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viernes, febrero 6, 2026

Puchunguis, un Xolo fuera de serie criado por familia hermosillense: “olor singular, parece una enorme liebre en invierno, apetito voraz y mucho amor”, describe su humana favorita

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Cuando Ana supo que los perros Xoloitzcuintle eran considerados curativos surgió en ella la idea de tener uno como mascota y comenzó a buscar en las redes sociales algún lugar donde criaran estos singulares canes.

Fue en octubre de 2018 cuando en Facebook le mostraron 3 de estos perritos (aún se permitía hacerlo) que nacieron en agosto de ese mismo año. Eran “los que le quedaban” a la dueña, unas ternuritas que se arrastraban por el suelo con su cuerpo lleno de pliegues.

Sus papás, ambos legítimos, una perra café claro del tipo con pelo y un perro gris con copete negro, también una pareja fuera de serie.

Fue así como Ana se decidió por un machito gris con copete amarillo, que originalmente tenía el  nombre de “Dante”, como el personaje de la película “Coco”. Ese nombre se le quedaría, según toda la familia, pero Ana comenzó a hacerle cariños diciéndole “mi puchunguis”, por lo que el perro se acostumbró a escuchar ese nombre… y así se le quedó.

Mientras “Puchunguis” era bebé, manejarlo fue sencillo. Era muy fácil colocarlo en las piernas o la espalda de cualquier integrante de la familia para disfrutar de su terapéutico calor, y aunque fuera época de frío, el pequeño Xolo debía bañarse a diario, porque su arrugado cuerpo despedía un fuerte y peculiar olor que invadía el cuarto donde dormía en una caja.

Cuando “Puchunguis”  tuvo por primera vez frente a él un recipiente con croquetas, sólo las olfateó y no dio muestras de querer comérselas, fue obvio que no le apetecían y por ese motivo la familia tomó la decisión de que su pequeña mascota sería un integrante más de la familia que comería exactamente lo mismo que los demás.

Así se acostumbró a desayunar huevo con salchicha o jamón y a veces hot cakes; a comer lentejas con arroz, espagueti con carne, frijoles, elotes, galletas, papas, tortillas de maíz o harina fritas, y por supuesto, sus sobrecitos, pero con las croquetas, nada.

¡Ah! pero cuando por primera vez pudo saborear una carnosa costilla, “Puchunguis” sacó su instinto carnívoro y defendió el hueso como pudo, nadie se le pudo acercar mientras disfrutaba de su apetitoso “premio”.

Baño en la regadera

Mientras “Puchunguis” era cachorrito fue fácil bañarlo en la regadera del baño. Fuera con agua caliente o fría, el pequeño disfrutaba el agua en su lomito al tiempo que escuchaba las cariñosas canciones que su ama le inventaba mientras le enjabonaba su rugosito cuerpo.

Pero llegó el momento en que fue imposible seguirlo bañando adentro: “Puchunguis” se volvió tan inquieto que se sacudía a cada momento, jalaba su correa con todas las fuerzas, intentaba salirse empapado y arrancó con su fuerza una de las llaves de la regadera… fue la última vez que se bañó dentro de la casa.

El “Puchunguis” muy animado con música norteña y paseo familiar

A medida que crecía, “Puchunguis” se volvió muy hiperactivo y difícil de controlar… ya no podía dormir con sus amos, porque orinaba sobre la cama y en cada rincón; fue imposible pedirle que se acostara junto a alguien, ya no estaba quieto por nada. Sus amos optaron por tenerlo en una casita hecha para él, dentro de la casa, pero también comenzó a mordisquear todo mueble que tuviera al alcance.

Fue entonces que la familia decidió sacar su casita al patio y mantenerlo así mientras “maduraba” y se comportaba un poco mejor… lo cual hasta la fecha no ha ocurrido.

Voracidad inexplicable

Un aspecto en lo que nunca ha podido educarse es su forma de comer: “Puchunguis”  come como si tuviera meses sin probar alimento. Es demasiado desesperado, no saborea la comida y hay ocasiones en que se la come hasta caliente.

Como ocurre con muchos perros, es celoso de su plato y sólo permite a su ama acercarse si ella le dice. “Voy a pasar”.

A pesar de su personalidad complicada, “Puchunguis” es adorable, habla con su mirada y es sumamente perceptivo y sensible. En una ocasión, vio a su ama llorar y le limpió las lágrimas de un lengüetazo, ella nunca olvidará ese gesto de compasión y solidaridad que tuvo el perrito con ella. Tampoco olvidará una ocasión que lo reprendió con fuerza porque se portó mal y cómo “Puchunguis” se le restregaba en el cuerpo en señal de que le pedía perdón.

Es travieso, le gusta mucho jugar con el chorro del agua cuando su ama riega el patio; también disfruta cuando su dueña le quita algunos pelitos gruesos y aislados que le salen en su cuerpo y le encantan los baños de esponja.

Cuando sale a pasear es difícil mantenerlo en calma, los demás perros lo ven raro y le ladran, pero él  sólo quiere ser amigable, aunque la gente y los otros perros lo vean como bicho raro.

“Puchunguis” es un gran guardián, con su imponente ladrido espanta hasta al gato más valiente, no deja llegar a personas extrañas e incluso atemoriza a amigos, conocidos o familiares.

Su cuerpo y salud

La piel de “Puchunguis” fue delicada cuando era pequeño, se raspaba con frecuencia y le quedaba viva la herida: Ana descubrió que el mejor tratamiento no eran cremas ni productos especiales, sólo lo curaba con sábila y al siguiente día “Puchunguis” estrenaba piel.

Cuando tenía alrededor de 7 meses, “Puchunguis” contrajo el parvovirus, por lo que fue internado para recibir el tratamiento adecuado y gracias a ello venció el terrible virus que para muchos canes suele ser mortal. Por obvias razones este bello perro jamás ha tenido garrapatas, lo que agrada bastante a sus dueños.

El primer invierno que “Puchunguis” pasó fuera de la casa de sus amos ocurrió algo curioso: El perro comenzó a adelgazar de tal manera que creían que estaba enfermo de gravedad. Sin embargo, nunca perdió la energía ni el apetito y se le observaba más inquieto y travieso que nunca, por eso vieron que no era necesario llevarlo con el veterinario… aunque “Puchunguis” parecía una enorme liebre.

Y cuando el calor regresó fue notable cómo el perro se repuso y volvió a su peso normal, sus costillas se ocultaron y su apariencia mejoró bastante… el siguiente invierno ocurrió lo mismo, y aunque científicamente no está comprobado y en la bibliografía no haya antecedentes de este hecho, la familia descubrió cómo “Puchunguis” se defiende del frío generando más calor y eso es precisamente lo que lo convierte en un perro muy flaco durante la época de invierno.

“Puchunguis” es sin duda un perro excepcional y más que ser el supuesto guía de su ama hacia el más allá si ésta muere antes, es su fiel compañero, quien percibe a la perfección sus estados anímicos, quien la espera ansioso sea de día, de noche o madrugada y siempre aguardará con ansias mientras ella cocina para él aunque sea un caldito de tortilla.

Tener a “Puchunguis”  ha sido para Ana un antes y un después, por lo que sueña con que este hermoso Xoloitzcuintle pronto encuentre novia y pueda dejar descendencia.

Por lo pronto, sus amos quieren que viva muy feliz los 15 años, el mínimo de tiempo que puede llegar a vivir, según expertos. ¡La familia Guzmán Moreno ama a “Puchunguis”!

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