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viernes, abril 16, 2021

Bacadéhuachi, Sonora: En espera de la mina del litio, enfrenta sequía y falta de empleo

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Bacadéhuachi, Sonora.- La fotografía de una generación de estudiantes universitarios, enfundada en una bolsa de plástico, cuelga de dos tornillos en una pared de la casa de María Antonieta Valenzuela. La mujer apunta con su dedo índice y dice: “Este es mi hijo Alejandro. No sé ni qué es, pero él se graduó”, afirma orgullosa. “Es de la UTH, estudió Minería”.

Como otros jóvenes que quieren estudiar más allá de la secundaria en Bacadéhuachi, Alejandro salió de la casa de su madre, en la sierra de Sonora, hacia el municipio de Moctezuma para entrar a la preparatoria y luego a la capital para obtener un grado en la Universidad Tecnológica de Hermosillo (UTH).

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“Andaba de chicharronero, fíjese, con su suegro que hace chicharrones y vende”, dice la madre sobre uno de los empleos más recientes que tuvo el joven de 24 años, quien se graduó en 2016 y se quedó en Hermosillo buscando oportunidades.

“Ahora anda pintando y dijo que se lo iban a llevar a Sahuaripa, a la mina de Mulatos, porque ahí le iban a dar trabajo”, agregó.

María Antonieta solo sueña que su hijo pueda regresar para ejercer en su pueblo, cuando abra la mina a cielo abierto de Bacanora Lithium. Aunque desconoce todo el proyecto, cree que esto tiene más posibilidades de ocurrir ahora que la compañía inició los preparativos para arrancar su segunda fase: la construcción de la planta procesadora a las afueras de Bacadéhuachi, en el Rancho Las Perdices, donde al menos 25 personas -con una mayoría de locales- ya trabajan en el desmonte de 27 hectáreas.

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En esa zona ubicada al sur, a poco más de una hora de distancia en terracería desde el centro del municipio, entre caminos sinuosos que atraviesan un río con poca agua, se encuentra el Rancho La Ventana, lugar que resguarda un yacimiento de litio con reservas probadas y probables de 243.8 millones de toneladas y con una vida útil de hasta 200 años de recursos, según el ranking hecho por Mining Technology.

Bacanora Lithium cuenta con diez concesiones por casi 100 mil hectáreas de terreno para explotación durante al menos dos décadas y actualmente, de acuerdo con Francisco Javier Figueroa Galaz, ganadero y representante del Ejido Bacadéhuachi, la empresa hizo un acuerdo con ejidatarios para transitar provisionalmente por sus terrenos, con una carretera temporal, a cambio de 120 rollos de alambre que ellos necesitan para hacer praderas como reservas de alimento para el ganado, con el objetivo de hacer frente a la sequía.

“Pero aún no ha quedado muy claro ese pago que se va a hacer”, dijo Francisco, “para nosotros era incómodo, hubiéramos preferido que hubieran pasado por otros lugares, pero tampoco estamos en contra: más que nada, porque el pueblo carece de fuentes de empleo… creo que viven en extrema pobreza y hemos puesto esa disposición ahí, no tenemos idea qué tan bien pudiera irnos”.

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Pero no son los únicos sin información clara. Los habitantes de Bacadéhuachi se dicen ignorantes del proyecto de la minera: aunque para ellos significa una esperanza para revivir al pueblo que carece de fuentes de empleo, no saben qué impactos ni beneficios recibirán una vez que empiece la extracción de litio en la zona.

“Para uno, es una esperanza en partes, decimos, porque van a sacar veneno, que van a perjudicarnos aquí”, explicó Teresa Galaz, habitante del municipio, “pues como uno no sabe, es ignorante, si va a ser veneno o sí va beneficiar tanto a Bacadéhuachi, como no hay fuente de trabajo lo que queremos es que haya en qué trabajar, esa es la esperanza que tiene uno”.

En este municipio sonorense, con 979 habitantes según el último censo del Inegi (2020), la mayoría son pequeños ganaderos y agricultores que actualmente enfrentan la sequía sin recursos, luchando para alimentar a sus animales. La pobreza ha obligado a muchos a desplazarse hacia otras regiones donde puedan obtener mejores ingresos.

“Somos una carga para el Gobierno del Estado”: Manuel Madrid

En su oficina dentro del Ayuntamiento, Manuel Madrid, alcalde de Bacadéhuachi, describe a su municipio como un sitio tranquilo. Es viernes por la mañana y hay pocas personas en la plaza, pero será igual durante el resto del día.

“Con la promoción que se le ha dado al proyecto minero, muchos creen que hay mucho movimiento y que es una locura aquí en Bacadéhuachi. Usted lo acaba de ver: el pueblo está en calma, está tranquilo, no hay movimiento de trabajo ni nada de eso, respecto al plan minero”.

Madrid confía en que habrá empleo para la comunidad, aunque todavía no hay acercamientos recientes que confirmen en qué medida serán beneficiados.

“Aparte del beneficio del empleo, la empresa siempre ha estado pendiente de todo lo que ocurre en Bacadéhuachi, no hemos tenido muchos acercamientos últimamente, pero ya que arranque el proyecto creo que la administración, el Ayuntamiento, la empresa minera, ya van a estar más de acuerdo”, afirmó.

Según ha reportado el Gobierno del Estado de Sonora, Bacanora Lithium generaría mil 200 empleos solo para su fase de construcción, número de personas que supera a la población de Bacadéhuachi, hecho que preocupa al alcalde por la posibilidad de un colapso en los servicios públicos o en materia de seguridad cuando la dinámica de la comunidad cambie, aunque el jefe del proyecto le afirmó que la gente que llegue a la zona será asentada cerca de la mina y no dentro del municipio.

Además, fue informado de que la contaminación ambiental por la extracción de litio “no es mucha”, mientras que el agua del río corre de norte a sur, punto cardinal donde se encontrará la mina.

Actualmente, Bacadéhuachi maneja un presupuesto de alrededor de 12 millones de pesos anuales; hace falta reparar calles, mejorar el servicio de agua potable y de drenaje.

“Yo siempre lo he comentado: que Bacadéhuachi -como comunidad pequeña y que obviamente carece de muchos servicios- somos prácticamente una carga para el Gobierno del Estado, entonces, ya con el desarrollo del proyecto, con empezar a trabajar, obviamente que Bacadéhuachi va a aportar al estado: estamos hablando de fondos mineros, de todos los beneficios que trae un proyecto minero en una comunidad, entonces creo yo que de esa manera sí se podría dar un cambio significativo en el municipio”.

Además del proyecto de la mina, Madrid piensa que una presa sería fundamental para aliviar la angustia de los ganaderos y agricultores. Es un proyecto que se frenó hace décadas y que él busca concretar antes de terminar su gestión como alcalde este 2021.

“No tenemos el agua suficiente que nos diga que vamos a solucionar el problema de la sequía como la que se nos está presentando ahorita”, concluyó, “yo me di a la tarea de rescatar un proyecto para una presa que se había estado quedando olvidado por problemas de derechos de agua; un reservorio de agua aquí, entonces sí nos cambiaría la vida a los habitantes de Bacadéhuachi, aunado al proyecto de la mina”.

La escasez de agua y la ganadería local

El servicio de agua potable depende de un pozo de 100 pies de profundidad que existe desde hace más de 30 años. La bomba alimenta a cerca de 500 casas distribuidas en cinco barrios distintos. Jesús Pedro Montoya es el encargado del equipo de bombeo desde hace 21 años y es quien atiende las problemáticas que pudieran surgir en el servicio.

“Ahorita andamos afanando con el agua y los ganaderos acarreando agua en los tinacos para darle a los animalitos también, batallando”, sostuvo, “escasea el agua y tenemos que empezar a menear válvulas para encontrar para cada barrio, para darle agua dos o tres horas a cada barrio”.

A Montoya le preocupa que llegue más gente al pueblo y que la bomba no resista la carga. No sería la primera vez que se quemaría el sistema y que se pudieran quedar sin suministro por semanas.

“Hasta 15 días nos hemos quedado sin agua cuando se quema el motor, tienen que ir a Hermosillo y a Monterrey mandan para comprarlo; hasta ahorita anda más o menos, anda bien ahorita el agua, pero ya para mayo y junio: a menear válvulas y todo, controlar el agua, y si viene toda esa gente entonces sí nos va a tronar aquí”.

Los ganaderos no piensan distinto y el Monitor de Sequía en México del Servicio Meteorológico Nacional lo confirma: Bacadéhuachi se encuentra en nivel D3 que equivale a sequía extrema, un grado antes de la sequía excepcional, un rango que alcanzó desde diciembre de 2020 y que ha mantenido hasta el último reporte publicado el 15 de marzo. Este municipio ya había enfrentado una sequía similar en junio de 2018.

Jesús Valenzuela Moreno, un ganadero con unas cien cabezas de ganado está trabajando en mantener fuertes a sus animales porque sabe que viene la peor parte de la temporada a partir de mayo. No puede hacer más que comprar suplementos, concentrados y sales mineralizadas, porque el pasto que arrancan del suelo no es suficiente.

Está consciente de que, si no hay agua ahora, es posible que haya mucha menos una vez que empiece a trabajar la mina.

“Necesita muchísima agua”, sostuvo, “pues si no llueve, me imagino que se va a poner peor, porque imagino que van a sacar agua y se va estar yendo más lejos de aquí del pueblo. Nos hace falta que llueva, la presa es un proyecto muy bueno y nunca la han podido hacer. El agua es lo primordial ahorita”.

La esperanza de una mina para revivir a un pueblo

En el pueblo, la preocupación también ronda a las mujeres. Teresa Romero tuvo años de bonanza cuando una mina de sal operaba en el mismo municipio. Ella tenía un comedor que atendía tres turnos para alimentar a ingenieros, proveedores y trabajadores, pero cuando la mina cerró hace unos dos años, sus mesas se quedaron vacías.

Incluso tuvo que venderlas poco a poco. Su hijo estudiaba Enfermería en Hermosillo y ella tenía que hacer algo para mantenerlo.

“Pasó que me tuve que ir, estuve un tiempo trabajando en Hermosillo limpiando casas, gimnasios y lo que me salía, como un año le seguí ayudando pero ya no pude más, dejó la escuela por lo mismo, porque ya no tuve cómo darle la mano y nos vinimos para acá”, contó en una silla de su comedor vacío, “volví a abrir, pero está muy flojo, no hay venta, no hay trabajo y le hacemos la lucha a los que se pueda: vendo pan, tamales, taquitos dorados, enchiladas, lo que pueda para salir adelante”.

Después del cierre de aquella mina, muchos abandonaron el pueblo. La apertura de una nueva, representa el regreso de la vida en una comunidad que se ha roto.

“También se fueron para sacar a los muchachos adelante, los estudiantes, no les quedó más y ahorita todavía están fuera, hay muchas casas solas por lo mismo, porque aquí no hay trabajo”, concluyó, “ojalá que empiece ya, para que toda la gente se devuelva y que esté con su familia… y vuelva a ser el pueblo de antes”.

Teresa Romero, propietaria de comedor en Bacadéhuachi.
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