitiendo una mayor pericia de los cuerpos militares.
Otro patrón es el “conversacional”, representado por los chatbox, que han cobrado gran relevancia en las industrias del siglo XXI, incluida la militar: Estas formas de interacción entre el humano y las máquinas permiten a los soldados obtener información en tiempo real sobre su entorno, o recibir instrucciones de los asistentes virtuales para completar sus tareas.
El “análisis predictivo” ayuda a extraer información estratégica y vital de los campos de batalla mediante el uso de drones, cámaras y sensores. Estos datos son enviados a los centros de mandos para ayudar a identificar a los enemigos. Esta aplicación de IA en el área militar es una de las que están recibiendo mayor inversión.

No cabe duda que la inteligencia artificial es hoy una realidad que lidera el auge de la llamada Cuarta Revolución Industrial, y la industria armamentista no se queda fuera. En las comunidades académicas especializadas en la milicia, se habla de una Tercera Guerra Mundial que sería definida a través de ciberataques. En ese sentido, la nueva Ley Orgánica de la Armada de México también considera la participación de este organismo en actividades de ciberdefensa y ciberseguridad.
Cabe mencionar que las voces de los especialistas destacan una serie de riesgos muy importantes en la incorporación de la IA al campo militar, riesgos que tienen que ver con la ética en el proceso de integración, el sesgo de datos, los derechos humanos, fallas e imprecisiones, transparencia, rendición de cuentas, poderío nuclear, entre otros. Para abordar este espectro del fenómeno, ocuparemos una nueva entrega de esta columna.
Mientras tanto, al momento se desconocen los detalles constituidos en la nueva ley que incorpora la IA al quehacer militar nacional; sin embargo, este proceso abre una importante gama de posibilidades operativas que pueden fortalecer el poderío militar nacional, utilizado de manera sui generis para tareas de seguridad pública en las calles de México.
La narrativa ideológica de quienes promueven la IA, la presenta como una herramienta capaz de resolver los grandes problemas de la humanidad, un vehículo para alcanzar la sociedad utópica que imaginó Tomás Moro: racional, eficiente y libre de conflictos. Entonces, ¿Puede la inteligencia artificial ser la panacea para resolver la inseguridad en México?
Abraham Espinoza
Doctorante en Desarrollo Regional en el CIAD bajo la línea de investigación de Inteligencia Artificial y Educación. Comunicólogo. Autor de un libro de crónica. Ha ejercido el periodismo, la docencia, la producción televisiva, y la comunicación política para diferentes niveles de gobierno.
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