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viernes, mayo 17, 2024

¿Qué haría yo si fuera alcalde? (Parte II)

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Por David Jacobo Calles Montaño

Esta segunda parte es una reflexión enfocada en dos factores que considero han limitado el desarrollo de nuestra ciudad y la han llevado a una situación de estancamiento. Le adelanto que todos los datos que se presentan aquí sobre la situación actual de la ciudad han sido tomados de diferentes publicaciones realizadas por Hermosillo ¿Cómo Vamos? las cuales se encuentran disponibles en la plataforma digital de esta organización.

1. ¡Vivimos en un desierto!

El Pitic, hoy Hermosillo, fue fundado como un presidio debido a su estratégica ubicación militar, ya que el Cerro de la Campana como el Río Sonora ofrecían protección a sus pobladores de las muy frecuentes sublevaciones indígenas. El Pitic era un verdadero oasis en medio de un desierto, al estar asentado muy cerca del delta de dos ríos, con un caudal suficiente para satisfacer las necesidades básicas de unos cuantos miles de pobladores. Los antiguos hermosillenses, sin embargo, lograron hábilmente construir una serie de acequias con el fin de administrar y distribuir el vital líquido, regar sus huertas y tierras de cultivo; utilizando las mismas acequias, el río o la Sauceda para recrearse y paliar las altas temperaturas. Eran las huertas de naranjos con su perfumado olor a azahar lo que impresionaba a los viajeros, adquiriendo por ello el mote de la “ciudad de los naranjos”. Hermosillo era una ciudad relativamente arbolada ya que las numerosas huertas se ubicaban a corta distancia de la población.

La ciudad de los naranjos comenzó a quedarse atrás para dar paso a una ciudad moderna. La ciudad que hoy tenemos fue proyectada a mediados del siglo pasado, y desde entonces ha crecido sin desviarse mucho del proyecto original. Ese proyecto nunca ha buscado rescatar la historia de la ciudad, su constante ha sido demoler todo aquello que evoque lo tradicional y exaltar todo aquello que resalte lo moderno. De ahí que la urbanización de la ciudad se ha llevado a cabo sin el mínimo respeto por el patrimonio cultural, llegándose a demoler decenas de edificios históricos. El hecho de que Hermosillo sea una de las pocas capitales en el país que no cuenta con un museo de historia de la ciudad refleja esta tendencia. Se dice que la condición de un archivo es un indicador del nivel de desarrollo de una ciudad y de la calidad de sus gobernantes; la condición del archivo histórico municipal retrata la actual situación del ayuntamiento.

El proyecto de ciudad que se ha seguido no solo ha carecido de interés por conservar la historia de nuestra capital sino también por conservar los escasos recursos naturales. Fue a mediados de 1940, cuando el gobernador Abelardo L. Rodríguez proyectaría la modernización de la capital que incluyó la construcción de una presa, la cual vendría a reemplazar el sistema de acequias. Las huertas comenzarían a ceder ante la urbanización, pero no serían reemplazadas por nuevos parques o arboledas. En un artículo de 1949, la escritora Enriqueta de Parodi advertía ya sobre la carencia de arboledas, parques y jardines en la ciudad, como los que había visto en otras ciudades del país. Tanto la presa como la apertura de varios pozos garantizaría a la población y a los agricultores aledaños el abasto de agua por varias décadas. La modernización de la ciudad fue acompañada de un impulso a la producción agrícola, promoviéndose la colonización de la costa de Hermosillo. El auge agrícola de la Costa duraría solo unas décadas ya que los agricultores explotarían al extremo los mantos acuíferos ocasionando la gradual salinización del agua.

La llegada de la planta Ford en 1986 sería un detonante para el desarrollo económico de Hermosillo, siendo entonces cuando la ciudad crecería de manera acelerada; la cual no fue acompañada de políticas públicas para eficientar la captación, medición y evitar el desperdicio del agua. En vez de invertir en ello, las políticas implementadas para garantizar el abasto del agua a la ciudad se han limitado a sobreexplotar los pozos locales o en buscar opciones para extraer agua de lugares cada vez más lejanos. La política del agua ha girado en torno a la escasez y el despilfarro y entre la importación y la exportación del recurso; ya que este se va a lugares cada vez más lejanos, pues la producción agrícola en el municipio dirigida principalmente a la exportación significa también la exportación del escaso recurso. Por irónico que parezca, la ciudad cuenta con conocidas embotelladoras de refrescos para el consumo regional.

La política del agua que se ha seguido ha llevado a la ciudad a tener un balance hídrico negativo, altamente expuesta a sequías que pudieran afectar la salud y la economía de todos los hermosillenses y su propia sustentabilidad ambiental. Los hermosillenses consumimos 400 litros diarios por habitante, mucho más que en ciudades de similar tamaño que consumen 210 litros en promedio, y es una de las ciudades en donde se paga menos por este servicio, a pesar de ser un recurso verdaderamente escaso. Hermosillo ocupa además el segundo lugar nacional en fugas y fallas de agua potable.

Es así como desde la década de 1940 no se han implementado políticas públicas que vayan a la par del rápido crecimiento urbano. Por mucho, la expansión urbana le ha ganado al ayuntamiento. En vez de crear nuevas áreas verdes para contrarrestar la deforestación causada por la acelerada urbanización, pareciera que las pasadas administraciones han trabajado en contra, llegando incluso a encementar el cauce del Río Sonora, borrando así de la memoria la principal arteria natural de la ciudad. En lugar de crear amplias áreas verdes para mejorar la calidad del aire, regular la temperatura y ofrecer opciones recreativas a sus ciudadanos, las escasas arboledas se han destruido; como fue el caso del bosque de Villa de Seris, uno de los dos pequeños pulmones que contaba la ciudad. Hermosillo ocupa el primer lugar nacional en parques y jardines descuidados. A pesar de que existen cerca de mil parques en la ciudad, las áreas verdes representan tan solo el 2% de la mancha urbana, requiriéndose por lo menos el doble, de acuerdo con urbanistas y ambientalistas. Hermosillo necesita no sólo de pequeños parques, sino de extensas áreas verdes para compensar la escasa inversión y el gran rezago en esta área.

Por estar ubicada la ciudad en un desierto, las administraciones municipales debieron de haber implementado políticas ambientales mucho más progresistas que en ciudades con climas más benévolos y con mayores recursos ambientales. Al ser una de las ciudades más calientes del mundo, se debieron de haber implementado políticas para paliar el clima extremo, ofreciendo así una mejor calidad de vida a sus habitantes. Hoy los hermosillenses tienen que salir de su ciudad para recrearse y escapar del bullicio, absorbiendo el alto costo que representa viajar a playas cercanas o adquirir terrenos campestres. Todo esto sin mencionar las políticas públicas que debieron de haberse implementado desde hace varias décadas para reducir los efectos del cambio climático.

¡Vivimos en un desierto!, donde el agua es verdaderamente escasa, sin embargo, se ha creado una economía altamente dependiente de este recurso, cuyo afluente principal se encuentra hoy contaminado por el derrame de la mina de Cananea. En vez de adaptar nuestra economía a la realidad, se ha buscado simplemente la manera de seguir extrayendo agua para satisfacer la necesidad de una economía extractiva. Tenemos que estar conscientes de nuestra realidad, vi-vi-mos en un de-sier-to, pero tanto a las autoridades como a los hermosillenses se nos olvida ese “pequeño” detalle; alejándonos de la realidad que enfrentaron los antiguos hermosillenses y que aún enfrentan miles y miles de sonorenses. En referencia al agua, áreas verdes y patrimonio cultural, Hermosillo está atrasada por varias décadas, lo que hace que el crecimiento urbano de la ciudad sea cada vez más insostenible.

2. El que mucho abarca, poco aprieta

El atraso del municipio tiene mucho que ver con una cuestión geográfica-administrativa. Hermosillo es el municipio más grande del estado y uno de los municipios territorialmente más extensos del país, ocupando el lugar 18 de los 2,466 municipios que hay en México. Aunque la población del municipio se concentra en la ciudad de Hermosillo, la administración municipal tiene que atender a más de 2,500 localidades muy pequeñas que se encuentran dispersas en el municipio. Es precisamente la dispersión la principal característica de los municipios más pobres de México. Aunque se trata en su mayoría de pequeñas localidades, algunas de ellas cuentan con una población cercana o suficiente para lograr su municipalización, como es el caso del Poblado Miguel Alemán.

De los 72 municipios que existen en Sonora, 28 cuentan con una población menor de dos mil habitantes. El menos poblado es Ónavas que cuenta con una población de menos de 400 personas. ¿Cómo justificar el hecho de que el Poblado Miguel Alemán que cuenta con una población de 42 mil habitantes no se le haya permitido su municipalización? A pesar de tener una población superior a 59 de los municipios del estado. De municipalizar, el Poblado Miguel Alemán se convertiría en el décimo tercer  municipio con mayor población en el estado. Sus habitantes tienen el derecho a municipalizar ya que nuestra constitución establece que después de diez mil habitantes es posible la municipalización; sin embargo, ésta no ha logrado ser aprobada por el Congreso del Estado después de cuatro intentos fallidos en los últimos 20 años.

La razón del porqué no se ha logrado su municipalización se debe en parte a razones clasistas, pero sobre todo a los intereses económicos de los empresarios agroindustriales y acuícolas establecidos en la costa de Hermosillo; que son los dueños de una gran extensión del territorio municipal, poseyendo gran influencia en la implementación de políticas públicas y el destino del municipio. Existe el temor que de municipalizar irían en contra de sus intereses, ya que la mayoría de sus habitantes por su origen social y económico, se encuentran políticamente inclinados a la izquierda. Provenientes en su mayoría del sur del país, de ahí que el triqui sea la lengua indígena más hablada tanto en el municipio como en la ciudad de Hermosillo. Por otro lado, el gobierno municipal teme que con su municipalización disminuya su poder político y las aportaciones federales. Mientras que el gobierno estatal teme que se produzca una reacción en cadena, incentivando la creación de otros municipios como el de Pueblo Yaqui. Es así como los intereses políticos y económicos de unos cuantos terminan imponiéndose y afectando con ello a todos los hermosillenses al impedir o más bien retrasar la implementación de políticas progresistas.

El que mucho abarca, poco aprieta dice el conocido refrán. La gran extensión del municipio hace que la atención y los escasos recursos del ayuntamiento, provenientes principalmente de las contribuyentes de la cabecera municipal, sean distribuidos entre las más de sus 2,500 localidades dispersas y no sean invertidos en la cabecera municipal. Si el ayuntamiento se enfocara exclusivamente a la ciudad el panorama sería diferente, ya que los recursos tanto materiales como humanos serían invertidos en ella y no dirigidos a la pavimentación de calles y demás servicios en poblados como Bahía de Kino y Miguel Alemán. Tener un municipio tan extenso como el de Hermosillo podría compararse con una pareja pobre que tiene que mantener a doce hijos. Las ciudades más desarrolladas se denominan ciudades-estado y se caracterizan por carecer de territorio rural, su enfoque de atención es en la ciudad; contando además con una alta eficiencia recaudatoria y una completa autonomía del estado, contando incluso con varios ayuntamientos o delegaciones dentro de la ciudad. La capital de Sonora tiene características completamente opuestas a las de una ciudad desarrollada.

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Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico.

Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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El autor es licenciado en Historia por la Universidad de Sonora con maestría en Estudios Latinoamericanos, especializado en desarrollo y políticas públicas por la Simon Fraser University en Vancouver, Canadá.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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