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Crónica de un desastre anunciado

Bruno Ríos

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La profunda contradicción entre el discurso del poder y el discurso de la ciencia nos recuerda la obviedad de nuestro presente. Por lo menos para una inmensa mayoría de nosotras(os), queda claro que era obvio lo que nos iba a pasar. No es un problema exclusivo de Sonora, ni tampoco en mi caso, un problema exclusivo de Texas. Ahí está la obviedad: poner sobre todas las cosas los intereses económicos sobre la básica garantía de seguir vivos y de vivir bien.

A eso nos estamos enfrentando con una pandemia que no les pasó a los gobiernos en turno. Nos pasó a todas y todos, como si fuéramos el tiempo detenido.

Si Sonora está enfrentándose a un colapso de los servicios de salud sin precedentes, no tiene que ver sólo con el surgimiento del virus y su enfermedad. Hay que decirlo con todas las palabras que amerita: lo que vino a hacer esta enfermedad es sacar a la luz la historia completa del saqueo del poder. Es decir, en Sonora son culpables precisamente aquellos que siempre se han beneficiado a costa de los demás. El hecho de que no haya capacidad de respuesta ante un inmenso número de enfermos tiene que ver tanto con la pandemia como con la corrupción infinita de los servicios de salud.

Es verdaderamente vergonzoso que no haya medicinas, nunca. Es vergonzoso y criminal que no haya servicios para toda la población, garantizado. Es vergonzoso que la gente se muera en las salas de espera, en los pasillos, afuera de los hospitales. Es vergonzoso que nuestros(as) médicos y enfermeros(as) no tengan ni el sueldo ni el equipo suficientes. Es una pena que padezcamos de esta crisis en el estado de cosas en el que nos encontrábamos desde siempre mientras la clase política se compra su siguiente condominio en la ciudad en la que vivo.

En Houston también padecemos de una vergüenza muy honda, de un desastre que se vio venir. Acá, los hospitales son los mejores del planeta. El Texas Medical Center, un centro médico que es una ciudad pequeña en sí misma, da los mejores servicios médicos que cualquier país del planeta pudiera creer. Hoy, sus mil 330 camas de cuidados intensivos están llenas. Los hospitales de la región, lo mejor de lo mejor, están en conjunto al 97% de su capacidad. Vamos a tener que empezar, también, a morirnos en casa.

Aquí, con tan lindas y modernas instalaciones, lo que no hay es un acceso universal tampoco. Los servicios de salud públicos son prácticamente inexistentes y los seguros médicos privados son carísimos. Sólo el privilegio te da salud.

Al parecer la lección es también la misma: sólo el privilegio de unos asegura la enfermedad de la mayoría. Que sirva lo que nos sucedió en Texas como la lección más terrible para Sonora: no somos nuestros gobernantes. Acá, por pura desidia, jugando con las pseudociencias y la desinformación, aprovechándose de la polarización política y los buenos deseos, la economía intentó, como por arte de magia, volver a la normalidad. Y ahora, aquí estamos con una crisis de salud pública inimaginable, con todo el dinero del mundo y más de mil contagios nuevos al día (en el área metropolitana de Houston).

Seguimos sin entender, en todas partes, que las libertades individuales no justifican los riesgos comunales. Seguimos sin entender que la infinita estupidez de los antivacunas y los promotores del “bienestar” alternativo lo único que han hecho es hacernos dudar, de forma masiva y desinformada, de lo que podemos y no podemos hacer para el bien de todas y todos.

La única forma de salir de esto es considerar a los demás. No se trata de considerar al mundo entero como si fueran parte de nuestra familia, como si nos pudieran importar de la misma manera. Eso es imposible. Se trata de hacerlo al revés: consideremos a los nuestros como si fueran completos extraños, como si importaran lo mismo que quienes no conocemos en lo absoluto.

Sólo así, tal vez, podamos salir más numerosos de este desastre anunciado.

Acerca del autor

Bruno Ríos es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Houston. Escritor, académico y editor.

Correo Electrónico

brunorios@gmail.com

Twitter

@brunoriosmtz

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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