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miércoles, junio 16, 2021

Entre el caos, algo de luz

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Desde la Polis

Estamos atestiguando -en medio de un momento crítico para la salud pública- una franca batalla entre dos bandos que disputan el control del país: un gobierno y una clase económicamente dominante que se siente excluida. La hegemonía previa consistía en una clase potentada (que se consolidó a principios de los noventas) haciendo mancuerna con los gobiernos en turno, fueran del PAN o del PRI. Muchos se han quedado con el chip del pasado, pues al pensar en hegemonía, ubican al partido único que controlaba los espacios políticos… pero esto es sólo una verdad incompleta. Los últimos 30 años tuvimos una “neohegemonía silenciosa” en la cual el poder político y el económico (ojo: el de Polanco y el de Badiraguato) danzaron con una sincronía envidiada por los más consagrados bailarines del Bolshoi. Esta administración, que salió muy buena para prometer cosas (habrá que ver si tienen el talento para llevar -con seriedad y eficiencia- a la realidad sus planteamientos), dijo que rompería esa dualidad, que un día comenzó siendo controlada por los políticos y al final terminó siendo dominada por los del dinero.

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Las conferencias mañaneras son el programa matutino de variedad del presidente. Hay de todo, desde información útil hasta comedia amateur. Estos ejercicios están mayoritariamente controlados por la vocería presidencial, en cuanto a temas y a participantes (por eso, siempre se ve en primera fila al mismo pintoresco elenco de “periodistas” que adulan al presidente). Afortunadamente, a veces se rompe ese guión y el presidente se ve forzado a tener que atender preguntas serias. Por lo tanto, no estando en un escenario controlado, a veces él dice más de lo que quisiera. En alguna ocasión declaró que “él tenía que saludar de mano a pillos que llegaban a Palacio Nacional, tenía que darles audiencia, porque al ser presidente no podía ignorar a los poderes fácticos”. Se salió de su propio guión, y sin querer, mostró que sigue pensando en la mafia en el poder (que ojo, es completamente real) y estoy seguro que sus miembros, aun cuando se fotografían sonrientes con el presidente, de igual manera ven en él a un enemigo y harían todo por ver su caída.

Son dos visiones de país. Una, maquillada por el oropel, se dice moderna aunque jamás ha enarbolado, ni patrocinado medidas que abonen a un progreso real frente el sector más vulnerable del país (que es lo que impide que avancemos determinantemente). Su objetivo no es muy oculto: debe protegerse el modelo que les ha funcionado sólo a la élite. Me conmueve ver a gente trabajadora, hombres de empresa bien intencionados, que quizá por un factor emocional/aspiracional, se sienten identificados con esta élite y sus postulados, sin saber que ellos son insignificantes para dicho grupo de poder. La otra visión del país postula premisas como la regeneración nacional, la pacificación, la modernidad energética, el progreso de los más necesitados… pero tiene, al frente de esas titánicas tareas, a equipos humanos ampliamente superados por sus retos, que llevan año y medio trastabillándose, dándose tiros en el pie y regalándole argumentos a sus adversarios. La narrativa de la “4T” es correcta… pero sabemos que los discursos, cuando no se acompañan de hechos, se quedan en demagogia. Y múltiples veces lo he dicho: ahora que ha llegado al poder una opción con el discurso certero, en caso de seguir en la ruta atropellada, nuestra sociedad -con una conciencia política en subdesarrollo- sí podrá correr a los brazos de una opción fascista y clasista, para el 2024.

En medio de esta batalla, y de los problemas que nos atormentan, aparece una muy positiva medida: la Ley de Amnistía publicada el miércoles. Históricamente hemos tenido un sistema de procuración de justicia que en la práctica se ha dedicado a abonar a la impunidad y a castigar sólo a los más insignificantes y débiles. Las cárceles están llenas de inocentes, son un infierno donde quien entró sin serlo, sale siendo un delincuente. Se cumple una valiosa propuesta de campaña: urgía purgar al purgatorio y este paso nos acerca a los hechos que promete esa visión de regeneración. Esta legislación nacional inexcusablemente debe ser acompañada por las leyes estatales de amnistía que deben publicarse pronto, pues los delitos del fuero común (principalmente el robo simple) son por los que miles de personas están hoy encarceladas. Así como es real el neochayote en este gobierno, también lo es el tsunami de campañas de desinformación de sus mañosos adversarios: con la amnistía no van a salir violadores, ni narcos, ni secuestradores, ni feminicidas, ni quienes se metieron a robar a casas, ni políticos corruptos (¡el problema es encerrarlos!)… es más, no va a salir quien haya cometido un delito armado o con violencia, mucho menos si agredió a alguien. Por eso jamás expirará la novela de Víctor Hugo: dibuja a la perfección la realidad de los miserables. Urgía hacer algo por los nuestros, que están tras las rejas por una falla en el debido proceso, por falta de defensa adecuada, por no poder cubrir una mínima fianza… por delinquir como respuesta a estar sumergidos en un sistema socioeconómico que jamás les va a permitir emanciparse. Espero que el Gobierno de Sonora así como nuestros flamantes diputados locales se pongan a trabajar en este asunto y adecuen el aparato legal para comenzar, también, a hacer justicia.

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