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domingo, enero 11, 2026

¿Un bolillo para el susto? Especialista de la UNAM revela si esto funciona

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En México, una de las creencias populares más arraigadas es que comer un bolillo ayuda a “calmar el susto” después de vivir una experiencia de nervios o miedo, como lo puede ser un simulacro o un temblor.

¿Pero realmente tiene algún fundamento científico esta tradición? La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio su postura al respecto.

El origen de la tradición

Comer un bolillo después de un evento que genera ansiedad o temor es una práctica común en varios hogares mexicanos.

Se cree que ayuda a estabilizar los nervios y a evitar que el “susto” afecte el cuerpo. Esta tradición se ha transmitido de generación en generación, pero ¿qué hay detrás de ella?

¿Qué dice la ciencia?

Nayeli Xochiquetzal Ortiz Olvera, profesora de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM explicó que el estrés agudo provocaba un aumento en la producción de ácido estomacal, lo cual llevaba a la conocida angustia estomacal, ese dolor en el vientre que comúnmente se percibía como vacío. Esta situación, señalaba, podía generar náuseas y otros malestares.

“En tales casos, ingerir un pan ayudaba a reducir esa acidez tan molesta, como bien sabían nuestros antepasados”, detalló la académica de la UNAM.

El susto era la respuesta del cuerpo ante un sobresalto repentino, como al escuchar un ruido amenazante o sufrir una agresión.

A nivel cerebral, se estimulaba la hipófisis y, de inmediato, la glándula suprarrenal liberaba dos hormonas: noradrenalina y adrenalina, responsables de acelerar tanto el corazón como la respiración.

“Este proceso ocurre rápidamente para que el individuo adopte una ‘reacción de lucha o huida’, la cual nos pone ‘en modo supervivencia’ y nos permite realizar acciones adecuadas y asertivas para protegernos ante el peligro, como correr, resguardarnos o saltar”.

Sin embargo, una vez pasados estos eventos estresantes, el cuerpo experimenta secuelas. Por ello, cada vez es más frecuente ver en redes sociales videos de voluntarios repartiendo bolillos a personas que acaban de atravesar momentos de pánico.

“Por su cantidad de carbohidratos, este alimento inhibe la secreción de ácidos y nos ayuda a reponernos de un susto. Además, por ser masudo y tener la corteza dura, nos obliga a masticar, lo cual nos distrae y aminora nuestros miedos”, explica la académica.

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