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martes, junio 15, 2021

Maquillaje en tiempos del virus

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“La persona humana y civilizada pide las cosas por favor, el terrorista las exige por pavor” (Fernando Savater)

Ya ve usted cómo son las cosas, la ley de gravedad funciona ineludiblemente y lo que ha de caer, cae. De pronto, nos encontramos con la escandalosa noticia de que la tarifa eléctrica va a subir y, desde luego, volteamos al cielo y decimos “Señor, por qué nos has castigado con este gobierno”, aunque después de buscar la confirmación de tan grosero golpe, nos encontramos con que la noticia era falsa y forma parte de la batalla tanto judicial (porque se han promovido amparos y denuncias) como en medios de comunicación y redes sociales que el borolismo y el empresariado gandaya y parasitario libra contra la 4T.

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Lo anterior permite traer a colación el escandaloso caso del hospital de IMSS de Tijuana, donde “no había materiales de protección personal” para los trabajadores de salud que laboran a brazo partido contra el microbio de moda, que pronto se descubrió que era noticia falsa dado que los que tienen contacto directo con los paciente contagiados cuentan con lo necesario; es decir, que el personal de salud tiene a la mano los recursos que requiere para el desempeño de sus funciones.

Al coro anti-AMLO de televisos, faranduleros y espantajos mediáticos se suman a su manera gobernadores como Bonilla, Alfaro y Aureoles, sea en un tono retador o simplemente desproporcionado y mentiroso, así como los infaltables grandes empresarios que evaden impuestos milmillonarios que ahora se resisten a pagar y además piden apoyos “para pagar la nómina de sus trabajadores”.

Las noticias falsas y las medias verdades acosan al ciudadano con mayor ferocidad que el microbio de moda, mismo que ha servido de plataforma de protagonismos políticos y sainetes mediáticos, quizá como una forma de maquillar lo endeble que es el sustento popular de algunos funcionarios de elección que ahora gobiernan gracias al Twitter y los videos.

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Sin embargo, hay otras noticias donde el protagonista principal es el ciudadano: así tenemos que un juez federal concedió amparo a quejosos de las multas que están siendo aplicadas en Sonora aprovechando la histeria de la cuarentena y evidenciando qué tan discrecional puede ser la aplicación de las normas y qué tan fácil es burlar las garantías individuales consagradas en la Constitución y, por otro lado, la acción legal de los deportistas que se oponen a la venta del terreno conocido como El Cárcamo.

A propósito de lo anterior, se echa de menos la voz del Congreso del Estado, que debiera estar preocupado por la forma cómo se tuerce el cuello de la legalidad son pretexto de una emergencia sanitaria, siendo que es totalmente distinta de una emergencia nacional.

En este contexto, tenemos que se toman medidas “de salud” que no pasan de ocurrencias sin fundamento, como la restricción forzada de la movilidad y el uso indiscriminado de cubrebocas, así como, de manera solapada, la puesta en duda del panorama general que diariamente expone la Secretaría de Salud federal y que son producto de los reportes de las secretarías de salud de los estados, junto con recomendaciones y advertencias de expertos, ahora dirigidas a los estados y municipios.

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Algunos creen que el coronavirus flota en el aire en espera de que usted respire para atacar, ignorando las explicaciones del porqué de la sana distancia de un metro y medio y toser o estornudar con las debidas precauciones puede servir como medida para evitar contagios o, al menos, disminuir la propagación de la epidemia; es decir, el coronavirus se transmite al contacto con boca, nariz y ojos de los fluidos que usted arroja al toser o estornudar, de manera que si conserva la distancia no hay manera de que se enferme. Por la razón anterior, sólo las personas con síntomas de la enfermedad deben usar cubrebocas (y aislarse), así como los que atienden enfermos o trabajan en labores de atención al público.

Aunado a la ridícula tarea de alarmar a la población mediante patrullajes propios de película de la segunda guerra mundial, con sirena para ataques antiaéreos y demás, se observa el abuso de parte de quienes tienen el deber de proteger y servir a la población, razón por la cual queda cada vez más claro que las aptitudes de comunicación, de cercanía y convencimiento que permiten la colaboración de la ciudadanía, están ausentes.

Se ha cedido el paso al autoritarismo más pedestre, a la idea de que la gente de a pie es imbécil, que “no hace caso”, que es necesaria la dureza y castigo porque “no entienden”, olvidando el respeto a la dignidad humana, a la conservación de áreas verdes y del patrimonio público (La Sauceda, El Cárcamo, y el Vaso de la Presa A.L. Rodríguez, entre otros), así como los derechos civiles, suponiendo que están bien en los discursos, pero que en la realidad las cosas son diferentes y con frecuencia se escriben con signos de pesos o dólares.

¿Qué caso tiene recomendar la distancia si el servicio de transporte limita las unidades en circulación, provocando la molestia de los usuarios y aumentando el riesgo de contagios? ¿Si una pareja va en un carro particular cometen un delito, siendo que viven y duermen juntos? ¿Un automovilista que viaja solo y que no tiene ningún síntoma de enfermedad debiera usar cubrebocas?

¿En qué cabeza cabe tener a los usuarios de los servicios bancarios y comerciales haciendo fila por fuera del establecimiento, a la intemperie y hechos bola, siendo que en el interior de un banco, por ejemplo, pueden colocarse a buena distancia fácilmente 20 personas? Asimismo, ¿por qué se ve con desconfianza y se discrimina cuando no se agrede a los trabajadores de la salud?

Ante este ridículo panorama alarmista y desinformativo, se impone la seriedad y la comunicación responsable e informada por parte de las autoridades locales hacia los ciudadanos, respetando en todo momento las garantías y los derechos que las leyes les reconocen. La gente no es tonta sino que está mal informada y tiene miedo.

No estamos para circos como el de la suspensión de garantías y restricción de derechos mediante un toque de queda disfrazado de medidas preventivas en materia de salud. Así no se va a poder aprovechar la emergencia para educar a la gente, para fortalecer el espíritu de unidad y colaboración que ha caracterizado a nuestro pueblo en casos de desastre.

La emergencia sanitaria tiene reglas claras de cómo debemos comportarnos, y se espera del gobierno local una actitud más sensata y sin maquillaje, sin autoritarismo de opereta, menos de pose para la cámara, menos declaraciones encaminadas al lucimiento personal de cara al siguiente año electoral y menos dardos envenenados contra el gobierno federal.

Las condiciones actuales exigen no sólo solidaridad, participación informada y ejercicio honesto del gobierno. Se requiere también un alto sentido del deber y un trabajo continuo en favor de la unidad nacional, porque los estados no son una isla en medio del federalismo sino partes vivas y fundamentales del mismo. Seamos consecuentes.

http://jdarredondo.blogspot.com 

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