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sábado, marzo 6, 2021

El Adversario, de Emmanuel Carrère

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Estimado lector, este escrito es una reseña que contiene spoilers sobre “El Adversario” de Emmanuel Carrère, novela sin ficción y versión francesa de “A sangre fría” de Truman Capote. Publicada el 31 de enero del 2000, relata los hechos sucedidos el 9 de enero de 1993 en Prévessin, comunidad francesa más cercana a Ginebra, Suiza, que a París.
Los hechos que aquí narraré dieron origen al libro que cuenta la historia de Jean-Claude Romand, un ciudadano francés que estudió medicina pero jamás logró graduarse.
Eso no fue obstáculo para que desde los 18 años le hiciera creer exitosamente, y sin la necesidad de extenderle nunca una receta a su familia y otros seres cercanos, que era un médico y prestigioso investigador de la Organización Mundial de la Salud, hasta que un día su entorno estaba a punto de descubrir la mentira y él pensó que no podía hacerles aquello, no podía decepcionarlos.
Entonces mató primero a su esposa, le destrozó el cráneo con un martillo o un bat. Luego le siguieron su hijo, de 5 años, e hija; ambos recibieron un balazo en la cabeza. Después se dirigió a casa de sus padres, los saludó, convivió unos momentos con ellos y mientras veían la televisión desde el sofá que estaba frente a la misma, aprovechó para tomar una escopeta y disparar contra el cráneo de su padre y el pecho de su madre.
Cómo logró mantener a su familia, hacerse de una casa, pagar escuelas, tener un auto, tomar vacaciones familiares, desde el momento en el que supuestamente se recibe como médico hasta que comete la serie de delitos señalados, es una de las dos tramas que nos explica el libro. La otra es cómo un solo individuo con el arma de la mentira y el engaño puede cimbrar el tejido social.
La mentira “había crecido en el interior de Jean-Claude, poco a poco lo había devorado todo desde dentro sin que desde fuera se viese nada, y ahora no quedaba nada más que hacer, no quedaba más que la ponzoña que iba a reventar la cáscara y mostrarse a plena luz. Iban a encontrarse desnudos, indefensos, en el frío y el horror, y en eso consistiría la única realidad” (p. 118).
Si usted no ha quedado lo suficientemente estupefacto, aún hay más. Una vez que asesinó a sus padres, Romand regresa a su casa y trae consigo unos bidones con gasolina que utiliza para rociar el inmueble y prenderle fuego con él dentro, pero antes de esperar a morir calcinado decide pegarse un tiro.
Así es como inicia la narración. Una pequeña comunidad francesa amanece consternada con la noticia de que una familia entera fallece debido a que la casa se incendió. La esposa y los hijos fueron encontrados muertos, el padre de familia alcanza a ser rescatado y lo internan en un hospital, aunque tiene bajas probabilidades de sobrevivir.
A medida que transcurren las páginas, poco a poco vamos descubriendo el engorroso entramado en el que la policía descubre que la familia había muerto por acción humana y no por un accidente fortuito. Comienza la búsqueda de los registros del único sobreviviente y resulta que no existen papeles sobre él en la OMS, así como tampoco en algún hospital de Francia. Tampoco existe su título en la Universidad donde supuestamente estudió.
El comatoso logra despertar y el país está a la expectativa. Poco a poco todo comienza a indicar que el asesino es ese ser abominable por el cual en algún momento llegamos a sentir empatía al pensar que era una víctima.
“Sabía desde el principio que la conclusión lógica de su historia era el suicidio. Lo había pensado muchas veces sin reunir nunca el valor de dar el paso y, en cierto modo, la certeza de que se suicidaría un día le dispensaba de hacerlo. Se había pasado la vida a la espera de ese día que no podría aplazar. Tenía que haber llegado ya cien veces, y cien veces un milagro, o el azar, le había brindado una escapatoria. Sin dudar del desenlace, tenía curiosidad por saber hasta dónde lo pospondría el destino” (p. 104).
Hasta aquí pareciera que le he dicho todo de esta magnífica novela, pero no es así. Lo importante es el perfil que Carrère logra retratar sobre cómo era Jean-Claude Romand, del cual su mejor amigo declara frente al juez, “parece una idiotez decirlo, pero ¿sabe?, era un hombre profundamente amable. No cambia en nada lo que ha hecho, lo hace todavía más terrible, pero era amable” (p. 145).
Este tipo de relatos son los que verdaderamente nos permiten adentrarnos en los mecanismos de la condición humana, del carácter y el perfil psicológico del “individuo”, nos dejan con mayores dudas, ¿en realidad podemos definirle un sentido objetivo a nuestros actos? ¿cuáles son los Términos y Condiciones del “ser humano”?
Dentro de mis lecturas pendientes, tengo “El Reino” de Carrère, y si gusta conocer su prosa de manera rápida y breve, le recomiendo un perfil que realizó sobre el presidente francés Emmanuel Macron, titulado “Mi semana con Macron”.

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