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domingo, abril 18, 2021

A los amigos, justicia y gracia (o reflexiones -quizá piratas- de Benito Juárez y Porfirio Díaz)

Katia D'Artigues
Katia D'Artigueshttps://yotambien.mx/
Katia D’Artigues es una periodista política y activista por los derechos de las personas con discapacidad. Tras 26 años de trabajo en medios, aún se sigue sorprendiendo de lo que pasa y como medida de sobrevivencia personal a veces prefiere reír para no llorar- así que no se lo tomen a mal. Ha escrito en Reforma, El Financiero, Milenio, El Universal y actualmente en Vértigo. En televisión ha pertenecido lo mismo a Televisa, que MVS y TV Azteca. Tiene un portal llamado “Yo También, Discapacidad con todas sus letras” para escribir sobre discapacidad, en https://yotambien.mx/ y pertenece a la Asamblea Consultiva de Conapred y a otro consejo de la Suprema Corte para la Igualdad de Género. Autora de dos libros, también escribe otro. Es decir: es una madre mexicana (su hijo tiene 13 años) que hace “mamabarismos” cotidianos entre trabajar y criar. Le puedes escribir en lakatia@gmail.com; mandarle un tuit a @kdartigues o seguirla en Facebook: https://www.facebook.com/KDArtigues/

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Cuenta la leyenda que Benito Juárez alguna vez dijo: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”. Y parece que Andrés Manuel López Obrador, quien admira a raudales a Benito Juárez, lo aplica, como todo… a su manera.
A pesar de que está muy popularizada esa cita como verdadera, en realidad nunca nadie ha dicho dónde la escribió, en qué discurso está, ni tampoco a quién se lo dijo en cortito, en off the record (diríamos los periodistas) o en qué contexto.
Si Juárez viviera en este tiempo de la instantaneidad de las redes sociales, quizá sólo le hubiera dado un RT a la frase de alguien más y, por ser él famoso, se la hubieran atribuido. Vaya usted a saber.
Me lo corrobora Alejandro Rosas, divertido amigo y serio divulgador de la historia con quien siempre me gusta hablar por su vocación por desmitificar a los personajes de bronce de nuestra historia nacional. Incluso Rosas va más allá:
“Yo creo que tampoco Juárez lo hubiera dicho porque, si alguien no tenía concesiones, ni para sus amigos, era Juárez. A Santos Degollado, este famoso general liberal que combatió a su lado en la Guerra de Reforma, lo manda enjuiciar porque lanzó una propuesta de paz entre conservadores y liberales, con la mediación de Inglaterra, que le cayó como bomba a Juárez. Me parece totalmente ilógico dentro de la lógica,de Juárez”, me comenta.
Cierto o no, hay cientos de discursos y artículos que citan esta frase como de Juárez como cierta.

Nuestro actual presidente, amante de la historia de México, deja claro a la menor provocación que su ídolo es el Benemérito de las Américas. El 21 de marzo de 2019, en Guelatao, tiempos donde la sana distancia no existía, cuando fue a hacer un homenaje a él en el aniversario de su nacimiento -o Natalicio- dijo:
“(Juárez es) el mejor presidente que ha habido en la historia de nuestro país. Todavía gobierna por su ejemplo (…) un referente, un ideal, lo que siempre debe inspirar a un buen gobierno”.
Por un lado Lozoya, Bartlett y otros; y del otro lado, Rosario Robles
Esta reflexión viene a cuento porque pareciera que AMLO sí cree que esa frase la dijo Juárez y la aplica. Ejemplos hay varios.
El más reciente es el claro trato desigual dado a dos personas que trabajaron en el gobierno de antecesor, Enrique Peña Nieto: Emilio Lozoya y Rosario Robles.
Si bien es cierto que él podría decir que no depende de él, sino de la muy autónoma Fiscalía General de la Nación y, en el segundo, del juez Delgadillo Padierna (sobrino de Dolores Padierna, quien como si fuera sorteo de Morena, le tocó curiosamente ser su juez) los casos sí tienen claras diferencias para cosas similares.
Y bien sabemos que en esta 4T nada se hace sin el visto bueno tácito o implícito de AMLO, un presidente con mucho poder.
Mientras Robles está acusada de un delito no grave (ejercicio indebido del servicio público por omisión), no se fugó y llegó a comparecer por su voluntad a una primera y segunda audiencia en la que se le informaría de qué estaba acusada, está presa desde hace casi un año, sin seguir un procedimiento que le permita defenderse. ¿Por qué? Sobre todo por que el juez piensa que hay un “riesgo de fuga” que está sustentado en un documento falso (y que ella no dio): una licencia de manejo donde hay otra dirección de su casa, contraria a la suya, además muy pública y conocida.
A ella sí se le ha exhibido como un “logro” del combate a la corrupción, cuando la inhabilitaron, por ejemplo, por una cuenta de 2 mil pesotes.
Hay un diagnóstico médico de Robles: hipertensión arterial, rinitis crónica. Pero ella no sale ni de chiste de la cárcel aunque lo haya pedido ya muchas veces y se presume que, de entrada, le han violado sus derechos (a la presunción de inocencia y al principio pro-persona, al menos).
Del otro lado tenemos a Emilio Lozoya. No digo que sea “amigo” del presidente, en lo absoluto. Pero su figura vaya que le conviene, digamos, sobre todo frente a una elección como la del 2021 -las más grandes de la historia de México- para polarizar y diferenciarse (de ahí también toda la exhibición ‘hermoseada’ del lujosísimo avión presidencial que ya está de regreso en México).
Lozoya sí se fugó. Se le emitió una “ficha roja” de Interpol para buscarlo por el mundo. A él sí lo detuvo la policía española y lo extraditaron a México. Sin embargo llegó -aunque nadie lo ha visto- y se fue directo a un hospital privado porque tenía anemia y ahí estuvo cerca de quince días.
Aunque fue acusado de delitos graves que ameritan prisión preventiva oficiosa según el recién renovado y muy controvertido Artículo 19 Constitucional como delincuencia organizada, cohecho y operaciones con recursos de procedencia ilícita, por casos como Odebrecht y Agronitrogenados, salió con un brazalete en el pie y ¡vaya! no fue ni a firmar a la cárcel por prevención del COVID-19. Con que mande un mail diciendo “aquí estoy” está bien (antes no lo hizo por Twitter).
¿Y el caso Fertinal? Hasta ahora nadie lo ha mencionado. Súper raro.
Para el presidente, Lozoya es un “testigo colaborador” que le permitirá desmantelar redes más altas de corrupción porque va a decir -en el futuro- muchas cosas… aunque la propia Fiscalía -autónoma- reitero, no lo ha dicho así. Que yo sepa, no ha ni declarado en ese sentido.
Ahhh, nuestro presidente, parece, sabe el futuro. Así como tiene otros datos, quizá también tiene otros poderes.

Gracia que no es graciosa y un lapsus linguae
Hay otros ejemplos. Está Manuel Bartlett, también con sus veintitantas casas, pareja sentimental -que no esposa ni concubina- millonaria e ‘hijo incómodo’ a quien le quitaron licitaciones por la venta transparente de ventiladores; u otros funcionarios cercanos que ha sido tocados al menos con la sospecha de “quién pompó”. Como los Sandoval-Ackerman.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien los toca a ellos? Pues nada.
“Chu-chu-chu”, diría Bartlett. Recordará que así le dijo en Palacio Nacional a los reporteros que justo le preguntaron del tema de sus casas porque recién salía de una conferencia sobre el Tren Maya.
Si los atacan a ellos, es porque los ‘conservadores’ (esa categoría tan nebulosa) no quieren que la 4T avance e incluso es un ataque a su gobierno que está llamado a tantas cosas.
Si es a los cercanos, gracia. Pura gracia (que de no ser tan grave, seria graciosa).
Juárez, Díaz y el lapsus linguae (dice Freud)
Por el contrario, para el presidente uno de los claros ejemplos históricos a no seguir por su gobierno autoritario, dictatorial y lleno de corrupción, es el de Porfirio Díaz. A él, también, por cierto, se le atribuye una frase que, como la de Juárez con la que empecé esta columna, tampoco sabemos de dónde salió: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.
Es también algo raro porque si alguien supo cómo acercarse al gobierno de Estados Unidos incluso para que hicieran grandes inversiones como las de los ferrocarriles (gran avance en ese tiempo) fue Díaz.
“Creo que jamás (Díaz) hubiera creído que fuera una maldición tener a los gringos de vecinos”, me dice también Rosas.
Y yo pienso que tampoco AMLO, dada su amistad con Donald Trump.
Ahora que lo pienso, recuerdo una mañanera del 19 de noviembre del año pasado (está bien, lo recuerdo gracias a Google) en la que nuestro presidente nos dio una larga cátedra de historia y donde seguro ‘se le chispoteó’ (Chespirito dixit) un dato: cuando dijo que Carmelita Romero Rubio fue la esposa de Juárez y no de Díaz.
Digo, un error lo tiene cualquiera más si habla tanto todos los días, pero ¡pobre de la abnegadísima Margarita Maza, caramba!
Psicólogos como Sigmund Freud (en Psicopatología de la vida cotidiana) llaman a esto un lapsus linguae y aseguran que son reveladores de cosas que uno tiene en su inconsciente.
Si así fuera, ¿qué tal que tiene el presidente confundidos a Juárez y Díaz y por eso ya no sabemos qué es ser conservador y qué es ser liberal?
No sé, quizá habría que convocar a una sesión espiritista con Francisco I. Madero para que nos ilumine.

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