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sábado, abril 13, 2024

Plan B de Beltrones

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A toda acción le corresponde una reacción. La dialéctica hegeliana afirma que toda tesis contiene una antítesis. La armonía nace de la contraposición entre los extremos. Los tiempos de paz en la historia de la humanidad son resultado del equilibrio existente entre dos ideas que se confrontan violentamente en la opinión pública. México, el país paradójico por excelencia –creado por un pueblo que históricamente desprecia la vida y celebra la muerte; en el que la alternancia partidista y democrática la consolidó una revolución conservadora encabezada por un partido católico; en donde se sueña con tener más, pero se invita a hacer poco– vive uno de sus procesos electorales más importantes de su incipiente y compleja democracia. Dos grandes visiones de Estado se confrontan. Sus autores intelectuales han nombrado a sus obras: Plan A y C y, en contraste, el Plan B.

El plan A, diseñado por Andrés Manuel, es avasallador; busca asfixiar. La identidad de la cuatroté es centralizadora y polarizante: todo aquello que se oponga a su visión debe ser obstaculizado y minimizado. A esta tendencia totalizadora le ha surgido una respuesta sólida ideada por un político consolidado: el plan B.

El plan B es fruto del ingenioso y enigmático Manlio Fabio Beltrones. A todos nos impactó su regresó a la vida pública como candidato al Senado. A sus 71 años ha estado comprometido con su campaña visitando por tierra los hermosos municipios de su estado natal en los que ha difundido con claridad y asertividad su plan de nación. Con su probada habilidad y su excesiva perspicacia ha hecho de su campaña al Senado por Sonora un mensaje para todo el país: Beltrones tiene un plan para todos aquellos a quienes López Obrador etiquetó de moralmente derrotados.

Beltrones no reapareció en la vida pública para entretenerse de nuevo haciendo lo que más le gusta, regresó para consolidar lo que con turbulencia y dificultades empezó a construir porque considera que la alternativa de nación que incrustó Andrés Manuel con su plan A y, que quiere consolidarlo Claudia con su plan C, están fracasando, el candidato lo ha repetido hasta el cansancio con su icónica frase: “las cosas no van bien” y para hacer que “las cosas buenas pasen” ha planteado su plan B.

El plan B en lo legislativo se basa en mantener el ideal de una democracia plural, es curioso que la última gran reforma que impulsó Beltrones como parlamentario fue la de generar gobiernos de coalición –lleva más de 10 años peleando por modernizar el sistema legislativo hacia esa dirección,  mientras que el Plan A busca eliminar contrapesos y erradicar a la oposición, lo que incluye la desaparición de los plurinominales. Morena intenta acumular poder, mientras que Beltrones busca fortalecer los contrapesos para evitar los abusos de poder.

El plan B en lo social se basa en establecer orden. Para lograrlo, el candidato al senado ha jerarquizado las necesidades más básicas de los sonorenses y de los mexicanos. El fundamento de toda forma de gobierno es garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La principal razón por la que existe un gobierno es para salvaguardar la supervivencia de sus habitantes, cedemos ciertas libertades con la condición de que se nos garantice seguridad. Le entregamos al Estado el uso legítimo de la fuerza para que defienda nuestro derecho a la vida y haga justicia si alguna vez atentan contra nuestra existencia. Beltrones lo sabe y propone fomentar la investigación para prevenir y no esperar a los sucesos trágicos para reaccionar. Además de que pide, al estilo dicharachero que lo caracteriza, “no tirar balazos, pero por lo menos que no les den abrazos”. En su plan está implementar justamente la ley para establecer las consecuencias penales a los actos que violenten la vida de los mexicanos. 

La estrategia de seguridad de Morena con su plan A ha fracasado por completo, es el sexenio con más muertos. El plan C, a diferencia del plan B,  busca consolidar la impunidad con los “abrazos, no balazos”. La propuesta de Claudia es seguir sin un proyecto en seguridad eficiente y resguardarse en la idea de que, sólo con un discurso público de pacificación, propio de un sacerdote, los narcotraficantes dejarán de matarnos. Por más que el presidente mesiánico, al estilo de Cristo, les pidió a los delincuentes su arrepentimiento y los acusó con sus mamás, éstos no dejaron de matarnos.

El plan B también quiere atacar de fondo las carencias en otro servicio básico que el Estado debería garantizar: en salud. La propuesta es clara: mejorar los programas sociales, pero, ante todo, trabajar para que los servicios de salud públicos sí cuenten con los medicamentos suficientes y diagnostiquen a tiempo la enfermedad para salvar la vida de los ciudadanos sin quebrar su patrimonio y endeudarlos de por vida. El plan A y el C, el del continuismo, mantendrán un país en el que reinan la carencia de medicamentos, la ineficacia del diagnóstico y el incremento del miedo a enfermarse porque los servicios de salud ideados por Morena no previenen ni atienden la enfermedad sino condenan a muerte a los mexicanos.

Los planes A y C presumen los logros en los programas sociales dirigidos a adultos mayores, a las jefas de familia y a jóvenes, pero en estos 6 años se ha demostrado que recibir apoyos directos no basta para vivir bien porque los precios de la canasta básica, la gasolina, entre otros servicios, siguen a la alza. La inflación aumenta, el gasto se eleva, a las familias mexicanas sigue sin alcanzarles. Por ello, el Plan B propone mejorar los programas sociales porque Beltrones sabe que las familias necesitan más para vivir mejor, al mismo tiempo buscará, como buen economista, conseguir más recursos para atender las problemáticas reales de la ciudadanía dando soluciones sólidas a los problemas complejos.

A diferencia de 2018 y 2021, en estas elecciones surgió una alternativa respaldada por la experiencia para enfrentar los retos de un México herido, dividido y poco funcional. El plan B de Beltrones tiene impregnada la marca de uno de los únicos políticos que sabe establecer el orden en tiempos de caos, que tiene la capacidad de cumplir lo que promete y que puede unificar a los inconformes que están cansados de las ocurrencias que han implementado quienes tienen el poder que con osadía le mienten al pueblo mexicano a través de discursos bonitos, alejados de la realidad.

Beltrones no sólo es un respiro para Sonora, su plan B es un alivio para todo el país porque desde el Senado hará que las cosas buenas pasen. El plan B es la antítesis a la mala política, a la centralización del poder, a las ocurrencias, a la inseguridad y a las carencias en salud. La b simboliza lo bueno mientras que la A el autoritarismo y la C la catástrofe de quienes soberbiamente se vanaglorian en sus fracasos afirmando la existencia de otros datos y negando lo evidente: las cosas no van bien en el país.

Aviso

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