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viernes, septiembre 24, 2021

AMLO: ¿Se va o no?

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Desde un principio fue el propio presidente de la República en sus mañaneras el que abordó el tema de los golpes de estado en México.
No había razón ni motivo para tal señalamiento, por los millones de votos con los que ganó la elección, salvo las constantes descalificaciones a sus críticos, pero el presidente que tiene como referentes históricos a Madero, Juárez y Cárdenas, ha sacado sus propias conclusiones.
Seguido se menciona, por ejemplo, que los medios de comunicación están actuando como en los tiempos de Madero, una época por lo demás de gran libertad y de críticas al poder a través de la prensa, que dio rienda suelta a la crítica ya sin el peso de  la censura Porfirista.
Periodistas y caricaturistas de la época no tardaron en detectar que Madero como presidente, con todo y la Revolución que lo había llevado al poder, había dejado intacta la estructura de poder del porfirismo, incluido el mismo ejército federal, con militares estimulados por el embajador de los Estados Unidos de América Henry Lane Wilson, que se encargaron de darle golpe de Estado y asesinarlo.
Actualmente son otras las circunstancias y otro el lenguaje. En el pasado a los opositores se les llamó “emisarios del pasado”, “agentes del comunismo internacional”; “hijos de Maximiliano”, entre otros. Ahora se les moteja de “conservadores”, “fifís”, u “opositores al cambio”.
El debate sobre la remoción del presidente de la República es ocioso y que —con todo respeto a los que piensan lo contrario—, salvo la posición  del Presidente en las encuestas, no llevará a ningún lado, más que a la polarización política que cada día se agudiza más. .
¿Cuánto se ha tardado México en consolidar las instituciones jurídicas y políticas para procesar los conflictos y los relevos del poder, en paz y sin violencias que tanto alteraron la vida de México la mayor parte del siglo XIX y las primeras tres décadas del siglo XX?
Esas instituciones son las que ahora están en riesgo y no se observa un buen panorama para ellas de aquí a finales del sexenio.
Y para los que se asustan, no es la primera vez en los últimos 40 años que en México se pide la salida —o el juicio—del presidente de la República.
Ya con el aterrizaje de la pluralidad, el primer presidente impugnado por las oposiciones fue Carlos Salinas de Gortari, dados los resultados de la elección de 1988 que lo llevó a la Presidencia.
Salinas tuvo olfato político y realizó importantes reformas para modernizar el sistema político y dar cabida a planteamientos opositores; en su gobierno de crearon importantes instituciones como el IFE y la CNDH, se abrió la economía a través del TLCAN y se reformaron artículos Constitucionales controvertidos como el 27 y el 130. La tragedia sexenal explotó el primero de enero de 1994 con el levantamiento Chiapaneco.
Con la crisis económica y política de 1995 los dirigentes de la oposición de las izquierdas empezaron a demandar la remoción del Presidente Ernesto Zedillo. Aprovecharon la crisis económica y política, y con un presidente en pugna con su antecesor inmediato. Eran Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador los que en las calles —y con un PRD renovado— manifestaban la necesidad de sacar a Ernesto Zedillo de la Presidencia “por ser un inepto y no saber gobernar” (sic). Así lo dijeron.
Demandaban la formación de  un “Gobierno de salvación”, que pudiera sacar al país de la profunda crisis que vivía.
No les bastó que en la elección de 1994 hubiera participado el 77.11% de los electores inscritos y que Zedillo ganara la Presidencia con 17.1 millones de votos sobre Diego Fernández de Cevallos, que sacó 9.1, y Cárdenas en tercer lugar con 5.8 millones.
Vicente Fox hizo un gobierno muy relajado, cediendo en todo con todos y no tuvo una oposición consistente. Negoció posiciones en el gabinete y no fijó prioridades. Su oferta del cambio le duró hasta la primera mitad de su gobierno. Dice Felipe Calderón en su nuevo libro: “Todo el capital político del triunfo electoral del 2000 fue invertido en el tema de los zapatistas” (p.116). Sus problemas hicieron crisis a finales del sexenio.
A Felipe Calderón lo combatieron durante todo su sexenio las izquierdas y —y desde antes—el mismo presidente Fox. Dice Calderón: “Mis diferencias con Fox comenzaron a aflorar al sufrir el desprecio que él y algunos secretarios de su gabinete sentían por el Congreso” (p.115). Y; “Era evidente el esfuerzo de Vicente Fox por promover a su favorito, el secretario de Gobernación Santiago Creel Miranda. Todo el aparato estatal funcionaba a su favor” (p.124).
Y ya como presidente electo y con las movilizaciones en su contra reconoce: “Tomar posesión dentro del recinto era una cuestión esencial. Si no rendía protesta ahí exactamente, el Congreso podría nombrar un presidente interino, consumando con ello el golpe constitucional que estaba fraguando López Obrador” (p. 237).
AMLO tuvo la oportunidad de ganar la elección del 2006, pero lo hundieron sus errores tácticos y los excesos de confianza como candidato de la Coalición por el Bien de Todos. Rechazó en campaña los apoyos que le ofrecieron Elba Esther Gordillo y Patricia Mercado, candidata en ese momento del PASC, que rebasó el millón de votos.
A Calderón lo acusaron de ilegítimo durante la primera parte de su gobierno. En 2011 el entonces diputado federal del PT Porfirio Muñoz Ledo afirmó que su bancada en la Cámara de Diputados solicitaría juicio político contra el presidente Felipe Calderón. Lo acusaba de “traición a la Patria”, por el famoso escándalo de las filtraciones de Wikileaks, que involucraban al ejército mexicano, y por haber permitido que aviones de guerra norteamericanos volaran en el territorio nacional.
Con Enrique Peña Nieto, las oposiciones vivieron una buena relación los primeros dos años a través del Pacto por México, que le permitieron realizar varias reformas estructurales como la educativa, la energética, la laboral y la política. Ahí se da la ruptura en el PRD con López Obrador y surge el proyecto de un nuevo partido (Morena) en 2014.
La relación con el gobierno se complicó con los problemas de los normalistas de Ayotzinapa, lo relativo a la Casa Blanca y los problemas de corrupción: El PRI perdió varios gobiernos estatales, pero no se pidió la salida de Peña Nieto del gobierno.
Por las experiencias de los relevos de los presidentes; Madero (golpe de Estado), Carranza (asesinato y golpe de Estado), Obregón (asesinato) y Ortiz Rubio (renuncia), los reformadores de la Constitución se preocuparon  por cerrarle el paso a la reelección presidencial y dejaron vacíos riesgosos sobre la forma de sustituir al presidente de la República en su ausencia —desde el primer minuto—,definitiva o absoluta, que no se presentó en México de 1932 en adelante, lo que al fin se pudo remediar con la reforma Constitucional del 2014 que quedó de la siguiente manera:
Artículo 84: “En caso de falta absoluta del Presidente de la República, en tanto el Congreso nombra al Presidente Interino o substituto, lo que deberá ocurrir en un término no mayor a sesenta días, el Secretario de Gobernación asumirá provisionalmente la titularidad del Poder ejecutivo.”
Artículo 86: “ El cargo de presidente de la República solo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión ante el que se presentará la renuncia”.
En relación al presidente de la República y los gobernadores de los estados, en el actual gobierno se promovió la reforma para instaurar en México la figura de “revocación de mandato”.
Fue rechazada la propuesta presidencial de que la consulta para la revocación se celebrara en 2021 y será hasta el 2022.
En los últimos 20 años,México ha experimentado alternancias del poder en paz y sin violencia, gracias a las instituciones que han resistido.
¿Para qué entonces, estimular la teoría de la conspiración o del golpe de Estado, mientras en México existan instituciones que puedan procesar el conflicto?. Crearlas y consolidarlas ha costado sangre, sudor y lágrimas.Debitarlas y tratar de borrarlas del mapa político—como trata de hacerlo ahora los de la llamada 4T, provocaría una regresión de altos costos e incalculables daños. El horno no está para bollos.
Mientras y de cara al 2021, las oposiciones tienen el reto de ganarle a Morena y al  presidente una buena cantidad de las 15 gubernaturas en disputa y la mayoría en la Cámara de Diputados el próximo año. Ese es el camino porque interrumpir abruptamente el ejercicio de un gobierno, a México le ha resultado siempre muy costoso. Ahí está la historia… y lo peor…la obsesiva intención de repetirla.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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