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lunes, agosto 8, 2022

La lucha por la opinión pública

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Repasando el cuaderno de notas que recién concluí, noté que hace un año escribía sobre la violencia y el pensamiento crítico, temas en los que encuentro relación con lo que apuntaba la semana anterior respecto al imperativo de guardar silencio y observar.

Sin embargo, continúa siendo un obstáculo la dificultad para expresar un mensaje claro y apegado a lo que pretendo transmitir. No es que sea complejo, sino que nuestra crisis se equipara al cisma que Nietzsche causaría en la armadura de la Modernidad evidenciando los cortos alcances del proyecto ilustrado cuando este prescinde de valores creadores propios de la voluntad de poder.

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Se me viene a la memoria una de las conclusiones de Ortega en “El hombre y la gente”, donde observa que el poder público siempre supone tras de sí, y obtiene su autoridad de, una opinión que sea verdaderamente pública, inopinable, y agrega, “cuando esto no acontece, en vez de opinión pública nos encontramos sólo con la opinión particular de grupos, que generalmente se asocian en dos grandes conglomerados de opinión. Cuando esto acontece es que la sociedad se escinde, se parte o disocia y entonces el poder público deja de serlo, se fragmenta o parte en partidos”.

¿No es esto lo que sucede hoy en México? Algunos grupos de interés, extragubernamentales la mayoría, pero con representantes que ocupan posiciones de poder en gobierno, alientan el conflicto e instigan desencuentros entre individuos y grupos sociales, de tal manera que quienes en el pasado eran vistos como amigos o aliados, ahora son motivo de desconfianza.

Dos botones de muestra son el caso de la compañía petrolera Baker Hughes, con todo y el intercambio entre Aristegui y el Presidente, así como el conflicto causado por el “experimento” con Ivermectina en pacientes covid de la CDMX.

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Mientras nosotros, los inexpertos, nos concentramos en sostener discusiones y debates retóricos, ortográficos, gramaticales, lógicos, históricos, sociológicos, aritméticos, semánticos; algunas voces -y a estas me refiero que debemos, primero intentar ubicar, y después, escuchar-, y lo ideal es que sean los gobernantes, se enfrentan a interrogantes que afectan al conjunto social y deben procurar la mayor legitimidad logrando el auto-convencimiento individual. 

Por ello es que la semana anterior señalé que el testamento político de López Obrador era más un buscapiés para observar a qué autoridad nos remitiremos en caso de haber inestabilidad, caos, conflicto social y polarización ¿nos someteríamos a los azarosos designios de la “opinión pública” o al entramado jurídico que supone todo Estado de derecho?

La respuesta a esa pregunta es la que nos dirá el desenlace de la actual disputa ideológico-política. Se está debatiendo una visión de Estado y ciudadano de la que mi impresión es que AMLO tiene todas las de ganar.

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Por ejemplo, en la polémica suscitada a raíz del reportaje de la casa y el automóvil que utiliza José Ramón López Beltrán, si bien es cierto que generó revuelo en las redes sociales y para cualquier iniciado en temas políticos es dinamita pura; también es verdad que la acusación no tiene ni pies ni cabeza.

La Ley General de Responsabilidades Administrativas define el conflicto de interés como “la posible afectación del desempeño imparcial y objetivo de las funciones de los Servidores Públicos en razón de intereses personales, familiares o de negocios”, pero absolutamente ninguno de los personajes trascendentes mencionados en el reportaje es servidor público, sin embargo, los “expertos” insistieron sin preocuparse por ejercer su profesión éticamente.

De lo anterior se deriva mi hipótesis de lo que sucede con Aristegui. Creo que está siendo víctima de la realidad, de una etapa histórica de México. La periodista se colocó en una posición en la que divulga un reportaje claramente sesgado e insidioso, dando pie a un “testimonio público” que funciona como una especie de happening. Quiero decir que el enfrentamiento que sostiene con el Presidente, es uno que está funcionando para contrastar dos visiones de cómo es que deberíamos actuar, si deseamos actuar correctamente.

Hasta en tanto ninguno de los periodistas que defienda el reportaje describa claramente cómo es que se configura un conflicto de interés, entonces tendrá razón el Presidente en que de todo hacen un drama.

Para concluir, en el caso del uso de Ivermectina como tratamiento para el covid, solo decir que no se vio tanto apoyo ni solidaridad en la defensa de José Antonio Peña Merino -alias Pepe Merino- por parte de la comunidad académica. Señal de que ahí también hay diferendos, falta de consenso, envidias, rencillas y reclamos. Parece que todos quieren hablar de política pero nadie quiere hacer política.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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