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lunes, julio 4, 2022

Legislaturas locales; las trascedentes

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Nadie podrá olvidar el tremendo valor de la XXIII Legislatura de Sonora (1911-1913) cuando le plantó cara a Victoriano Huerta y no lo reconoció como presidente.Los podían haber matado a todos…y resistieron.

Tampoco se pueden olvidar la XXIV (1917-1919) que aprobó la Constitución de 1917, la XXV del plan de Agua Prieta, las dos que el Senado desintegró al desaparecer los poderes en Sonora (la XXIX 1929 y la XXXIII 1935), la XLI (1955) de la primera mujer diputada, la  XLVII (1973) que se frustró con la caída de Carlos Armando Biébrich o la LIX (2009) la primera  con gobernador que no era del PRI.

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Pero hay una que no es recordada—y mucho menos homenajeada— que tiene el mérito de haberle quitado lo itinerante al Congreso local, que por muchos años funcionó en los palacios tanto el de gobierno estatal, como el municipal en condiciones no muy dignas.

El gobernador Alejandro Carrillo Marcor —arribó al poder estatal en Octubre de 1975 y— no pensó en el Congreso local en el presupuesto estatal para 1977—. Un congreso priísta, electo apenas a los nueve meses de haber llegado como gobernador. Tenía, eso sí, planes para construir la casa de la cultura y erogaciones muy importantes para la remodelación y ampliación de la Casa de Gobierno.

La XLVIII Legislatura local, compuesta de once diputados de mayoría, incluía a personajes disímbolos y suigéneris, casi todos ellos auténticos líderes provenientes de luchas sociales, algunos verdaderos representantes de agrupaciones sociales de Sonora, como:

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Heberto “El Banámichi” Salazar Montoy, por Altar. Líder ganadero perteneciente al grupo de “Los Búfalos” y cuyo líder, Salomón Faz, le había atinado con la candidatura presidencial de José López Portillo; Enrique Moraila Valdez, por Magdalena, del sector profesional de abogados del norte; Teclo Moreno, por Arizpe, marxista y líder obrero, dirigente de la sección 65 del sindicato minero; el legendario dirigente cetemista Manuel R. Bobadilla, por Hermosillo, que falleciera al final de la legislatura; Ignacio Martínez Tadeo, por Guaymas que con la crisis del cambio de gobierno, había ascendido del liderazgo de la tribu Yaqui al de la CNC estatal; Francisco Bojórquez Mungaray, por Ures, dirigente obrero de la CTM de Hermosillo; Víctor Valencia allegado al delegado del PRI Mario Vargas, por Moctezuma;

Benjamín Hurtado Arellano, de los colonos de la costa de Hermosillo, por Sahuaripa; Jesús Reyes Lamas, dirigente estatal de la CTS-CROC, por Navojoa; María de Jesús Valenzuela Torres, del sector campesino, muy cercana a María Esther Zuno de Echeverría por Huatabampo; y Valente Parra Mares, abogado dirigente del sector popular del municipio de Cajeme, que llevaba como suplente a Cutberto Tolano Audeves.

El Congreso del Estado despachaba —y sesionaba— en la parte baja del Palacio Municipal de Hermosillo (de 1906 en adelante en la parte alta del palacio de gobierno, y desde 1948 en el palacio municipal). Era un amplio salón con grandes escritorios metálicos de la marca H. Steel, de color gris (con un gran cristal que los cubría donde los diputados podían guardar desde fotografías y recuerdos personales hasta recados telefónicos) que les pasaban las dos telefonistas que operaban en el Congreso. Había solo dos secretarias que trabajaban al servicio de la oncena de diputados. Al iniciar la legislatura, estos se dieron cuenta que su salario mensual sería de 7 mil pesos, sin compensaciones, y con una larga lista de peticionarios de gestiones diversas que a diario los visitaban.

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La improvisada sede del Congreso se completaba con un pequeño baño; una silla de madera, sin cojín por diputado; dos casetas telefónicas para la privacidad de las llamadas; un carro chueco para los movimientos; un oficial mayor; y una persona dedicada a hacer los mandados. En total, solo siete personas al servicio de los legisladores para un Congreso local (que en 2022 por ejemplo. cuenta con 219 empleados y con un presupuesto cercano a los 500 millones de pesos)

Como todos los diputados eran del PRI, no tenían coordinador. Desde el palacio de gobierno se quiso promover al abogado Enrique Moraila para que los coordinara, pero nadie aceptó que desde el Ejecutivo se quisiera invadir el terreno de las decisiones legislativas. Así eran.

Para las gestiones buscaban al subsecretario de Gobierno Samuel Ocaña, al secretario Raúl Encinas Alcántar y al tesorero Héctor Lutteroth Camou.

Teclo Moreno, Moraila, ‘Pancho’ Bojórquez, ´Nacho´ Martínez Tadeo y “El Banámichi” buscaron directamente audiencia con el gobernador Carrillo, con el objeto de revisar el salario de los diputados y la posibilidad de un espacio más digno para el trabajo legislativo ante lo degradante e indigno del lugar donde despachaban: “Si el ejecutivo y el judicial tienen sus propios edificios:¿Porque el legislativo no? Y desde 1824! ¿Ya es hora, que no gobernador? Le plantearon a Carrillo Marcor—un ex legislador de larga carrera—, que se quedó pensativo, dice Bojórquez.

A la usanza de esos tiempos, el Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos se enviaba a los diputados dos días antes de la fecha de su discusión y aprobación. Bojórquez revisó con sus compañeros el proyecto de presupuesto y ahí se dieron cuenta que había una desproporción en los dineros destinados a la ampliación de la Casa de Gobierno, una parte similar para una nueva casa de la cultura y ¡nada para el Poder Legislativo! Carrillo los escuchó y se sorprendió de la información que le transmitieron. No sabía de los recursos destinados a la Casa de Gobierno y le pidió aclaraciones al tesorero Lutteroth. El funcionario estatal confirmó lo que decían los diputados y el gobernador le solicitó una propuesta que incluyera las peticiones de los legisladores.

Los diputados que encabezaban la gestión de un nuevo edificio le advirtieron al tesorero Lutteroth y a Raúl Encinas el secretario de gobierno que, si no se asignaban recursos para un nuevo edificio del Congreso y algo de incremento del salario de los diputados, el presupuesto para 1978 no se aprobaría. Carrillo volvió a citar a los cuatro diputados y les comunicó que después de varios ajustes y modificaciones: ¡Se habían incluido ya recursos en el presupuesto para un edificio del Congreso!

El nuevo presupuesto fue modificado y para 1978 iniciaría ya la construcción de un nuevo edificio, un lugar más digno y propio de uno de los tres poderes del Estado. Los diputados de la legislatura liderados por Bojórquez, Moraila, Teclo, Martínez Tadeo y El Banámichi habían triunfado, y se convirtieron todos en supervisores de la nueva obra construida en los “antiguos terrenos pertenecientes a la Cervecería de Sonora, (donde se guardaba maquinaria, carbón y accesorios) a un costado de la famosa taquería del Chamarula entre Tehuantepec y Allende” (I.Lagarda)

Los diputados de la legislatura se metieron a sesionar a la nueva sede en abril de 1979, sin esperar la inauguración, que finalmente ocurrió en junio de 1979 por el presidente José López Portillo. Gracias a ellos el poder legislativo dejó de ser itinerante y desde 1979…con una nueva sede.

¿Qué ha pasado con los diputados de esa XLVIII legislatura?

De los once originales, Solo sobreviven seis: Enrique Moraila, cumplirá 87 años en agosto, vive en Nogales (dos veces presidente municipal) ejerciendo de abogado; Valente Parra Mares de 79 vive en Cajeme ejerce el litigio y la docencia universitaria; María de Jesús Valenzuela Torres, de Bacobampo, tiene 73 años y desde 1992 radica en Mexicali, hoy jubilada del tribunal agrario con 7 mil pesos; Martínez Tadeo, a los 78 años —legendario dirigente Yaqui— siembra la tierra en Pótam; ‘Pancho’ Bojórquez, con 86 cumplidos, vive en una pequeña propiedad en Ures y tiene una pensión del Isssteson de 12 mil pesos; Teclo Moreno, de 87 años vive en Hermosillo con una modesta pensión de 10,500 pesos.

Los seis legisladores sobrevivientes de esa época—que hicieron historia— se mantienen lúcidos y satisfechos de su paso por la política y el servicio público. Todos ellos son reconocidos y poco a poco emergen sus méritos históricos. Todos —son y han sido—, de esos políticos que han resistido bien, con salud y dignidad el paso del tiempo y desde luego y lo más importante… el juicio de la historia. Bien por Ellos.

Bulmaro Pacheco.

bulmarop@gmail.com

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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