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viernes, diciembre 4, 2020

Morena: hora cero

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Con el proceso electoral 2021 en marcha, Morena se juega su última carta para institucionalizar su vida interna y trascender a AMLO. La encuesta que habrá de definir a la dirigencia de los próximos tres años también podría definir su destino.
El partido en el poder llega a su impostergable cita con la historia; la definición de una dirigencia nacional que debería lograr lo que hasta el momento ninguno de sus anteriores dirigentes ha podido: cohesionar a sus liderazgos, corrientes y militantes, y edificar un partido que pueda trascender a la figura de Andrés Manuel López Obrador.
El objetivo original del Movimiento de Regeneración Nacional, que era llevar a López Obrador a la presidencia, se consiguió hace más de dos años, y la meta se logró con creces, colocando a cientos de morenistas en cargos de elección popular, ya sea para gobernar o para representar a sus simpatizantes en Cámaras federales y Congresos locales.
El fin desde 2006 era llegar al gobierno, sacar de ahí a la élite que durante décadas usó y abusó del poder público para sus propios fines e intereses. Pero eso –suponiendo sin conceder que ya se haya logrado– no es suficiente para conseguir el cambio de régimen o la “cuarta transformación” de la vida pública de México.
Hace falta que Morena construya sobre las instituciones y procedimientos que López Obrador está deconstruyendo y desmontando. Crear nuevas instituciones, nuevos modelos de convivencia social y una nueva cultura política apartados del clientelismo, el corporativismo, la corrupción, el nepotismo y otras lacras del pasado.
Para eso, valdría la pena que los de Morena comenzaran por su propia casa.

No es un dato menor que el partido en el gobierno esté a punto de cumplir tres años sin una dirigencia nacional formal y legalmente constituida, legitimada y reconocida por todas y todos quienes militan en ese partido.
Tampoco son irrelevantes, para todo México, su permanente conflictividad; el surgimiento, desarrollo y choque de tribus –al más puro estilo del perredismo– y la constante intervención de los órganos electorales para enderezar su vida interna.
Un partido erosionado desde dentro se ha visto limitado para sugerir directrices de gobierno y políticas públicas, y para acompañar a su gobierno en los tiempos críticos que se viven.
La dirigencia por encargo de la secretaria general Yeidckol Polevnsky (noviembre de 2017 a febrero de 2020) se concentró en encauzar el movimiento para ganar la Presidencia en 2018, pero desaprovechó el 2019, un primer año de gobierno idóneo para institucionalizar al partido y darle viabilidad.
La dirigencia interina de Alfonso Ramírez Cuéllar, intermitente y descolorida por la irrupción de la pandemia de COVID-19, tampoco pudo construir partido. Ni siquiera pudo cumplir con su única razón de ser, que era acatar el mandato legal del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de convocar y sacar adelante un proceso interno –legal y democrático– para renovar los cargos directivos.
Por eso, hoy el futuro de Morena depende de una encuesta, un método estadístico al que el lopezobradorismo ha recurrido en ocasiones anteriores para dirimir sus contiendas internas, y que esta vez será realizada por el Instituto Nacional Electoral, a contrarreloj, bajo una enorme presión de grupos, funcionarios y dirigentes y ante la vigilancia de un Tribunal que ya dejó ver que corregirá, una y otra vez, lo que no le parezca adecuado.
En las últimas 72 horas, al acatar una nueva sentencia del Tribunal en materia de equidad de género y criterios para definir la pertenencia a Morena, el INE dio a conocer una nueva lista de aspirantes y un nuevo cronograma para realizar la encuesta.
Finalmente, serán 47 personas las que busquen la presidencia nacional y 53 la Secretaría Nacional.
Tres de 47 aspirantes a la presidencia son mujeres y, por lo tanto, tienen el pase directo a la encuesta final de la que saldrá la o el ganador. Se trata de la muy conocida Yeidckol Polevnsky y las casi totalmente desconocidas Adriana Menéndez Romero e Hilda Mirna Díaz Caballero.
Los 44 candidatos varones deberán competir entre ellos en una encuesta de reconocimiento que se levantará a partir de este martes 22, para ocupar los otros tres espacios en la encuesta final. Entre ellos, figuran cinco candidatos con notoriedad y trayectoria pública bastante conocida: Porfirio Muñoz Ledo, Mario Delgado, Javier Hidalgo, Alejandro Rojas Díaz-Durán y Gibrán Ramírez.
Para la Secretaría General, la lista de 53 aspirantes incluye a 16 mujeres y 37 hombres, quienes deberán participar en la encuesta de reconocimiento, para que las y los tres mejor posicionados participen en la encuesta final de seis.
El levantamiento y procesamiento de la encuesta de reconocimiento se llevará a cabo entre el 22 y el 28 de septiembre, y la encuesta nacional definitiva se llevará a cabo del 2 al 8 de octubre.

Dado que el INE no es una empresa de datología o una casa de estudios de opinión, para levantar estas encuestas se recurrirá a tres empresas para la primera y otras tres para la segunda, que aplicarán el estudio a población abierta, con una pregunta de control para verificar que los encuestados se definan a sí mismos como simpatizantes de Morena.
No es un ejercicio sencillo ni técnicamente infalible, pero es lo que decidió y ordenó hacer el Tribunal Electoral, en una sentencia que, como todas las que emite, es inatacable e inapelable.
Se espera que el 11 de octubre, se den a conocer los nombres de quienes ocuparán la Presidencia Nacional y la Secretaría General de Morena en los próximos tres años, hasta agosto de 2023.
Lo más deseable es que la encuesta se haga bien, y que todas y todos los participantes acaten, respeten y legitimen el resultado.
Morena es hoy el partido en el gobierno a nivel federal, la fuerza mayoritaria en el Senado, la Cámara de Diputados y 20 Congresos locales. Gobierna la Ciudad de México, Baja California, Chiapas, Morelos, Puebla, Tabasco y Veracruz, y más de 500 municipios.
Es indudable su papel como entidad de interés público.
Este año, a Morena le fueron asignados mil 600 millones de pesos como prerrogativas para su gasto ordinario (de los cuales está devolviendo la mitad a la Tesorería de la Federación), y en 2021 se prevé que reciba más de dos mil millones de pesos entre gasto ordinario y gasto para campañas. Más los millones que recibirá a nivel estatal.
La pugna por la dirigencia nacional de Morena es una pugna por el control y ejercicio de esos recursos y ese poder. Están en juego las 15 candidaturas a las gubernaturas que se elegirán el 6 de junio de 2021, las 500 candidaturas a la Cámara de Diputados y más de 2 mil 500 candidaturas a ayuntamientos y congresos estatales. Además de las primeras directrices de cara a la definición de la candidatura presidencial de 2024.
A Morena se le viene el tiempo encima: el proceso electoral federal arrancó ya el pasado 7 de septiembre, junto con decenas de procesos locales.
Poner a Morena en esa ruta será la labor más urgente de la nueva dirigencia nacional. La labor más trascendente, en cambio, será la de convertir al movimiento en partido y darle viabilidad y horizonte institucional más allá del sexenio de López Obrador.
Si esta vez la elección sale bien, Morena podría empezar a andar ese camino. En caso de un nuevo fracaso, al partido oficial sólo le quedaría un nuevo interinato o, en última instancia, el socorrido camino de la tómbola, para que sea el azar –y no el talento de su militancia y liderazgos– lo que decida su suerte.

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