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jueves, junio 24, 2021

AMLO en la Casa Blanca: lo no dicho

Bruno Ríos
Bruno Ríos
Bruno Ríos es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Houston. Escritor, académico y editor.

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El miércoles de la semana pasada me di a la tarea de preguntarle a algunas y algunos de mis conocidos, colegas, amigas y amigos en los Estados Unidos si estaban enterados de la visita del presidente de México a la Casa Blanca. La respuesta fue unánime: no tenían la menor idea. Y no los culpo. El contexto en el que se da la primera visita del mandatario mexicano a tierras norteamericanas es sumamente complejo. Estados Unidos se encuentra en una de las crisis más terribles de su historia, no sólo por los alarmantes números de contagios por la pandemia del coronavirus, sino por la realidad política y económica que se ha desatado en los últimos años.
Es notable ver que la cobertura de la visita de AMLO a Washington en los medios de comunicación estadounidenses fue prácticamente nula. Ese miércoles, tanto los medios locales como los grandes periódicos y agencias como en New York Times, NPR, AP, Reuters, etc., reportaron la visita escondida en las entrañas de la sección política. En contraste, la pandemia se apoderó de la primera plana, junto con las inmensas tensiones partidistas que se siguen gestando en Washington.
Para decirlo de una vez, mientras que en México se desató una polémica bastante importante entre el gobierno federal y la oposición a raíz de la visita del presidente, en Estados Unidos la inmensa mayoría de la población la pasó por desapercibida. Y tienen razón: la visita de AMLO es completamente inexplicable e insignificante para una población que se encuentra sumida en una división política sin precedentes, en una crisis sanitaria que se vive una vez cada cien años, en un país que no sabe qué hacer con sus liderazgos políticos.
Para que la visita de AMLO importara, hubiera sido necesario tener otros presidentes en ambos países. Así como en algún momento se le criticó al periodista Jorge Ramos por tomar una postura muy clara ante el poder y la situación de desposesión y encarcelamientos masivos de la comunidad hispana en los Estados Unidos, creo yo que esta era una oportunidad única para que el gobierno de México tomara una postura distinta.
Esto no quiere decir que lo dicho por AMLO en la Casa Blanca no sea un discurso político, sin duda lo es. El problema es que lo es por las razones equivocadas. El presidente de México se convirtió en un títere más de los caprichos del capital norteamericano, una actitud doblegada que sus propios asesores laudan de diplomacia. Lo que los mexicanos en Estados Unidos vieron en el presidente no fue una actitud de cálculo y de sabiduría política, todo lo contrario. Al final, lo único que demuestran las palabras de AMLO es una profunda cobardía, una cobardía que pretende tender puentes con una administración norteamericana que es abiertamente racista, supremacista blanca, y que raya ya en el fascismo y en convertirse en un Estado policiaco.
Algunos dicen que este “no era el viaje para tratar los temas complicados”, sino para celebrar la firma de un tratado comercial que no es otra cosa que un refrito bastante inútil del anterior. Cabe destacar que no estoy de acuerdo con la oposición de ultraderecha en México. Es decir, no me parece que sus críticas sean las adecuadas para la visita de López Obrador a Washington. Lo que creo firmemente es que la decepción más grande de este gobierno (una decepción bastante lógica y esperada hay que agregar), es que el presidente y su administración siguen demostrando que de “izquierda” y de “progresistas” no tienen nada.
Venir a pararse frente a Trump y no decirle nada de forma pública sobre el muro, sobre los centros de detención, sobre la sobreexplotación de los trabajadores migrantes, sobre la destrucción del ecosistema fronterizo, sobre las inmensas violaciones a los derechos humanos de las y los ciudadanos mexicanos en este país, me da, por lo menos a mí, una profunda vergüenza. Eso es lo que me queda de su minúscula victoria simbólica lamebotas de los tres “vivas” en el Rose Garden de la Casa Blanca. Lo que me da el presidente de México es pura vergüenza.
En un momento en el que hay que estar del lado correcto de la historia, de decirle en la cara a los (pseudo) dictadores que hay aún, por lo menos, dignidad, López Obrador prefirió un falso sentido de seguridad.
Con Trump la seguridad es imposible. AMLO, a pesar de cualquier optimismo, representa una continuación de la misma política conservadora mexicana, una política que busca simplemente la permanencia y no el futuro.

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