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miércoles, junio 16, 2021

Provocar una enfermedad es más grave que padecerla

Dr. Félix Higuera
Dr. Félix Higuera
Médico Psiquiatra. Servicios público federal y estatal desde 1993 a la fecha ocupando cargos directivos en Salud Mental, Adicciones, Salud Mental Pública y subsecretaría de Servicios de Salud en Sonora. Actividades de asistencia clínica y social como coordinador médico en HR Entrenamiento Neuroconductual SC. Socio: Colegio de Psiquiatras de Sonora. Academia Americana de Psiquiatría. Y Psiquiatría Infantil. Asociación Psiquiátrica Mexicana. Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil

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La enfermedad ficticia también llamada “síndrome de Munchausen” es un problema de salud mental en el que la persona se inventa o provoca una enfermedad o lesión en sí misma, no se trata del típico malestar que cualquier persona puede fingir, como toser para que sepan que el baño está ocupado, o el típico dolor de cabeza o dolor físico que muchos manifiestan para evitar exponerse o realizar alguna actividad. Los trastornos ficticios, aunque son poco comunes, debemos pensar en ellos, por la presencia de síntomas emocionales, conductuales y/o físicos fáciles de identificar su origen y los tratamientos, pero difícilmente aceptados por quien los padece.
A pesar de que se trata de una alteración que raras veces se diagnostica, es posible que muchas veces no se identifique. Por otra parte, los casos que presentan la forma crónica pueden ser sobrevalorados debido a que son tratados por médicos diferentes en hospitales diferentes e incluso bajo nombres diferentes. Es más frecuente en los varones y el curso de la enfermedad puede ser variable;  de uno o más episodios, generalmente es crónico. El comienzo de la enfermedad tiene lugar en los primeros años de la vida adulta y podría coincidir con una hospitalización por una enfermedad física identificable o algún trastorno mental. En la forma crónica de la enfermedad, las hospitalizaciones subsecuentes se transforman casi en un “modus vivendi”.
Se caracterizan por la presencia de malestares fingidos o producidos intencionadamente, con el fin de asumir el papel de enferma o enfermo. Por ejemplo, una persona puede acudir al médico por la presencia de infecciones frecuentes en la piel, otros por hallazgo de sangre en la orina, ser hospitalizado por presentar fiebre de causa desconocida, y por más estudios clínicos y de laboratorio especializados, suele ser difícil encontrar la causa. Debemos entender que ante la presencia de síntomas provocados pueden coexistir síntomas físicos o psicológicos verdaderos.
Los trastornos facticios son distinguibles de los actos de simulación. En la simulación la persona en su rol de enfermo, también produce los síntomas de modo intencionado, pero su objetivo es fácilmente reconocible cuando se conocen sus circunstancias. Por ejemplo, la producción de síntomas de manera intencionada para evitar una separación o divorcio o la necesidad de vivir fuera de casa por motivo de estudios. De manera semejante, un enfermo hospitalizado puede simular un empeoramiento de su enfermedad para evitar el regreso a su casa o su traslado a otra institución, produciendo así un acto de simulación.
Quienes padecen el trastorno ficticio, sienten la necesidad psicológica de asumir el papel de enfermo e implica un determinado grado de psicopatología. La característica esencial de este trastorno es la producción intencionada de signos o síntomas físicos o psicológicos. Las molestias pueden ser inventadas, por ejemplo, cuando el paciente se queja de dolor sin padecerlo, o una auto-lesión como en el caso de abscesos en la piel producidos por la inyección de algún líquido contaminado.
Las personas que presentan este trastorno por lo general explican su historia con un discurso teatral inconfundible. Sin embargo, son sumamente inconsistentes cuando se les pregunta con más detalle lo que les pasa. Cuando se le cuestiona con detalle suele dejarse llevar por una tendencia a mentir de manera patológica. Se caracterizan por tener un amplio conocimiento de la terminología médica y de las rutinas hospitalarias. Son muy frecuentes las quejas de dolor y la solicitud de de analgésicos. Después de realizada una exhaustiva exploración de sus principales molestias y haya resultado negativa, a menudo empiezan a quejarse de otros malestares físicos, o bien, se auto provocan más síntomas.
Las personas que padecen este trastorno suelen ser objeto de múltiples exploraciones e intervenciones quirúrgicas. Cuando se encuentran en el hospital tienen por lo general son poco visitados por sus familiares. En ocasiones, es posible sorprender al paciente en el momento en que se está provocando un síntoma. Cuando se les confronta con la evidencia de sus síntomas provocados, estas personas o los niegan, o abandonan rápidamente el hospital, incluso solicitan de inmediato su alta voluntaria. Con mucha frecuencia suelen ser admitidos en otro hospital el mismo día. El peregrinar de un hospital a otro es común, incluso acudir a otras instituciones de salud de la ciudad, del estado o del país.
En los trastornos facticios con predominio de síntomas emocionales y del comportamiento, las personas se documentan sobre enfermedades y medicamentos, estudios de laboratorio y de gabinete. Pueden utilizar en secreto medicamentos con el propósito de producir síntomas que sugieran un trastorno mental. O bien utilizar estimulantes para producir inquietud o insomnio, o sustancias que inducen alucinaciones, analgésicos para producir euforia e inductores del sueño para provocar lentitud o somnolencia. Las combinaciones de todas estas sustancias pueden producir cuadros muy extravagantes que los médicos detectan de inmediato la dificultad para integrar un diagnóstico y tratamiento. Los individuos que presentan de manera predominante molestias físicas pueden consumir sustancias de manera perjudicial, como, por ejemplo, analgésicos y sedantes. Las hospitalizaciones múltiples conducen frecuentemente a trastornos físicos con complicaciones, como la formación de tejidos cicatrizales debidos a las múltiples e innecesarias cirugías o reacciones adversas a los medicamentos.
El tratamiento para estos casos suele ser multidisciplinario. Con riesgo de rechazo a las intervenciones y recaídas. Hay que pensar que puede ocurrir la manera auto inducida, pero también la que algunos adultos pueden inducir en sus hijos. Los trastornos graves de personalidad pueden coexistir con este trastorno lo que complica la conducción del tratamiento que se requiere para recuperar el funcionamiento global, la reinserción del paciente a su familia, y evitar que se exponga a procedimientos médicos invasivos y tratamientos innecesarios.

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