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miércoles, noviembre 25, 2020

La historia: El escultor que recreó a un niño que se viste de danzante yaqui, una de las estatuas colocadas en Hermosillo

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Hermosillo, Sonora.- Un niño toma una toalla y se la enreda en la cabeza, luego le coloca encima un reno navideño, lo sujeta con un cordón y agarra unas sonajas. En su imaginación, es un danzante de venado Yaqui. Un artista recrea la imagen y crea una escultura que está en el centro de la capital: se trata de una caricatura y evoca la diversión de la infancia.

Oscar Cedillo, escultor de 50 años, originario del municipio de Guaymas pero avecindado en Hermosillo desde hace tres décadas, es el creador de la obra que ha causado revuelo en redes sociales: ¿es una emulación de “Condorito”, por sus pocos dedos en los pies, y con un chorro de nieve en la cabeza, como lo describen los usuarios? No. A decir del artista, simplemente, es un niño que juega a danzar como un ícono sonorense.

“El Venadito” es la escultura ubicada en el recién inaugurado paseo peatonal Miguel Ángel Figueroa, antes era una calle para el tránsito vehicular. Mide 2.5 metros y fue donada por el Patronato Pro Obras del Centro de Hermosillo para colocarla frente a un jardín floral donde, ahora, la gente se acerca a tomarse “selfies” para enviar a su familia.

Imagenes: Alejandro Gutiérrez y Astrid Arellano.

“¿Cuál fue mi inspiración o lo que yo plasmé aquí?”, dijo Oscar, “fue un niño ‘equis’, el niño que sea, que pretende ser un danzante, es decir, se pone una toalla en la cabeza -por eso el tocado se ve burdo y no está bien colocado-, se pone un venadito que encontró en su casa, a lo mejor es un ‘Rodolfo El Reno’ y tiene unos accesorios que se pone y, entonces, intenta o pretende ser un danzante; no estoy retratando a la tribu ni a un niño de la etnia, no queremos ofender a nadie, esa no es la idea, sino solamente enternecer -como una caricatura- a un ícono sonorense”.

Alguien le preguntó a Oscar por qué, entonces, el Venadito tiene la piel blanca y la respuesta fue simple: porque todos los niños y las niñas merecen ser representados sin importar su tono de piel.

Este niño forma parte de los “Sonoritas”, una colección creada por el escultor hace diez años para promocionar al estado: se compone de ocho pequeñas esculturas hermanas: incluyen a una niña vestida con el traje típico de la Nación Comcaac y otra de la Tribu Yaqui, a un fariseo, un vaquerito y una vaquerita, un minerito y un niño que juega beisbol.

Todas se han vendido en cajas de palo fierro como “souvenirs” para los turistas y también se han enviado a Estados Unidos, Centroamérica y Europa.

“Esta versión de caricatura tiene una raíz en dibujos para niños”, detalló el autor, “si ustedes entran a Google pueden encontrar cantidad de dibujos que son muy tiernos y que evocan al danzante del venado. Entonces, con base en eso y en mi experiencia al trabajar con juguetes -yo trabajé para Mattel y Hasbro a través de un taller de escultura en Estados Unidos con mi amigo Erick Sosa- hice esta pieza”.

Oscar trabajó por un mes y medio en el modelado del Venadito dentro de su taller casero. Luego se le unió Melissa, su hija de 21 años, para terminar el proyecto durante dos meses más: ella también quiere ser una artista profesional, por eso estudiará próximamente en la Brigham Young University en Rexburg, Idaho, en Estados Unidos.

“Es una obra artística y tuvo mucha elaboración”, dijo Melissa, “yo estuve en el proceso desde cero, hasta que estaba en arcilla: hicimos el molde, el contramolde… y, verlo aquí, es como el trofeo de habernos esforzado mucho; lo que creo es que esta escultura es una razón más para invitar a alguien a Hermosillo”.

Y su padre continúa: “Este trabajo y el de las figuras pequeñas es artesanal, se le invierten un montón de horas, muchas horas. En este trabajó conmigo mi hija Melissa y le dije te contrato, tiene 21 años y, ¡vámonos! Entonces se puso a trabajar. Me dio mucho gusto verla con el taladro, con la desbastadora, trabajando y llenándose de polvo. Fue muy divertido y muy suave verla”.

Melissa se imagina a la propia comunidad invitando a sus seres queridos a conocer esta y las esculturas que vienen, porque el proyecto contempla la remodelación de más espacios públicos a cargo del Ayuntamiento de la ciudad y la donación de más “Sonoritas” de parte de la iniciativa privada. La próxima, podría ubicarse en el antiguo barrio de Villa de Seris, donde se encuentra el origen de Hermosillo.

“Yo he pensado que, cuando invite a mis amigos de otras partes de México o del mundo, esta es una razón para traerlos aquí al centro, para tomarnos fotos y que, cuando esté la seri, ir para Villa de Seris, cuando esté el vaquero ir por allá”, narró la joven, “al final, lo que importa es lo que la sociedad puede ver como resultado, que es un niño que se emociona por ver a un danzante yaqui de colores, llamativo y representando a los sonorenses”.

La escultura tuvo un costo de 100 mil pesos, pero la mitad se usó para la inversión de los materiales y en el pago a otras personas que también trabajaron en la obra durante los tres meses y medio que se necesitaron, con jornadas de hasta ocho horas diarias.

“Entonces restan 50 mil”, detalló el escultor, “es una ganancia fabulosa si te la ganaras en una semana o en un mes, pero, si te lo ganas en cuatro meses, estamos hablando de unos 12 mil mensuales, entonces no me voy a hacer rico, creo que no es abundante pero estoy muy contento con que mi obra quede para un legado”.

En ese sentido, Oscar también cuenta con otra escultura importante en el centro de la ciudad: el poeta Abigael Bohórquez, un personaje que ha resultado vandalizado en varias ocasiones por estar a nivel del público, sentado sobre una banca. Le han cortado un dedo, le han robado su mano y libreta, lo han bañado de pintura blanca. En cada ocasión, Oscar ha vuelto a restaurarlo.

“En el caso del Sonorita, una persona comentó en Facebook que nada le daría más gusto que ver la escultura vandalizada y, la verdad, a mí se me hizo muy fuerte esa declaración”, agregó Oscar, “lo escribió así, en redes sociales, palabras más palabras menos y espero que no se vea amenazado el proyecto, espero que llegue un momento que la gente lo aprecie”.

Ciudadanos opinan

El andador que antes era una calle atiborrada de automóviles, ahora sirve para las señoras que cargan sus compras del Mercado Municipal, para los comensales de un negocio de tortas y para quienes simplemente transitan más seguros a pie, algo que, a decir de la propia ciudadanía, era una necesidad.

María de la Luz Medina es una señora hermosillense, jubilada, que se detuvo unos minutos a observar al Venadito.

“Está hermoso, la esencia de lo que es la Danza del Venado, pero es un niño y está hermoso, precioso está”, dijo emocionada, “es la enseñanza para nuestros nietos, están sembrando una semilla muy bonita, cuando bailan los niños la Danza del Venado es una cosa hermosa”.

En redes sociales algunas personas criticaron la presencia de “un yaqui” en Hermosillo, porque según su percepción este personaje no es representativo de la ciudad. Sin embargo, recordó Oscar Cedillo, hay al menos tres murales ubicados en diferentes puntos donde están plasmados los danzantes y, más importante aún, la etnia está viva en la capital, pues también hay un grupo que reside en el barrio de La Matanza desde hace décadas.

“Lo que me importa es que los íconos sonorenses sean orgullo de nosotros”, concluyó Oscar, “para mí lo son: los mineros, los seris, yaquis, pescadores, beisbolistas, todo lo que representa a Sonora, para mí es un orgullo”.

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